México. El imperialismo al ataque

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Aranceles y dependencia

El imperialismo al ataque

El pasado 30 de mayo, el multimillonario y presidente norteamericano Donald Trump anunció un incremento del 5% hasta 25% en los aranceles (impuesto a las importaciones) a todos los productos mexicanos o que se fabrican en México y que entren en territorio estadounidense, con el pretexto de que México se “enriquece a costa de los Estados Unidos” debido al tráfico de drogas, al paso de inmigrantes ilegales y al “robo” de la industria (30% de la industria automotriz estadounidense ahora está instalada en México).

Ante este hecho, el gobierno mexicano respondió diciendo que privilegiaría el diálogo para resolver el conflicto y con ello salvaguardaría las exportaciones mexicanas a los Estados Unidos de América (EUA), que representan casi 30% del Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país. Al mismo tiempo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) convocó por primera vez a las amplias masas a respaldar sus propuestas con una movilización en Tijuana, Baja California Norte.

Después de las negociaciones entre ambos países, Trump canceló el incremento arancelario gracias a un acuerdo del cual no se sabe mucho, pero hasta el momento se ha dicho que el gobierno mexicano se compromete a desplegar la Guardia Nacional en 11 municipios fronterizos; se van a desmantelar organizaciones de tráfico de personas y sus redes de financiamiento; México acogerá a quienes soliciten asilo en los EUA, mientras se resuelve su situación y les brindará empleo, salud y educación; se va a fortalecer la coordinación bilateral de seguridad en la frontera, y a fomentar un plan de desarrollo regional para México y Centroamérica. Todo esto en 45 días.

Antes de continuar, es necesario entender el contexto donde se dan estas negociaciones, pues solamente así podremos sacar conclusiones tácticas hacia el movimiento independiente, y no sólo frases envalentonadas, derrotistas o aplaudidoras.

México es una economía capitalista dependiente principalmente del imperialismo norteamericano. Durante el primer trimestre de este año, el país se posicionó como el principal socio comercial de los EUA: 80% de las exportaciones nacionales tienen como destino el vecino del norte, entre 47 y 51% de los productos que importamos son norteamericanos y 22.1% del PIB se gasta en importar dichas mercancías.

México importa principalmente máquinas (39%) y transportes (10%). Exporta principalmente productos maquilados, como vehículos; unidades de proceso; televisores; videomonitores y videoproyectores de pantalla plana; aparatos de recepción, conversión y transmisión o regeneración de voz, imagen u otros datos. Curiosamente la mayoría de las empresas maquiladoras corresponden a multinacionales con capital principalmente norteamericano, por eso más de 100 empresas estadounidenses se opusieron a la medida del presidente Trump, entre ellas Walmart, la tercera empresa con más ganancias en nuestro país durante el 2018. Esto sin mencionar el ramo de los alimentos, pues México compra a los EUA prácticamente la mitad de los que se consumen en el país: maíz, carne de cerdo, pollo, trigo, leche en polvo, entre otros.

Esta desproporción es netamente una herencia neoliberal, pues para 1982 el porcentaje del PIB en importaciones no rebasaba 5% , pero para el presente se encuentra en 39% del PIB, es decir, creció siete veces gracias al abandono del campo y la desindustrialización del país.

La batalla arancelaria dejaría mal paradas a empresas de ambos lados de la frontera, pero principalmente, a nuestro país por la gran dependencia comercial que existe.

Entendido esto, tal vez podemos notar la complejidad del proceso y cómo el imperialismo norteamericano no quiere soltar ni una pulgada de su poderío sobre nuestra economía y buscará por todos los medios posibles evitar que las medidas más antineoliberales impulsadas por el nuevo gobierno afecten al capital norteamericano y se dé marcha atrás hacia el amado entreguismo sin límites de las últimas décadas.

Con esto no queremos decir que llamamos a la unidad en torno al presidente, sino que es necesario comprender el nivel de confrontación que implica una pelea con el imperialismo para realizar un análisis adecuado de la situación y dar una alternativa concreta como organizaciones populares, independientes y que luchamos por el socialismo.

Como organización podemos decir que el actual gobierno tiene razón cuando afirma que si nosotros producimos nuestros alimentos (y demás productos), los aranceles nos harán “lo que el viento a Juárez”. Sin embargo, para nosotros la recuperación de la industria nacional no pasa por apoyarse en los empresarios “buena onda” que quieren “que México crezca 6% al final del sexenio”, pues ese crecimiento sólo se reflejará en los bolsillos de unos cuantos. No, para nosotros es una necesidad sentida y urgente que el país recupere la industria nacional, pero que ésta sea recuperada por el Estado para el beneficio de las amplias mayorías y no de unos cuantos que quieren convertirse en los nuevos magnates al amparo de la Cuarta Transformación.

Para nosotros, el desarrollo del campo no pasa sólo por repartir apoyos individuales o fomentar la pequeña propiedad; sino porque el Estado recupere la tierra vendida durante el periodo neoliberal tanto de manera legal como ilegal, y recupere el monopolio sobre la explotación de los recursos naturales del país retomando el control del suelo y el subsuelo, las costas, las riberas y los ríos, es decir, sentar las bases para una verdadera soberanía donde sea el pueblo el beneficiado por las ganancias y sobre todo sea éste quien determine la producción.

Nosotros sabemos que el nuevo gobierno no es socialista, ni expropiará a los grandes burgueses ni les otorgará todo el poder a las masas. También sabemos que eso es tarea de las organizaciones del pueblo: impulsar las medidas más antineoliberales y llevarlas hasta las últimas consecuencias; explicar a las masas los límites de las propuestas del nuevo gobierno y exponer que el único camino para terminar de una vez y para siempre con la dependencia hacia el imperialismo norteamericano es la superación del capitalismo y el establecimiento de un gobierno de los trabajadores y de todas las clases oprimidas; es decir, la única salida definitiva es el socialismo.

En nuestro Programa Mínimo de Lucha (PLM) tenemos como puntos necesarios y urgentes para dar un paso hacia la construcción de una sociedad distinta, la recuperación de la industria nacional, la soberanía y el control de nuestros recursos naturales. Estos puntos por sí mismos no construirán el socialismo, pero son pasos fundamentales para mejorar las condiciones de vida del pueblo, y cuya exigencia y logro nos embarcarán en el camino de la verdadera independencia y del gobierno del pueblo y para el pueblo.

Te invitamos a luchar junto a nosotros, a organizarte y difundir nuestras propuestas contenidas en el PLM, a destruir el neoliberalismo de raíz y construir el socialismo.

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la portada del No. 44 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Junio-Agosto 2019.

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