México. Pueblos Originarios de Tecámac exigen al Gobierno Federal suspender construcción de aeropuerto ante hallazgo de mamuts en la zona

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• Se exige la conformación de un equipo interdisciplinario de expertos independientes, integrado por personas arqueólogas, antropólogas sociales, geólogas, entre otras, que investiguen de manera integral, el contexto en el que se inscriben estos hallazgos en relación con los vínculos arqueológicos-biológicos-históricos de la zona.
• Se exige la suspensión de la construcción del AISL, hasta que se haga del conocimiento público el dictamen en donde se determinen las causas de estos hallazgos, pues de lo contrario, amenaza con destruir el patrimonio cultural de los pueblos asentados en la zona, los cuales forman parte de la base de temporalidad, espacialidad y materialidad cultural de la vida de los pueblos.

La Organización 12 Pueblos Originarios de Tecámac, se pronuncia en contra de la política de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y en general, de las instituciones implicadas en la construcción del Aeropuerto Internacional de Santa Lucía o Nuevo Aeropuerto Internacional “Felipe Ángeles” (NAIFA), porque nuevamente vuelven a despreciar a nuestros pueblos como lo han venido haciendo de manera sistemática, al invisibilizarnos en la presentación que hiciera la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), de la Manifestación de Impacto Ambiental Regional (MIA) ante la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT); desprecio que se manifiesta en la decisión que está tomando en relación al hallazgo de más de 60 mamuts encontrados durante el proceso de construcción del aeropuerto, al afirmar que, tal hallazgo no detendrá el proyecto aeroportuario puesto que como gobierno ya sabían que en el sitio abunda fauna prehistórica. Sin ocultar su espíritu neoliberal, pretende exhibir los mamuts en un museo para ofrecerlos como espectáculo a los pasajeros que lleguen o salgan del aeropuerto.

Violando con esa actitud, el más elemental marco jurídico al no respetar el Artículo 1° de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, 2° de la Ley Orgánica del Instituto Nacional de Antropología (INAH), los artículos 3°, 5° bis y 28 de la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas, Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en virtud de esto; tendría que ser detenido inmediatamente, todo tipo de trabajo hasta que el INAH realice una exploración exhaustiva y con base en ello, dictamine si el trabajo del aeropuerto continúa o no.

Con esa decisión torcida, niega la larga historia de nuestros pueblos, cuyo germen se encuentra presente desde el periodo formativo o preclásico, hallazgos arqueológicos anteriores que se encuentran presentes a lo largo y ancho de la cuenca de México, y particularmente, los encontrados en Ixtapan, Tepexpan, Atzompa, Acozac y al interior de la Base Aérea de Santa Lucía lo confirman. La mayoría de ellos consisten en restos fósiles de mamut, con muestras de desfasamiento humano, asociados a puntas construidas de distintos materiales y restos óseos de animales menores, cuya fecha de empantanamiento varía entre los 8, 10, 13 y hasta 26 mil años, y que hoy se confirma nuevamente con el hallazgo de mamuts encontrados durante la construcción del AISL.

Que, en el horizonte clásico, época que dio origen al sistema de construcción de chinampas y terrazas, como método de retención de humedad y suelos en el proceso de agricultura, vestigios de las primeras, se encuentran presentes en los pueblos ribereños de la región norte de la cuenca; en tanto las segundas, son notables desde el Cerro de Chiconauhtla, hasta el Cerro de Paula. Paralelamente, parte de los cerros eran asignados como observatorios astronómicos, como es el caso del primero; esto significa que, en tal época, nuestras aldeas figuraban como la periferia rural de Teotihuacan.

En el horizonte posclásico, que fue cuando tomaron forma nuestros antiguos altepetl con sus respectivos calpultin, fue notorio que antes del surgimiento y florecimiento de Tenochtitlan, la presencia del altepetl de Xolox o Xoloc, lugar al que arribara el caudillo chichimeca Xolotl; quien despúes de lanzar la Malinalli, al viento, desde el emblemático Cerro que hoy lleva su nombre, enviara a su hijo Nopaltzin a reconocer el territorio, en el que años después floreciera la cultura acolhua. En este mismo horizonte los alteptl de Atzompa, Ozumbilla, Cuautliquixco y el mismo Xolox, pasaron a ser tributarios de Tenochtitlan, sin que esto quiera decir que le debieran una dependencia absoluta, puesto que cada altepetl conservaba su propia autonomía y respondía a su propio tlatoani. Finalmente, una vez vencida Tenochtitlan por el bárbaro conquistador español, y conforme a su modelo político-administrativo, los altepetl fueron transformados en pueblos, en tanto que sus calpultin lo fueron en barrios, y ambos repartidos en encomiendas, unos a Juan Ponce de León y otros a Leonor Moctezuma.

