México. La burguesía y el Estado de “bienestar”

El pueblo no debe confiar

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NADIE PUEDE NEGAR que el presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940) fue el principal promotor de la construcción del llamado Estado de bienestar en nuestro país.

Cárdenas pensaba que el Estado (con todas sus instituciones) tenía la función de ser árbitro en la lucha de clases, no desconocía que la burguesía tenía intereses contrarios a obreros y campesinos; pero consideraba que el Estado y el presidente debían ser los árbitros, que conciliaran esas contradicciones.

Los hechos mostraron cuan equivocado estaba Lázaro Cárdenas: las empresas y organizaciones que se crearon o formaron durante su sexenio con la intensión de conciliar intereses de clases irreconciliables terminaron sirviendo a la clase burguesa para afianzar su poder político, ampliar su poder económico; aunque siempre en dependencia del imperialismo norteamericano, y fortalecer la dominación ideológica y organizativa sobre las clases explotadas.

No es casualidad que Lázaro Cárdenas terminara su vida política siendo la persona más respetada e importante de la oposición a la burguesía reaccionaria y represiva que sigue dominando en nuestra patria.

Pero este artículo no va a profundizar sobre Cárdenas, es también sobre Rubén Jaramillo y sobre el esfuerzo de crear una empresa cooperativa propiedad de campesinos, obreros y el Estado, el Ingenio Emiliano Zapata en Zacatepec, Morelos.

Esta empresa representaba en los hechos el intento de conciliación de las clases sociales, pues campesinos, obreros y burguesía (representada por el Estado) serían los dueños y administradores del Ingenio, esas clases organizarían la producción, la distribución y se repartirían las ganancias.

Este artículo recoge una experiencia del pretendido éxito del Estado de bienestar y de cómo la burguesía se ha fortalecido con el mismo siempre a costa del obrero, del campesino y del pequeño propietario.

Dicen que la idea de crear un Ingenio en Morelos fue de Rubén Jaramillo, excombatiente zapatista, él le presentó el proyecto a Cárdenas y la construcción del Ingenio duró de 1935 a febrero de 1938 año de su inauguración. Jaramillo buscaba que los pequeños productores de caña de azúcar tuvieran dónde procesar su cosecha, quería que no sólo trabajaran para los intermediarios, sino que fueran participes de todo el proceso de la producción de azúcar y dueños no sólo de la tierra, sino también de la industria.

Gracias a la lectura del libro Después de Zapata de Tanalís Padilla, sabemos que el Ingenio comenzó a operar con 400 trabajadores y procesaba la cosecha de 19 mil campesinos de 32 ejidos de Morelos.

La cooperativa era propiedad conjunta de obreros y campesinos. Su consejo de gobierno, formado por delegados supervisaba a la gerencia de la empresa. El gerente era designado por el presidente de la república y representaba los intereses del gobierno, el primer presidente del consejo directivo del ingenio fue Rubén Jaramillo y el primer gerente fue Antonio Solórzano, cuñado del presidente Cárdenas.

Los obreros dentro del Ingenio estaban representados por el Sindicato de Trabajadores de la Industria Azucarera y Similares de la República Mexicana (STIASRM) constituido en 1937. Los años en que Cárdenas fue presidente el Ingenio funcionó bien, hubo problemas como el de los sindicalizados con los campesinos, ya que la mano de obra calificada provenía de otros Ingenios y ganaban más que otros trabajadores y los propios campesinos productores; Jaramillo propuso que a cada obrero calificado se le pusiera como ayudante a un hijo de campesino para que aprendiera y así se logró resolver esta contradicción.

En 1940 llegó a la presidencia Manuel Ávila Camacho, hoy lo sabemos, anticomunista y reaccionario; pero en ese momento Cárdenas, Jaramillo y el Partido Comunista de México* apoyaron la candidatura de “unidad”.

Ávila Camacho no tardó en demostrar que lo que llamaron “unidad” era en realidad subordinación de todas las clases explotadas a la burguesía como clase dominante.

En el Ingenio las cosas cambiaron: el gerente se convirtió en el hombre por medio del cual la burguesía se adueñaba de la riqueza que producían campesinos y obreros: el gerente traía a sus funcionarios (burócratas) para controlar el funcionamiento del Ingenio, era el vínculo con las empresas particulares (su trabajador), y era el vínculo con los intereses económicos de diferentes funcionarios del gobierno federal.

El gerente en coordinación y por medio de la Liga de Comunidades Agrarias y la Secretaría de Industria y Comercio comenzaron a designar a los integrantes del consejo directivo que lo debía controlar, por medio de la dirigencia del STIASRM controlaba a los obreros sindicalizados.

El primer logro de la nueva gerencia fue expulsar a Rubén Jaramillo de la presidencia del consejo directivo, el proceso de control del consejo no fue sólo por medios “legales”, los pistoleros y soldados del ejército se ocuparon de asesinar a quienes se oponían a la gerencia o a quienes denunciaban los fraudes contra los campesinos, pues los gerentes alteraban las básculas para pesar la caña de azúcar.

El Ingenio que surgió para conciliar los intereses de clase se convirtió en un elemento material más para agudizar la explotación y el control corporativo del campesino que dependía de los créditos de gobierno para sembrar y trasportar la caña hasta el Ingenio y de los obreros del mismo, la cadena que empeoró las condiciones de vida de campesinos y obreros y aumentó la represión, se forjó a partir de una “buena intensión”: conciliar los intereses de clases que históricamente han sido irreconciliables.

 

*Fe de errata: No es Partido Comunista de México, sino Partido Comunista Mexicano.

 

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección de Análisis del No. 53 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Mayo, 2020.

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