Publicado en: 19 febrero, 2018

Michel Foucault encore

Por Iñaki Urdanibia

Se publica un texto inédito del pensador de Poitier que completa su Historia de la sexualidad

Por Iñaki Urdanibia

« En realidad fue siempre mi problema […]: he buscado saber cómo el sujeto humano entraba en los juegos de verdad, ya sean juegos de verdad que tienen la forma de una ciencia o que se refieren a un modelo científico, o de juegos de verdad como los que se pueden encontrar en las instituciones o en prácticas de control »

El pensador francés era un intelectual difícilmente clasificable, ya que su quehacer se desplazaba por diferentes campos del saber: así, considerado filósofo, él se negaba a plegarse a tal calificación, sus obras por otra parte se movían muy en especial por el campo de la historia, a lo que venía a añadirse, en el conjunto de dificultades de definición, sus propias definiciones de sus investigaciones como arqueología, genealogía, etc. Ese penser autrement que reivindicaba se plasmaba en un intento por delimitar las relaciones de los sujetos con la verdad…Decía en este orden de cosas, Frédéric Gros que podría decirse que la tarea de Foucault era la elaboración de una historia de la verdad. Pensamiento realmente singular, « un trabajo de modificación de su propio pensamiento y del de los otros », que cada vez que se materializaba en una nueva entrega descolocaba a los lectores. Podría decirse que se cumplía aquello que el propio pensador dijese en su Arqueología del saber : « no estoy allá donde esperáis encontrarme, sino aquí desde donde os miro riendo ».

Sea como sea en sus últimos tiempos Foucault ( muy en especial en el artículo “Michel Foucault” del Dictionnaire de Huisman, escrito por un tal Maurice Florence – el mismo Foucault – ) daba un hilo conductor a la totalidad de su trayectoria al indicar el tinte ontológico de su obra: « Ontología histórica de nosotros mismos en relación a la verdad que nos constituye como sujetos de conocimiento ( Histoire de la folie, Naissance de la clinique, Les mots et les choses). – Ontología histórica de nosotros mismos en las relaciones de poder que nos constituyen como sujetos actuando sobre los demás ( Histoire de la folie, Surveiller et punir). – Ontología histórica de nosotros mismos en la relación ética por medio de la cual nos constituimos como sujetos de acción moral ( Histoire de la sexualité)».

Hubo quienes se apresuraron a subrayar en los últimos escritos del autor de Vigilar y castigar, un rétour su sujet, como dando a entender que de este modo el pensador renunciaba , o se desdecía, de sus presupuestos iniciales. Tan conspicuos críticos obviaban lo fundamental: la reflexión del hombre como un animal de verdad, mas desplazando su concepción del sujeto de la que había sido propuesta desde Platón hasta Kant, pasando por Spinoza; su visión evitaba el sustancialismo del sujeto como un núcleo originario e interior, para privilegiar el sentido relacional y exterior, sin verdades eternas, ni conocimientos de una vez por todas, sino describiendo históricamente los procedimientos por medios de los cuales los discursos de verdad transforman, alienan, informan los sujetos y el modo en que las subjetividades se construyen, se trabajan a partir de un decir verdad.

Historia de la sexualidad

En la cita anteriormente transcrita – en la que el propio pensador ordena la continuidad de su obra- se nombraba en último lugar su trabajo centrado en la sexualidad, mas entendida la empresa dentro de una historia de la subjetividad ( o de los procesos de subjetivización), « se trata en esta historia de la sexualidad de constituir un tercer aspecto: viene a añadirse a los análisis de relaciones entre sujetos y verdad, o, para ser más preciso, al estudio de los modos según los cuales el sujeto ha podido ser integrado como objeto en los juegos de verdad…se trata de analizar la “sexualidad” como un modo de experiencia históricamente singular en el que el sujeto es objetivado para el mismo y para los otros , a través de algunos procedimientos precisos de “gobierno” ». Como el mismo Foucault repitiese una y otra vez, más que el sexo lo que le interesaba eran las tecnologías del yo ( o como formatear sujetos obedientes, sumisos y ordenados ), y otros temas adjuntos como la parrêsía de los griegos ( el coraje de decir verdad a pesar de las posibles consecuencias), y el paso del conócete a ti mismo (gnôthi seauton ) al cuídate a ti mismo ( epimeleia heautou ) , en una vena que podría calificarse de estética de la existencia . Así valoraba Gilles Deleuze el primer paso foucaultiano: « La voluntad de saber da un nuevo paso en relación a Vigilar y castigar. El punto de vista queda exactamente igual: ni represión ni ideología. Pero, para ir más rápido, los dispositivos de poder no se contentan con ser normalizantes; ellos tienden a ser constituyentes ( de la sexualidad)). No se contentan con formar saberes; son constitutivos de verdad ( verdad de poder). No se refieren más a “categorías”, a pesar de todo negativas, sino a una categoría llamada positiva ( sexualidad )» ( Deseo y placer ).