Lo expuesto, sirva para reafirmar lo que años atrás expresara Guillermo Bonfil Batalla: “fueron los pueblos los que en su largo andar humanizaron la naturaleza”, nuestros pueblos no son la excepción, mediante su esfuerzo y creatividad construyeron un complejo sistema de chinampas, terraceo o metepantles, apantles o acueductos, jagüeyes y albarradones, hasta hacer habitable esta tierra que concibieron como a una madre a la que debían cuidar para cosechar sus frutos sin agredirla. Fueron los colonizadores españoles y su ya larga descendencia criolla, los que al no entender nuestra cultura ancestral e impulsados por su afán de riqueza, comenzaron a desecar nuestros lagos, arrebatando la tierra que dejaban sus aguas para ensanchar sus haciendas, como fue el caso de Santa Lucía, entre otras.

El desecamiento de los lagos, significó un despojo de los bienes de vida de nuestros pueblos al quedar impedidos de continuar con sus prácticas de caza, pesca y agricultura tradicional, al transformarse las condiciones climáticas, ecosistémicas y de la propia tenencia de la tierra que, hasta entonces había sido mayoritariamente colectiva; sin embargo, y a pesar de todos estos cambios, nuestra herencia cultural milenaria permitió sobreponernos a la adversidad, mantener vivo el tejido comunitario, con base al cual se reinventaron manifestaciones culturales, así por ejemplo, las festividades patronales y religiosas en general, quedaron fuertemente entretejidas con la cultura ancestral.

Por eso, no es sorprendente que estén ligadas a diversas manifestaciones de la naturaleza y al calendario agrícola. Tomemos por ejemplo a Tonantzin, Coatlicue y a Tlaloc, mientras la primera es madre tierra y se sincretiza en la Virgen de Guadalupe, en tanto que Coatlicue representa la feminidad y se le asocia con la luna y las aguas horizontales. En el caso del Cerro del Tepeyac, el agua que bajaba del río Guadalupe representaba la menstruación femenina; en tanto que Tlaloc, deidad de la lluvia, en torno a él se nucleaba un conjunto de ayudantes llamados tlaloque, los que estaban encargados de romper las ollas que se guardaban en el vientre de los cerros sagrados y a las cuales golpeaban con palos, hasta que arrojaran la lluvia fecunda y creadora. En tiempos actuales, esa manifestación de la cultura se observa en la veneración a San Isidro Labrador, a quien el día 15 de mayo de cada año los campesinos le hacen misa de rogación para que mande esa lluvia que reverdezca los campos, que a su vez se filtra entre las fracturas de las rocas de las laderas de los cerros, mientras que otra parte, a través de las barrancas corre hacia sus partes bajas, formando así un ecosistema regional.

La decisión de AMLO, de confinar a los mamuts en un museo, ignorando los entierros prehispánicos encontrados en ese lugar, muestra su verdadero rostro neoliberal, el que ha tratado de ocultar detrás de una máscara de fachada indígena, como lo fue al recibir un bastón de mando mediante una ceremonia indígena desprovista de toda legitimidad el día de su toma de protesta, o protegerse detrás de una imagen del Sagrado Corazón de Jesús y un trébol de 4 hojas, ya sea para que lo proteja del narco o del coronavirus, pues como político entiende que una inmensa cantidad de mexicanos comparte una raíz indígena, que como ya hemos visto, hoy se manifiesta en un fervor religioso, eso lo aprendió por su paso en el Instituto Nacional Indigenista (INI).

Por otra parte, por su propia ascendencia europea y su formación política, no le permite entender cómo se entreteje la objetividad y subjetividad que forma la cosmovisión de los pueblos. Por ello, le parece normal ofrecer como espectáculo a los mamuts, sin mostrar la historia que se conjuga en torno a ellos, así como tampoco entienden esto, esas voces que se levantan manifestando que se les reconozca como patrimonio nacional y no faltará quien grite que se les reconozca como patrimonio de la humanidad; a lo que manifestamos enérgicamente que eso no puede ser si no se les reconoce antes que nada como patrimonio de nuestros pueblos; que como sujetos históricos estamos cansados que en el mejor de los casos se nos utilice como folklore, y con ello, una clase política financiera siga enriqueciéndose, al tiempo que se va cerrando un cerco estrangulador en torno a nuestros pueblos que amenaza asfixiarlos en medio de una mayor pobreza y un desequilibrio socio-ambiental, agudizado por nuevas enfermedades como la presente pandemia, cuyo costo tengamos que pagar los pueblos sumidos en un mayor abandono y sin que nos reporte beneficio alguno.

ATTE.
ORGANIZACIÓN 12 PUEBLOS ORIGINARIOS DE TECÁMAC

#ElEncierroNoMeCalla
#LosMegaProyectosAcabanConLaVida
#NiTexcocoNiSantaLucia
#LaCuencaEsVida
#LaCuencaNOAguantaMás
#Ni_en_Texcoco_ni_en_Santa_Lucía
#YoPrefieroElAgua
#YoPrefieroElLago
#YoPrefieroElAmbiente
#NuncaMásunMéxicoSinNosotros
#PorelDerechodelosPueblosalaLibreDeterminación
#LaLuchaSigue

 

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