México. Las mil máscaras del oportunismo

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No señores, no es un luchador que va a salir al ring en la arena México esta noche, más bien es un singular personaje que se las ingenia para no luchar y aparecer al final a levantar el cinturón de campeón, es ese personaje carismático que siempre nos sonríe, que parece que es nuestro amigo pero que cuando son los momentos decisivos se escabulle, se nos pierde de vista y ya cuando la batalla se acabó aparece para recibir los aplausos y las felicitaciones o, en un caso raro, los ánimos tras una “derrota” que tuvo sin haber luchado.

Si usted conoce a alguno de estos “luchadores” sociales le tenemos una noticia: no dejan de aparecer en todos lados, en cada lucha va a aparecer aquel personaje que comienza a hacer amigos, que sabe mucho, nos impresiona y decimos “ha de tener razón en lo que dice”, porque parece un sujeto culto que lee, otras veces aparece el personaje experimentado, luchador de mil batallas, ganador de grandes cabelleras que siempre tiene buenas respuestas a nuestras inquietudes o tiene buenas ideas.

Lo que también pasa es que cuando es la hora de hacer o llevar a cabo las acciones, hasta las más básicas como barrer o llegar temprano, falla no aparece o llega tarde y cuando llega nos ofrece una disculpa, pero no es la primera vez que lo hace y sinceramente no será la última, algunas veces hasta aprovecha que varios son sus “amigos” para que ellos lo justifiquen y “no quede tan mal parado”.

Es aquí cuando se torna peligroso pues de esto hacen un método de trabajo recurrente, puras fallas y aún así ellos siempre salen en la foto como los oradores estrella o peor aún, ellos se llevan el crédito de lo que no construyeron y se adjudican las ideas y el trabajo de un colectivo o de varias personas organizadas que sacaron la chamba sin aquel “luchador”.

No falta otro tipo de “luchador” que lleva muchísimos años en la lucha, que viene de un lugar donde antes hubo revolucionarios o guerrilleros, que desde joven está en la lucha por ideales grandes y nobles, que presume siempre estar con el pueblo, pero que también dice: “de algo hay que vivir” y busca con la gente de sus organizaciones puestos en la delegación, municipio o el estado, sin importarles trabajar para el mismo Estado que comete desapariciones, ejecuciones extrajudiciales, tortura y demás crímenes. Ese luchador como vemos y sabemos no deja de mamar de la ubre del Estado.

Claro está que cuando una persona comienza a ver ese oportunismo en la práctica y se atreve a denunciarlo con sus compañeros será tachado de mentiroso, rijoso, mitotero y nuestro “luchador” no dudará en intentar expulsarlo o hasta mandarlo golpear “pa’que se calme”.

Así el luchador de años y años, de cuna revolucionaria, termina siendo un vil títere más, que usa el Estado. Si él tiene gente tiene asegurada la chamba y sus compañeros más cercanos en vez de aprender teoría revolucionaria aprenden a ser como él y nunca vivir fuera del erario.

Vecina, trabajador de la ciudad y del campo, estos personajes siempre nos los toparemos, no podemos detenernos mucho si aparecen pues nos distraerán de nuestros verdaderos fines, ellos querrán ser diputados, jefes de alguna oficina en la delegación, pero nunca querrán que el pueblo se libere de la opresión del día a día. Enmascaran sus objetivos de seguir sometiéndonos para ser parte del botín y en año electoral pactar en lo oscurito por un hueso; ustedes nos lo comentan en todos lados donde estamos, nos hablan de tal o cual señor que al final se pasó a los partidos políticos de siempre.

Ellos son la primer piedrita que pone este sistema para desanimarnos y frustrarnos cuando nos organizamos, son la primer piedrita que obstaculiza la lucha política independiente del pueblo. Aunque el Estado tiene más personajes para continuar la lucha contra los que se organizan, a estos “pequeños” personajes, como hemos dicho en otros números de FRAGUA, hay que acotarlos, limitarlos en su capacidad de destrucción del movimiento independiente. De nuestra parte es un deber mostrarle a la gente el trabajo y la dedicación hacia ella; mostrarle que estamos y estaremos ahí para dar las batallas a su lado y saber retirarnos juntos cuando también sea necesario, sin claudicar, sin traicionarnos.

Siempre que nos encontremos a esos “luchadores enmascarados” hay que jugarnos la cabellera y desenmascararlos.Puede que nos corran de los espacios de trabajo y que nos odien, pero nunca seremos sus perros falderos, pues ellos ya lo son de sus intereses mezquinos, de la clase burguesa que dicen combatir, aunque sueñen vivir como ella.

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección TRABAJO del No. 21 de FRAGUA , órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Noviembre-Diciembre 2016.

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