De todos modos si la frase de la Arqueología del saber antes nombrada adquiere sentido pleno es ningún caso mejor que en esta Historia y la historia de su publicación.

En 1976, se publica La volonté de savoir, primera entrega de la que se anuncia como historia de la sexualidad. En él se anunciaba que su continuación iba a plasmarse en cinco estudios que iban a centrarse en la carne, los niños, las mujeres, los perversos, la población y las razas [ más exactamente éste era el plan: 2/ La carne y el cuerpo, 3/ La cruzada de los niños, 4/ La mujer, la madre, la histérica, 5/ los perversos y 6/ Población y razas]; en esta primera entrega aclaraba su propósito al tiempo que subrayaba los puntos de unión que se daban entre la scientia sexualis y el ars erotica, que en lugar de imponer el silencio invitaban a hablar del tema: sermones, normas, ejercicios espirituales, confesión…. En los semanarios de los años siguientes, al igual que algunos artículos y entrevistas, si dejan que se asomen algunos de dichos temas, mas no es mas que en 1984, cuando aparecen publicadas las dos siguientes entregas que descolocan a todo dios, ya que coincidiendo en su ingreso en el hospital, en vísperas de su fallecimiento, dos libros salen al mercado: L´usage des plaisirs y Le souci de soi, a la vez que se anuncia otra siguiente entrega: Les aveux de la chair, que quedó sin publicarse hasta ahora que ve la luz, eitado este mismo años a comienzos de febrero por Gallimard. En una nota que hizo incluir en sus dos ultimas entregas ( prière de insérer ) indicaba como « su propósito no era , desde el principio, reconstruir la historia de las conductas y de las prácticas sexuales, ni de analizar as ideas ( científicas, religiosas o filosóficas), a través de las que se ha representado dichos comportamientos, sino comprender cómo, en las sociedades occidentales, se había constituido algo como una “experiencia” de la “sexualidad”, noción familiar y que sin embargo no aparece apenas antes del siglo XIX»…y en tal hoja anunciaba la genealogía del sujeto deseante…volviendo la vista atrás, con el propósito de hallar los momentos en los que la sexualidad se convirtió en « el sismógrafo de nuestra subjetividad».

Foucault lector de la patrística

El vuelco que esta publicaciones suponían con respecto al plan anunciado era total, pues el centro de gravedad se había desplazado a la Grecia clásica en la primera entrega y a los clásicos latinos en la segunda. Así, tras haber diagnosticado lo que había permitido a los hombres a considerarse locos, enfermos, vivo, hablante, trabajador o criminal, la tarea que s marcó en este nuevo periplo es hallar « a través de qué juegos de verdad el ser humano se ha reconocido como hombre de deseo», y va a llevar adelante la labor alejándose de la hipótesis represiva, para dar paso a los diferentes procesos y técnicas que han ido formando el tipo de subjetividad, rompiendo en su indagación con las absolutas diferencias entre las diferentes épocas constitutivas y sus respectivos cánones. Resultando que en el caso griego el papel esencial de la ética y las prescripciones éticas estaban absolutamente relacionadas ligadas con las tecnologías del yo, y el uso de los diferentes placeres. Revisión puntillosa del concepto de Aphrodisia, y un sistemático trabajo de búsqueda en los textos de Aristófanes, Eurípides, Hipócrates y muy en especial en los textos – Alcibíades– de Platón .A continuación, en el segundo paso, se centraba en los dos primeros siglos de nuestra era, tanto en los textos griegos como latinos, subrayando el giro que se dirigía hacia u arte de vivir dominado por la preocupación de sí. Cicerón Séneca, Longino, Plutarco eran tomados como base de sus análisis; al fin y a la postre « se trata en este técnica griega de la posibilidad de constituirse como sujeto dueño se su conducta, de hacerse hábil y prudente guía de sí mismo ».

