México. No queremos frases bonitas, queremos hechos

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“El neoliberalismo fracasó”, esas fueron las palabras del presidente electo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en una reunión con científicos y autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Y sí, efectivamente, el neoliberalismo ha ido de fracaso en fracaso desde su imposición a inicios de la década de 1980, cuando se iniciaron los cambios legales necesarios para la venta de las empresas nacionales; de 1990, cuando se institucionalizó la fragmentación y venta de las tierras comunales, o en este inicio de siglo, cuando los derechos humanos como la educación o la salud comienzan a ser “vendidos” como servicios.

Llevamos cerca de 40 años de fracaso tras fracaso o, al menos, de fracaso para el pueblo, porque para empresarios como Carlos Slim o Germán Larrea sólo ha representado beneficio con la privatización de Teléfonos de México y Ferrocarriles Nacionales de México, respectivamente, ya que han obtenido jugosas ganancias de millones de dólares anuales (Carlos Slim gana 2.11 millones de dólares cada hora).

Ahora bien, si ya sabemos que el neoliberalismo fracasó, ¿qué sigue? El 2 de septiembre pasado la bancada del Morena dijo: “el poder volvió al pueblo” y “se terminó la larga noche de la corrupción y la impunidad; se cierra el ciclo del desmantelamiento del Estado del bienestar”. El Estado de bienestar se constituyó con base en una serie de políticas económicas que, sin salir del modelo capitalista, ofrecían ciertos beneficios sociales, económicos y culturales a una parte de la población (nunca al 100%). En el Estado de bienestar el Estado tiene control y el monopolio sobre algunos sectores estratégicos de la producción y los recursos naturales, o sea, todo lo que los gobiernos neoliberales vendieron.

Este modelo ya vio su inicio, cúspide y final en nuestro país y durante todos esos años el despojo, la represión y la explotación no pararon, pero también durante esos años se levantaron los movimientos de Rubén Jaramillo, Othón Salazar, los maestros, los médicos y los estudiantes, así que debemos estar atentos.

Como organización marxista-leninista sabemos que el proyecto del Morena no es un proyecto que vaya más allá del capitalismo y no nos rasgamos las vestiduras por ello; también sabemos que no es el mismo modelo neoliberal impuesto desde 1982, como muchos afirman. El Morena representa los intereses conciliadores de la pequeña burguesía empobrecida por las políticas neoliberales y asolada por la violencia que busca darle un poco más a los proletarios pero, en el fondo, aspira a colocarse como la gran burguesía, que busca mantener lo que tiene y ganar un “poquito” más.

Las palmaditas que le da el Morena a la burguesía se contraponen con los guiños que envían a los trabajadores y a las víctimas del terrorismo de Estado. Con la mano derecha saludan al empresario y con la izquierda al trabajador y las víctimas buscando que ambos lleven “la fiesta en paz”.

En este sentido, para nosotros y para el conjunto del movimiento independiente y del movimiento que lucha por el socialismo es tiempo de afianzarnos con las masas, es momento de hacer efectivo eso de que “el poder volvió al pueblo” y sepultar de una vez y para siempre todas las políticas neoliberales impuestas a sangre y fuego por los anteriores gobiernos; hoy más que nunca la bandera antineoliberal debe ser ondeada por los demócratas más consecuentes, por quienes jamás daremos un paso atrás ni intentaremos conciliar con quienes han desangrado y desgarrado este país.

Nosotros debemos buscar una salida socialista al fin del neoliberalismo, debemos mantener nuestra línea independiente y estar alertas de todos aquellos que desde dentro o fuera del gobierno intenten detener el fin del neoliberalismo. Debemos señalar a esos empresarios y oligarcas, quienes pondrán toda su energía y recursos a trabajar para no perder los lugares de privilegio que hasta hoy han tenido. También debemos alertar al pueblo de aquellos que busquen traicionarlo, de esos que ahora se visten como demócratas y que no son más que lobos con piel de oveja, a quienes no les bastará con la austeridad republicana.

Hoy más que nunca debemos de afianzarnos en las masas en todos aquellos espacios donde ya tenemos presencia, hoy más que nunca no podemos perder el pulso del pueblo, debemos esforzarnos más, explicar más, crear más brigadas de agitación y círculos de lectura del FRAGUA; debemos crear más colectivos de trabajo y esmerarnos por aglutinar a cada vez más pueblo a nuestro alrededor bajo las formas organizativas que la realidad nos imponga y nuestra creatividad dé forma; debemos impulsar la lucha por mejoras económicas como un medio para explicar la necesidad de la transformación radical del sistema económico rumbo al socialismo; debemos apoyarnos incluso de las consultas impuestas, como la del Nuevo Aeropuerto, para que prevalezcan las alternativas que mayores beneficios le otorguen al pueblo marcando sus límites y alcances; debemos exigir el regreso a las manos del Estado de todas las empresas vendidas en este periodo, la recuperación del derecho y respeto a la tierra contenido en el artículo 27 constitucional, la abrogación de las reformas estructurales promovidas en los últimos dos sexenios y un alto total al terrorismo de Estado, juzgando y castigando a los autores intelectuales y materiales de esta política que nos ha dejado más de 37 mil desaparecidos y 250 mil ejecutados.

No podemos aislarnos de las masas sólo porque este gobierno no va más allá de la lucha contra el neoliberalismo, al contrario, debemos ser nosotros, junto con el pueblo, quienes por la vía de los hechos acabemos con este lastre neoliberal y avancemos en la construcción del socialismo. Nosotros somos el pueblo y hay que demostrar que el poder ha vuelto a nosotros.

¡Contra el despojo, la represión y la explotación; resistencia, organización y lucha por el socialismo!

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección EDITORIAL del No. 37 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Septiembre-Octubre 2018.

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