Michel Foucault, un nuevo cartógrafo

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Por Iñaki Urdanibia

Si el autor de Vigilar y castigar afirmase que un día el siglo sería deleuziano, expresando tal vez más un deseo que una seria profecía ( si es que alguna lo es), lo que sí que es cierto, lo dejaremos ahí, es que la sombra de Gilles Deleuze es alargada, al menos en ciertas esferas de la cultura y el pensamiento, la suya, la de Foucault , sí que no es menor en algunos terrenos: por ejemplo en el político. Precisamente la calificación con la que titulo este artículo es debida a Deleuze, calificación a la que podría añadirse diferentes oficios o actitudes que también le son propias: arqueólogo, genealogista, topólogo…y si hacemos caso a sus propias definiciones podríamos sumar más: « soy un artificiero. Fabrico algo que sirve, en definitiva, para un cerco, una guerra, o una destrucción. No estoy a favor de la destrucción, sino de que se pueda seguir adelante y avanzar, de que los muros se puedan derribar. Un artificiero es en primer lugar un geólogo, alguien que mira con atención los estratos del terreno, los pliegues y las fallas…»…a lo que puede seguir un armero que defina los objetivos y las armas adecuadas; así pues, mil oficios y labores destinados a suministrar una caja de herramientas de cara a saber cómo hemos llegado aquí ( a la modernidad), cuáles son los límites y los objetivos de modo que se puedan abrir posibilidades de resistencia, adecuándolas al tipo de dominación en presencia.

De estos aspectos, y muchos más, habla con rigor y tino una obra del profesor argentino Luis Félix Blengino: « El pensamiento político de Michel Foucault. Cartografía histórica del poder y diagnóstico del presente » ( Guillermo Escobar editor, 2018), en donde, como indica el explícito título, se analiza con detalle la ontología del nosotros mismos que fue elaborando el paciente pensador de Poitier, centrándose en la relación de su pensamiento con la política.

Ciertamente el seguimiento que del pensamiento del pensador de Poitier se lleva a cabo es puntilloso donde los haya, recurriendo a extensas, y frecuentes, citas de él mismo, lo que hace que la interpretación sea fiel y rigurosa en lo que hace a la letra y al mismo espíritu de la genealogía foucaultiana que no se queda en el rastreo de las diferentes fases atravesadas por Occidente sino que se amplía la tarea a subrayar una apuesta por un mundo otro y la posición basada, y complementaria, de una vida otra.

En este mundo de combate que es el escenario filosófico ( ya hablaba de ello Kant y practicaba Platón quien erigió su filosofía en lucha permanente contra los sofistas como dijese Alain Badiou), Michel Foucault amplía el terreno a la esfera ético-política. En este orden de cosas si la concepción del poder en términos de guerra ( hipótesis Nietzsche)está presente en las ideas de Foucault, tras la aparición del concepto de gubernamentalidad, hubo algunas voces que vieron una ruptura en su concepción; pues bien, tanto en este como en otros asuntos el autor de este ensayo interpreta estos desplazamientos no como excluyentes sino que se van superponiendo los unos a los otros, lo que queda subrayado de tal modo es que Foucault con sus nuevos pasos no abandonaba los anteriores sino que los sumaba [ ha solido darse , no pocas veces, una periodización tajante en la obra foucaultiana- arqueología, genealogía, procesos de subjetivización / tecnologías del yo, como si fuesen nítidamente distinguibles, cuestión que el mismo pensador, bajo la firma de Maurice Florence en el diccionario de Dennis Huisman, negó , aclarando de manera pormenorizada el proyecto común que guiaba todas estas fases: elaborar una ficción de la constitución del nosotros mismos, ¿ cuáles han sido los pasos que nos han llevado hasta aquí, a la modernidad?], ampliando el foco. El recorrido, expresado por Foucault no solo por la cartografía bélica/gubernamental sino también por una topología epocal, es balizado por Blengino que subraya la importancia de señalar la interrelación entre aspectos heterogéneos , deteniéndose en los diferentes rostros del pensador: « cartógrafo, creador de ficciones históricas, cirujano[ heredero de su padre, como Sócrates lo fue del oficio de su madre], periodista radical»( lo expresado en los corchetes son míos).