Si como queda señalado Les aveux de la chair , había quedado, a su muerte, sin publicar, ahora ve la luz, a pesar de las indicaciones del propio Foucault que dejó dicho y escrito que no debía publicarse este libro tras su fallecimiento ( pas de publication posthume ). El caso es que tanto sus herederos como los especialistas han acabado decidiendo publicarlo, ya que estaba prácticamente acabado en su redacción – aunque también es verdad que la capacidad y la tendencia de revisar y reescribir por parte del pensador era realmente proverbial- y ha principio de este mes se ha puesto en las librerías este cuarto tomo con un respeto absoluto al original sin retoques ni aparato crítico ni notas a pie de página explicativas por Frédéric Gros que es quien ha llevado a cabo la labor de editar el libro que se centra en la lectura de los padres de la Iglesia.

El trabajo es riguroso y presenta una puntillosa lectura, realizada con exactitud y no exento de cierto humor hacia algunas de las normas marcadas por los doctores eclesiásticos, auscultando las obras de algunos de los primeros padres de la Iglesia, los de los primeros siglos de nuestra era, los que van del II al IV: y así nos las vemos con Clemente de Alejandría, Tertuliano, Cipriano, Ambrosio, Juan Crisóstomo, Casino y por supuesto con Agustín de Tagaste ( dicho de Hipona, lugar en el que ocupó el obispado) , si ya en sus seminarios se había dedicado algunas de estas lecturas, en este caso es el último de los nombrados el que ocupa un lugar esencial, como de hecho lo hizo dentro de las filas de los seguidores de Cristo / Pablo de Tarso…al poner en pie las nociones de pecado venial y otras.

En la lectura se van entrelazando la carne, el deseo, la verdad y las diferentes medidas ( dirección espiritual y confesión imperando) que se van erigiendo con el fin de mantener tales instancias en el debido equilibrio: así se dictarán normas sobre el bautismo, la penitencia, la virginidad, el matrimonio y asuntos afines como la continencia, el conocimiento de sí, la libidinización del sexo , y algunas prácticas ascéticas para alcanzar los objetivos marcados. No cabe duda de que algunas de las observaciones, muy en concreto de Agustín, resultan cuando menos objeto de risa, o cuando menos de sonrisa, al señalar cómo la erección es muestra de desobediencia al Creador.
Las reglamentaciones son detalladas y estrictas, indicando al milímetro cuáles han de ser los valores recíprocos, entre los congéneres, que han de reinar en el matrimonio ; y ahí es en donde la práctica sexual queda admitida como forma que conlleva al suponer además la relación que se establece entre el individuo con su propia conducta sexual. Momento privilegiado en la constitución de las subjetividades e intervención decidida de Ambrosio, que eleva el matrimonio como el único camino para ejercer la sexualidad.

La publicación de este inédito, qué duda cabe, ha provocado gran interés que queda demostrado además de por las ventas del libro, por la numerosa asistencia que algunos actos organizados para abordar la temática expuesta en el libro: así el galería Colbert ( Institut national d´histoire de l´art ), cuando se celebró , organizado por la Bibliothèque nationale un coloquio sobre Foucault, los Padres y el sexo. Demostración palmaria de aquello de que muerto el perro ( ¡ con perdón !) se acabó la rabia es, en este caso, pura falsedad ya que desde el momento de su muerte el pensador que (se) proponía penser autrement no ha cesado de incordiar con las publicaciones de sus cuatro tomos de Dits et Écrits, recogiendo todas las intervenciones y artículos dispersos por ahí, o por sus cursos en el Collège de France…y recientemente la publicación de los dos tomos en la prestigiosa y cuidada Bibliothèque de la Pléiade …y ahora, Les aveux de la chair…En fin, que los muertos que vos matáis – ha habido una cohorte de servidores del orden en el campo intelectual , partidarios del prët-à-penser que no han cesado de vilipendiarlo, tratando de enterrar su obra y su alargada sombra- gozan de buena salud; es el caso.

Decía Michel Foucault : « soy un experimentado no un teórico ». Lo que sí que es cierto es que el pensador siempre se movió por los pliegues, de lo no-dicho, de lo ignorado por los discursos mayores ( de ton grand seigneur), revolviendo, de manera incansable, en los archivos, no temiendo, sino al contrario, sacar a relucir estos aspectos callados y mantenidos en secreto, con el fin de transitando por estos caminos no trillados o escamoteados intentar llevar a cabo una arqueología / genealogía de la constitución de nuestro hoy : los márgenes, la locura, el hospital psiquiátrico, la cárcel, y…la sexualidad y el gobierno de sí…resonando sus preguntas sobre el biopoder en las sociedades de control, y alargando sus interrogaciones, y ecos correspondientes, al cuidado de sí y al coraje de la verdad…Y resuenan sus carcajadas ante la sorpresa por él originada, como si no cesase de repetir: « no estoy allá donde esperáis encontrarme, sino aquí desde donde os miro riendo ».

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