Publicado en: 28 febrero, 2018

México. Meade: el lobos disfrazado de cordero

Por OLEP

Autor de los gasolinazos, del recorte al gasto educativo y del aumento en el presupuesto militar

El pacto político y electoral entre el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de Acción Nacional (PAN) fue sellado en 1988 cuando Diego Fernández de Cevallos convalidó el fraude electoral que permitió llegar a la presidencia a Carlos Salinas de Gortari. A partir de entonces, el caminar de ambos partidos fue conjunto, hasta que después de tres décadas sus pasos lograron fusionarse en un sólo personaje: José Antonio Meade, hijo el priista Dionisio Meade y sobrino-nieto del fundador del PAN, Daniel Kuri Breña. Tal vez por esta razón, a Meade le da lo mismo trabajar con cualquier partido, siempre y cuando la propuesta de gobierno sea únicamente reformista, neoliberal e inclinada hacia la macroeconomía; como buen tecnosaurio, estudió una licenciatura en Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México y un doctorado en una universidad para los hijos de los ricachos de Estados Unidos, al igual Salinas y Ernesto Zedillo.

Durante los meses recientes, hemos leído y escuchado en los distintos medios de comunicación lo profesional y la experiencia que representa Meade. Nos mencionan su abundante e “impecable” trayectoria política y su alta preparación profesional. Presentan extractos de sus discursos en los que, como siempre, hace propuestas sin problematizar, promete y dice, pero sin un plan de acción concreto. Por ejemplo, nos dice que “acabará con la corrupción política” y generará una “campaña anticorrupción”, mediante la grandiosa solución de devolver el dinero y los bienes mal habidos, como si el problema se redujera a una simple petición de buena voluntad, de devolver los miles de millones robados por los políticos de nuestro país.

En estos medios de comunicación sólo enumeran los cargos políticos en los que se desarrolló, pero sin mencionar los logros (de haberlos) y consecuencias de su gestión. Durante el sexenio de Zedillo inició su carrera política como secretario adjunto de Protección al Ahorro en el Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB), institución creada en 1998, para legalizar el enorme fraude cometido bajo el paraguas de su institución antecesora, el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa).

Como canciller de Enrique Peña Nieto, anduvo por el mundo como “vendedor ambulante” de México al capital financiero internacional. Promovió las reformas estructurales como una gran oportunidad para que las empresas más poderosas del mundo saquearan las riquezas de nuestro país.

Como secretario de Hacienda, durante la campaña presidencial de 2012, Meade debió conocer perfectamente todos los secretos sobre cómo y dónde se financiaron las tarjetas Monex y los otros instrumentos financieros que permitieron a Peña Nieto rebasar más de 14 veces el tope de gastos de campaña. Además, estableció una importante negociación que tuvo como resultado un convenio fiscal con Singapur, el cual facilitó la fuga de capitales y el lavado de dinero en aquel pequeño, pero poderoso país asiático. Tampoco hay que olvidar que fue autor de los gasolinazos, del recorte al gasto educativo y del aumento en el presupuesto militar, en correspondencia con las reformas estructurales que tanto promovió y sigue promoviendo. También, dio continuidad a la irresponsable política de endeudamiento externo, iniciada durante el gobierno de Felipe Calderón, el cual se ha agravado aún más durante el actual sexenio, hasta llegar a equivaler al 50% del Producto Interno Bruto (PIB).

En materia social, sus convicciones ultraconservadoras traerán un impacto importante, ya que al ser un fundamentalista religioso cercano al Opus Dei, seguramente iniciará controversias en relación al derecho al aborto, el matrimonio gay y la liberación femenina, entre otros temas. En cuando al desarrollo social, presionó al Instituto de Estadística y Geografía (INEGI) para que modificara sus criterios en la medición de los ingresos de los hogares más desfavorecidos, con el propósito de dar la impresión de que el gobierno actual ha reducido la pobreza.

Y si estas líneas no fueran suficientes como presentación de Meade como candidato a la presidencia, podemos remitirnos a los datos duros que presenta la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los cuales respaldan las políticas que impulsó Meade desde todos los puestos políticos y económicos en los que ha participado. Actualmente, el 40% de los mexicanos (45 millones de habitantes) no puede comprar la canasta básica de consumo; 16 de cada 100 mexicanos tienen un ingreso que los mantiene por debajo de la línea de pobreza, es decir, existen 20 millones de infrapobres. La desigualdad en nuestro país ha llegado a su máximo nivel, cuando la mitad de la riqueza individual es acaparada por menos del 1% de las familias; el costo de la gasolina aumentó hasta llegar actualmente a 19 pesos por litro si bien nos va; entre muchas otras carencias y aprietos que tanto usted como nosotros sufrimos día con día.

Aunque Meade promete “convertir a México en potencia”, nosotros le preguntamos cómo lo hará, si el neoliberalismo dependiente que él y sus camarillas de gobierno han impuesto, se ha encargado de impedirlo. Así que cada vez que escuchemos sus promesas de campaña, cuando en familia conversemos sobre el futuro de nuestro país, no olvidemos que de llegar a la presidencia Meade, el pan de cada día de millones de mexicanos será la pobreza, la violencia, el despojo y la explotación, que hasta la fecha han azotado a nuestro pueblo.

Asumamos la tarea de informar quiénes realmente son los políticos que se nos aparecen en los medios de comunicación, con sus discursos en los cuales nos bajan la luna y las estrellas; conozcamos qué proyecto político y económico hay detrás. Tengamos claro que detrás de estos tecnócratas salvadores de la nación están los intereses de los explotadores, de la burguesía. Nuestro deber, más allá de evitar que estos burgueses neoliberales continúen en el poder, es permanecer siempre organizados y conscientes, dispuestos a luchar por nuestros propios intereses como trabajadores que somos. Únicamente la organización y lucha del pueblo trabajador pueden garantizar un mañana digno y sin miseria.

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección EDITORIAL del No. 32 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Febrero-Marzo 2018.

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