México. Construir organización proletaria no es sencillo

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DE TIEMPO EN TIEMPO ES NORMAL que en los agrupamientos políticos del proletariado la lucha de clases se manifieste con mayor vigor, con mayor severidad, pues no son ajenos a las contradicciones ideológicas entre la clase burguesa y proletaria que se expresan en una sociedad capitalista.

Nuestra organización, como cualquier otra, ha tenido momentos de debate, de duro forcejeo ideológico con quienes dejan de sentirse identificados con el principio leninista de organización: el centralismo democrático o con quienes buscan en la organización cómplices de conductas que debilitan el carácter proletario de la misma.

Han existido desacuerdos en la metodología de trabajo y en la táctica; pero ningún desacuerdo ha quedado sin discutirse, sin analizarse y sin generar en todos una profunda autocrítica. Han existido personas con conductas dignas de alguien carcomido por la ideología burguesa, quienes han sido expulsados después de intentar que cambien y no hacerlo. El tiempo y la forma del esfuerzo en que se intenta lograr su trasformación es proporcional a la gravedad de su falta; si de plano la consideramos profunda, preferimos que si logran cambiar lo hagan fuera de nuestra colectividad.

Como método para resolver los diferentes problemas de organización hemos utilizado la autocrítica en primera instancia y en segundo momento la crítica.

Hemos dado tiempo de reflexión, discusión y toma de acuerdos, ninguna discusión puede ser eterna y las decisiones tomadas por la mayoría deben respetarse.

Es normal que el apasionamiento de los debates tarde en bajar de nivel y es por esta razón que la distancia y el tiempo son siempre buenos consejeros, para no ahondar las heridas y los agravios que pudieron resultar de los debates.

Esto no quiere decir que aceptamos los errores inaceptables y las actitudes francamente destructivas de una colectividad sana o que intenta serlo. Quiere decir que luchamos porque las diferencias políticas, el enojo, la tristeza, la frustración, no se conviertan en rencor que nos impida ver los fenómenos y su esencia con objetividad científica, ya que eso derivaría en que nuestra táctica y nuestra metodología para enfrentar los problemas fuesen erradas.

Desde nuestra experiencia, la mejor forma de asimilar todos los sentimientos y las emociones que surgen de estos procesos es intensificar el trabajo organizativo con el pueblo: es con el pueblo, en el pueblo, donde debemos de confirmar nuestras convicciones, ideas, metodología, táctica, estrategia y programa.

Hay que organizar al pueblo, iniciar el trabajo de educación política con nuevos compañeros, irse al lugar de trabajo, al lugar donde vivimos, donde estudiamos, para realizar de manera sistemática las actividades de agitación, propaganda y organización.

Después de esos momentos amargos volvemos a empezar con la experiencia acumulada, volvemos a dar los primeros pasos y nuevamente volvemos a luchar contra el espíritu de círculo; contra los métodos artesanales de trabajo; contra el espontaneísmo; reafirmamos o volvemos a trazar un plan con objetivos claros y definidos a corto, mediano y largo plazo, trazar las tareas inmediatas…

Si tenemos la razón, si persistimos con trabajo duro, constante y efectivo construiremos nuevas relaciones políticas; si estábamos equivocados, el trabajo mismo nos enseñará cómo corregir y avanzar.

Consideramos nuestra obligación transmitir nuestra experiencia, es el trabajo concreto y cotidiano de agitación, propaganda y organización lo que nos acerca o separa del pueblo, de los integrantes de otras organizaciones y de quienes buscan alternativas para organizarse.

El camino de la organización del proletariado es complicado, el debate es necesario; pero el debate acompañado de trabajo organizativo.

“Sumergirse” en el pueblo, buscar alternativas concretas a sus problemas y necesidades; construir y educar en él la conciencia proletaria y al mismo tiempo educarnos o reeducarnos; dotarlo de una metodología concreta para desarrollar su lucha; convertir su lucha económica en lucha política; avanzar para luchar por ampliar los derechos del pueblo; avanzar para luchar por la democracia popular y el socialismo.

Hacer círculos de estudio, redactar y repartir volantes, crear nuevas publicaciones. Cada semana conocer a alguien más, convencerlo, construir el programa, el lineamiento político adecuado…

Esas tareas deben consumir nuestras reflexiones, a su cumplimiento debemos dirigir todos nuestros esfuerzos, vale la pena no dormir y trabajar el doble si construimos con el pueblo, en el pueblo organización clasista, independiente, combativa…

Podemos identificarnos por el discurso, pero siempre acompañado de los hechos, de la praxis transformadora que desarrollamos. Hacer, hacer, hacer con principios, con planes, con objetivos; de manera persistente, tenaz, cotidiana, eso nos ha salvado, porque ese es el método que aprendimos de Marx, Engels, Lenin y de los mejores hijos del proletariado mundial y mexicano.

Las tormentas pasan, que no pasen en balde: aprendamos.

 

¡Proletarios de todos los países, uníos!

 

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la Editorial del No. 54 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Junio, 2020.

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