México: Congreso de Yucatán desvergonzado

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No sorprende pero sí indigna, nuevamente el Congreso de Yucatán votó en contra del matrimonio igualitario, la mayoría de los diputados yucatecos mantiene su postura de negar los derechos humanos para responder de la manera más cínica a intereses particulares de grupos ultraconservadores, mismos grupos que disfrutan de la prostitución pues la consumen y fomentan en los bares y negocios de los cuales son dueños, la pedofilia sacerdotal con la cual se persignan todos los domingos, la violación sistemática de los derechos humanos por la violencia que arroja a miles de seres humanos a la pobreza extrema, la trata de mujeres y de infantes, el tráfico de drogas, la corrupción del poder, la opresión de la mujer, el trabajo infantil evidente en las calles de la ciudad de Mérida, la sobre-explotación de los trabajadores y trabajadoras demostrándolo con su silencio cómplice sobre cada uno de estos temas. Con total desvergüenza dicen cual rosario que sus actos están encaminados a respetar el orden y los valores morales, valores que justifican la desigualdad entre hombres y mujeres establecida desde la época colonial y sostenida por la hegemonía católica liberal-conservadora que además controla la economía estatal, la exclusión de la diversidad en materia legal es sinónimo de verdadero rostro de las cúpulas más altas de la segregación clasista de nuestra sociedad. El mensaje es claro; es tiempo de construir una sociedad justa, igualitaria, equitativa y verdaderamente democrática con la participación de todos y todas los oprimidos y marginados. 

Las leyes morales suelen ser cárceles más punitivas que las mismas penitencias físicas, ¿Quién puede decir cómo se debe ser? ¿Por qué el ser humano debe regirse por moldes y esquemas prefigurados? ¿Acaso no es la libertad nuestro primer derecho? Hay en el prejuicio algo más que sólo tradición, es tan grande su peso, que repercute en todos los ámbitos de la vida, la sociedad tiene muy marcada las pautas que dicta, resulta inaudito para muchos concebir otras formas de ser, de pensar y de sentir fuera de los moldes rígidos que desde siglos arrastramos, admitir y valorar el derecho que cada uno tiene es una tarea de todos, escapa de la imparcialidad o la indiferencia, evadir los reclamos sociales agudiza la injusticia. La regulación punitiva acompaña a la tradición, aquella que promete castigos para quien no se rija por ella, el miedo condiciona y controla. El derecho a lo diverso es humano, no hay humanidad sin diversidad. 

La libertad es connatural al ser humano, la lógica de las leyes no siempre ha respondido a lo largo de la historia humana a este hecho, muy al contrario, puede observarse como mediante el dominio y el control del Estado, las leyes regulan y condicionan las relaciones sociales según los intereses y valores de la clase en el poder, hoy en Yucatán nuevamente a quedado claro que la burguesía doble moral no quiere el ejercicio de la libertad mediante las leyes, pero olvidan que la libertad no es ni será jamás un ámbito legal de manera formal y único, la libertad es esencia humana, no es un abigarrado corpus legaloide, la libertad es espíritu y no pudor vulgar que encubre lo oscuro de los deseos reprimidos de quien pretende obligar a la diversidad a ser según lo que conviene a la hegemonía putrefacta del sistema que nos rige. Querer encajar en moldes homogéneos lo que es heterogéneo de origen es una contradicción que niega la belleza de la esencia humana. 

Nuevamente el ejercicio de la política basada en el provecho personal y no en la búsqueda del bienestar social, los diputados que votaron en contra no pretenden formar colectividad, quieren mantener el egoísmo individualista para usar la fragmentación humana como estrategia de control. Otra vez los tiempos del oscurantismo cubren los cielos para dar paso al flagelo desgarrado de la vergüenza, el Congreso de Yucatán cree haberse revestido de indulgencia plenaria (quizás consigan la que otorgan los padres pedófilos), pero en realidad únicamente se han puesto el manto de la ignominia forjando su lugar en la Averno, junto a los grandes traidores de la historia en la mera Judeca, como lo destinara Dante Alighieri en su magnífica obra la Divida Comedia. La traición radica en la negación efectuada para que la ley reconozca a todos como sujetos de derecho, negar el matrimonio igualitario es solo una forma expresiva de la discriminación tatuada en la piel envejecida de una sociedad que se transformó hace mucho y que hoy sus leyes no alcanzan a comprender ni a representar: los tiempos nuevos traerán consigo nuevas constituyentes. 

 * Cristóbal León Campos. Integrante del Colectivo Disyuntivas

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