Pues bien, en nueve densos capítulo y una conclusión, el libro muestra las diferentes rejillas ( el ensayista usa el galicismo grillas)de inteligibilidad empleadas por Foucault: la bélico-gubernamental que presenta el gobierno como continuación de la guerra por otros medios, que es completada por la grilla epocal-topológica y la lógica de las correlaciones y sistemas de dominantes, deteniéndose en los diferentes momentos que han supuestos los escalones para llegar al neoliberalismo en escena: el cartesiano en el campo de la modernidad filosófica, el hobbesiano en el campo de la modernidad jurídica , el antimaquiavélico en el campo de la modernidad gubernamental y el fisiocrático en el terreno de la modernidad biológica; tras analizar tales umbrales comienza una travesía con un avezado guía que nos exige esfuerzo que bien merece la pena, que nos lleva desde la nacimiento de la gubernamentalidad política moderna, a su expresión liberal , neoliberal y su radicalización que convierte a los ciudadanos en verdaderos empresarios de sí mismos ( convertidos en auténticos homo economicus, en competición con los demás y consigo mismos), completando el recorrido con los últimos capítulos en los que se enfocan cuestiones directamente ligadas con la práctica y las posturas relacionadas con la crítica y la resistencia. En la conclusión se resumen algunos aspectos ya visitados a lo largo de la obra, en los que se alerta acerca de ciertas desviaciones interpretativas, dentro del campo de la resistencia, como son la perspectiva fóbica del Estado o el riesgo que acecha al modelo posestructuralista que se sustenta en la diferencia ontológica; y el énfasis puesto en ciertas clarificaciones acerca del poder, de la resistencia , las artes de gobernar heterogéneas ( soberanía- disciplina-gobierno…), y subrayando la importancia dada por Foucault, en especial en sus últimos escritos y curso- por la pharresía y la intempestividad de los filósofos cínicos; ya en la página 254 puede leerse: « la figura del filósofo cínico es la ocasión para volver a problematizar aquellas relaciones[ se refiere a las luchas en torno a las formas de individuación, las luchas contra la imposición de un gobierno por el mercado y un democracia radicalmente económica y las luchas contra la producción occidental…] a través de la indagación de los vínculos que el cinismo permite establecer entre una práctica de resistencia que está ligada a la veridicción , al conflicto y a la guerra, así como a la cuestión del cuidado de uno mismo y de los otros; pero, también, como una práctica que se juega en el entrecruce de una conducta de la resistencia y una práctica espiritual vinculada a la denuncia y la liberación, a través de la búsqueda de “ una vida-otra para un mundo-otro”» . [ Con respecto a este asunto, y por automática asociación de ideas, me viene a la mente la calificación que Foucault recibiese por parte del ordenancista Jürgen Habermas: observador cínico de la sociedad ; ante lo que me permito recomendar reparar en la distinción que estableciese Peter Sloterdijk en su ejemplar Crítica de la razón cínica entre quinismo para referirse a los seguidores griegos de Diógenes de Sínope y los cínicos, para quienes en la actualidad miraban con ojo distante y despectivo los problemas de la sociedad…de la flagrante necedad de calificar ciertos comportamientos acumulativos con la etiqueta de síndrrome de Diógenes…hoy no toca, además de que siempre es recomendable evitar ciertas reacciones herpéticas] .

Imposible dar cuenta pormenorizada de la travesía que se expone en este ejemplar y recomendable libro , que es una análisis riguroso y certero del quehacer foucaultiano – lo cual ya es, por supuesto, un indudable valor- elaborado con una claridad y distinción ( por emplear los términos cartesianos) encomiables, a lo que me atrever a añadir otros valores no desdeñables: 1) las distinciones que va estableciendo el autor para evitar algunas confusiones frecuentes en las interpretaciones de la terminología foucaultiana ( pueblo-como concepto relacionado represenatno al sujeto de liberación- / población – concepto relacionado con la demografía y al control-…la política/ lo político…); 2) el hilo permanente que mantiene Blengino con los hechos de actualidad y el debate que mantiene con algunos de los intérpretes y críticos de Foucault, y las relaciones que pone en juego entre el pensador estudiado y otros pensadores clásicos y coetáneos suyos ; en este terreno me parece digna de aplauso su incursión en el asunto iraní– que bien merece capítulo aparte- que sirvió para no pocos como pretexto para descalificar la obra foucaultiana, y a otro para considerar su crónicas periodísticas como desafortunados deslices y absolutamente ajenas a su trayectoria filosófica. Blengino, a mi modo de ver, resulta plenamente convincente al señalar aquellos aspectos en los reportajes de los que hablamos ( la esperanza de que la posible liberación vendría de lugares ajenos a occidente ; el entusiasmo y unidad que el movimiento del pueblo iraní mostraba con respecto derrocar al sha de Persia, quien era un mero representante de los valores occidentales de EEUU y otros países capitalistas; la unidad que dejaba ver unos valores que iban más allá de la mera materialidad del tener, etc., etc., etc.), aspectos – que indudablemente he simplificado, y sabido es que simplificar es mentir en cierta medida- que Blengino incluye en la travesía foucaultiana a su vez incluida en las posibles esperanzas de una época.

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