Miami: vuelven a descubrir agua tibia del descaro

Reiteran los auditores federales norteamericanos que existen «riesgos» de que puedan ser empleados de manera inapropiada los subsidios multimillonarios del gobierno «para promover la democracia y los derechos humanos en Cuba».

La conclusión que nos trajo este lunes el cable de AP parece hasta un poquito inocente, como si la cosa no tuviera mayor importancia y fuera solamente un pequeño “desliz” más en la historia del negocio de la contrarrevolución contra Cuba.

Los auditores federales norteamericanos alegan, según un informe difundido en Miami, que “el control de los subsidios multimillonarios que destina el gobierno de Estados Unidos para promover la democracia y los derechos humanos en Cuba ha mejorado, pero aún existen riesgos de que el dinero pueda ser empleado de manera inapropiada”.

Vaya que son generosos esos señores de la Oficina de Auditoria General de Estados Unidos (GAO), ¡qué forma más bonita de decir que los ladrones tienen el sartén por el mango! Después añaden que la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) ha tomado una serie de medidas para “mejorar su Programa para Cuba”, pero que “aún sigue en dudas la capacidad del programa de garantizar el uso apropiado de los subsidios» que suministra.

Y no estamos hablando de tres quilos. El despacho apunta que ese citado programa de Cuba de la USAID ha destinado 83 millones de dólares en subsidios a organizaciones no gubernamentales y universidades entre 1996 y 1998. Y para el año que viene, el gobierno de George W. Bush ha solicitado 20 millones de dólares de fondos para la ayuda “democrática” a Cuba.

Sin dudas la repartición de esos fondos sí es muy “democrática”. Cada cual coge lo que puede o le dejan. Es el caso de un ex empleado del Centro para una Cuba Libre que cita el cable (ellos dicen que es “ex”, para insinuar que lo botaron), quien habría utilizado empresas que él controlaba para vender radios a precios abultados y quedarse así con una diferencia de alrededor de 500.000 dólares. Y añade que “tras una investigación, el subsidio gubernamental fue devuelto en septiembre”. ¿Sería por la buena conducta?

Más cómico aún, si no fuera trágico que dilapiden así el dinero del contribuyente norteamericano, víctima de una crisis económica como la presente, resulta el argumento de para qué está destinado ese dinero.

Dice la AP que “por lo general, el dinero es distribuido en una amplia gama de actividades, entre ellas la asistencia humanitaria, el entrenamiento en derechos humanos, y el apoyo a los derechos humanos y de los trabajadores”. Sería bueno que los auditores del GAO dieran una vueltecita por Cuba a ver si hallan algún “trabajador” beneficiado con esas remesas.

Porque hasta donde sabemos, los llamados disidentes son todo menos eso. Su puesto de trabajo, que se sepa, es la Oficina de Intereses del gobierno de los Estados Unidos en Cuba o las mansiones de diplomáticos de ese país u otros que les hacen el juego, donde “sudan la gota gorda” en las recepciones y conciliábulos, mientras comen, beben y cargan en jabitas, como es usual entre cubanos.

Como prueba de lo bien que se ha portado la USAID este año, el informe dice que suspendió dos de los subsidios más importantes que otorgaba, uno por 7,2 millones de dólares al Centro para una Cuba Libre, y otro por 10,95 millones de dólares que había sido entregado al Grupo de Apoyo a la Democracia, después que se descubrieron irregularidades con la administración de esos fondos.

En el primero de los casos, fue por lo del señor de los radios que ya mencioné. Y en el segundo, otro “ex empleado” (¿reciclarán a los “tronados” de una organización para otra?) utilizó la tarjeta de crédito de la organización para comprar artículos personales valuados en más de 21 mil dólares.

Oigan, no sé en Miami, pero en Cuba, para gastar 21 mil dólares en “artículos personales”, hay que COMPRAR en mayúscula. Al menos no habrá sido en máquinas de afeitar y desodorantes.

Pero como prueba de la buena conducta, los auditores felicitan a la USAID, porque “el dinero fue devuelto”, aunque también dicen que el subsidio aún continúa suspendido. Por si acaso, digo yo.

En sus descargos, los maleantes se jactan ante la GAO, “que ambos casos fueron descubiertos gracias a las mejoras implementadas en el Programa de Cuba”. Gran mérito: ellos mismos cogieron a los rateros, tal vez por darles la mala, quién sabe.

No es la primera vez que la GAO encuentra problemas con el programa, recuerda el despacho de la AP: En un informe crítico de 2006, advirtió que la supervisión del Programa de Cuba era débil y eso incrementaba el riesgo de que los fondos fuesen usados de manera inapropiada e incluso los organismos que los recibían pudieran incumplir las leyes estadounidenses.

En aquella oportunidad, añade, la entidad auditora efectuó una serie de recomendaciones a la USAID para que mejorara su Programa de Cuba, entre ellas que incrementaran los controles y supervisión de los subsidios.

Parece que no les hicieron mucho caso al GAO en Miami, porque a pesar de ello, en el 2008 fue descubierto “un uso inapropiado de los fondos correspondientes a los dos subsidios más importantes”.

Y entre sus conclusiones la nueva auditoría encontró, además, que “la cantidad de personas que trabajan para el programa se ha incrementado, pero aún está por debajo del nivel necesario para garantizar una supervisión adecuada”.

Sospecho que mientras más crezca el número de los repartidores y controladores, tocará a menos el dinero, si es que no piden un “aumentico” del presupuesto. En fin, “el brazo investigador del Congreso”, descubrió otra vez el agua tibia del descaro que padece la mafia anticubana de Miami. Y lo dejó pasar.

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