[México] Esperanza: motor de la historia

I

La esperanza tiene una doble condición que la convierte en ilusión creadora y agonía precaria, ambas características, la definen como utopía. Alcanzar la esperanza ha guiado empresas históricas y ha escrito tragedias humanas, su búsqueda, tiene un apartado especial en la historia de la locura humana. No hay gran hazaña registrada que no se haya guiado por una dosis de ella, y a la vez, no hay dramas más legendarios que aquellos que la llevaron como estandarte. Agonía que carcome a quien la espera, ilusión que mueve montañas y guía empresas impensables, la esperanza es motor de la historias.

Los sueños de un mundo mejor han tenido a la esperanza entre sus motivaciones, las utopías milenarias de construir un Nuevo Mundo en “tierras vírgenes del mal”, tal como se propusieron los conquistadores y colonizadores de América, encontraron en ella un motor y razón para justificar sus acciones. La idea de trasladar las estructuras del Viejo Mundo y cimentarlas en el continente recién conocido, dio paso un debate filosófico-teológico que marcó de forma permanente las concepciones del Ser humano en América, ello puede ser observado en los cientos de tratados escritos y resguardados en bibliotecas, museos y archivos. Hoy resabios de esas ideas aún permean entre académicos, religiosos y políticos que presuponen seguir escribiendo la historia con la misma mirada que hace quinientos años. El reconocimiento de América, y en particular de Latinoamérica y el Caribe, aún está pendiente en ese otro mundo, viejo y desesperanzado por sus propias locuras.

Ernst Bloch en su obra Principio Esperanza, replantea la ilusión creadora para los movimientos sociales de reivindicación y transformación radical de la realidad, habla de la revolución y el socialismo, desde una perspectiva romántica, que toma y reúne principios y fundamentos religiosos con el análisis marxista, proyectando a la esperanza como utopía y como agente creador de nuevas realidades sociales. El libro no es una proyección de futuro, es un análisis del pasado, de esas utopías que a lo largo de la historia humana, han abanderado su camino ondeando la esperanza, y que se reflejan en ideales sociales, arquitectónicos, filosóficos, musicales y artísticos entre otras, sobre ello ha escrito Michael Löwy. La obra se conduce por la dialéctica romántica entre el pasado y el futuro, busca descubrir el futuro en las aspiraciones del pasado. En este sentido el pasado no es objeto de contemplación, es ante todo, la fuente motora de la acción revolucionaria, es la guía que orienta el camino hacia la consumación de la utopía. Como puede advertirse, la religión tiene un lugar primordial en Principio Esperanza, pues el autor concibe en ella la utopía por excelencia.

II

Cansados y desvelados, la mañana los alcanza junto a la demarcación de su propiedad, desde siglos atrás, han montado guardias comunales para proteger sus tierras del despojo. Son campesinos e indígenas, humildes pero irredentos, decididos a mantener para los suyos lo que les pertenece. No temen represalias, llevan años resistiendo y manteniendo la esperanza de sobrevivir, de continuar su cultura, su forma de ser y sus costumbres, a pesar de que el entorno global es adverso, violento y desinteresado por las causas humanas.

El despojo es uno de los cuatro caballos del apocalipsis, el capitalismo ha encontrado desde sus orígenes en la acumulación originaria el medio primero para su avance apoderándose a toda costa de tierras, territorios, materias primas y la consecuente sobre explotación natural y humana. Su naturaleza lacera no sólo ecosistemas, sino también culturas y sociedades, que no se rigen por su lógica destructiva.

El poder, ese vulgar servidor de la dominación, es utilizado para implantar “modelos de desarrollo” en comunidades cuya vida ha transitado entre costumbres y formas de organización alejadas de la lógica del dinero. Resistir ante estas imposiciones, hacerle frente al despojo y reconocerse comunes, ha generado esperanza en muchas partes del continente, dando pie a nuevas expresiones de la utopía, que renovada y resignificada, mantiene su esencia reivindicadora y revolucionaria, véase el caso de las comunidades zapatistas, o, la organización de los indígenas bolivianos, ecuatorianos y peruanos, como algunos ejemplos. La permanente resistencia frente a la acumulación originaria (que sigue más viva que nunca), es una faceta más, de la ilusión creadora y del motor de la historia.

III

Mirando a través de la ventana libera la imaginación. Escribe tras los barrotes de la celda dignidad del reclusorio donde lo han alojado los cuidadores del “bien común”. No tiene a pesar de su condición límites a la hora de pensar. El paisaje no es únicamente lo que sus ojos alcanzan a ver a lo lejos, ahí afuera, donde lo “correcto” anda libre. Su ánimo es el mismo, desvelado, hambriento, adolorido, el régimen impuesto no aplaca los sueños: los refuerza. Desgastado el cuaderno que en complicidad con los guardias mantiene junto a él, registra los signos que solemos llamar letras: Arma lacerante ante la ignominia, su verso habla de amor.

Ni la imaginación tiene límites, ni el amor por la humanidad sabe de claudicaciones. Ahora que usted lee, se escriben los más hermosos versos de esperanza. La utopía renace a cada instante en la rebeldía que expresa la dignidad. El amor es en sí, lo más humano, lo más revolucionario. Ya Ernesto Che Guevara lo dijo “sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”. Esa es la esencia de la esperanza radicada en el amor a la humanidad.

IV

El poeta que no habla de esperanza como utopía, no habla de la vida, habla de pureza, sí, pureza, esa rara idea abstraída de las academias moralizadas y pretendidas hegemónicas, que dictan las buenas formas de escribir sin decir más allá de la nada. La locura es un hábito en la poesía, tienen cierto romance, unas veces sutil y otras tantas veces abierto y poco pudoroso. Cante la poesía para la esperanza, para el amor y la locura, sean los poetas impuros transgresores de la moralidad, la académica y la hegemonía.

Tírese todo lo sabido hasta hoy, constrúyase un nuevo saber, mirando desde abajo. Demos vuelta a la interpretación de la sociedad, pongamos de cabeza lo instituido y renovemos la ilusión creadora que tiene desde su origen la palabra. Devolvámosle su sentido emancipador a las letras y a la palabra su sentido humano.

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