Publicado en: 21 febrero, 2018

México: Algunos problemas de la praxis democrática en el contexto político actual

Por Eurístides De la Cruz

2018 es para el país mexicano un año electoral en el se convoca a elegir Presidente de la república, senadores y diputados, en medio de una crisis de violencia económica, social y ambiental. Ante dicho proceso, esta es una ineludible reflexión en torno a la incipiente democracia imperante.

 

La reflexión sobre el contexto político mexicano actual, conduce a cuestionar múltiples problemas inherentes tanto al modelo democrático como a particulares características de la sociedad contemporánea, entendiendo que tanto la propuesta democrática como la vida social son producto de un desarrollo histórico intensificado con la modernidad, y fundado en ideas propositivas del bien común. Para ejemplo, aquellas que reivindican la extensión de los derechos políticos, la libertad personal, de opinión, reunión y asociación, pero también en ideas impulsoras de conflictos, como es el caso de la propiedad privada, el libre mercado y el sistema de partidos.

La ampliación de la dimensión política al llamado sufragio universal, aún y cuando es resultado de un intento por incluir a la totalidad de los ciudadanos en la elección de los gobernantes, es un logro que no ha erradicado la exclusión de gran parte de la ciudadanía en la toma de decisiones. Además de que el viejo adagio de que todos pueden ser electores pero no elegidos, sigue restringiendo el acceso de amplios sectores de la sociedad a cargos públicos, a pesar de que la ley sostenga la igualdad ciudadana de participar políticamente, cierto es que los canales de representación popular continúan dominados por élites cuyo poder económico les coloca en notable ventaja ante el ejercicio del poder.

Por otra parte, la libertad personal, de opinión, reunión y asociación, se encuentran sometidas a un poder de carácter democrático sumo cuestionable, que incluso pisotea las leyes creadas para protegerlas. La libertad personal carece de sentido en una sociedad donde las condiciones de inseguridad por la vida misma, la integridad y la desigualdad de oportunidades son imperantes. La libertad de opinión no trasciende en logro democrático si su expresión no repercute en la praxis política, pues no basta con aceptar que existan opiniones diversas, sino que es inminente su eco en la discusión de la toma de decisiones. En lo que respecta a la libertad de reunión y asociación, resulta problemático asentir su plenitud en una sociedad vigilada, donde además se fortalece la intervención y control policiaco-militar sobre los espacios públicos, la vida comunitaria y los grupos disidentes.

En el caso del dogma de la propiedad privada, éste ha servido de argumento al establecimiento de formas de dominación económica que traen consigo efectos adversos a comunidades rurales y urbanas, pues en nombre de la propiedad privada y el libre mercado sucede el despojo territorial, la mercantilización de la naturaleza, la cultura, y por ende la gestación de profundas desigualdades en detrimento de una sociedad democrática y justa. Sin embargo, la propiedad privada como forma de dominación económica y política es poco analizada en la reflexión sobre la democracia, dado que se ha establecido como un elemento incuestionable de la democracia moderna, y con ayuda del modelo neoliberal se instituye cada vez más fuerte por la unión de las leyes con las élites económicas nacionales y trasnacionales.

Finalmente la idea de los partidos políticos como vías populares de participación en el ejercicio del poder para el bien común, se encuentra hoy en día sobrepasada, a tal grado que la desconfianza y aversión hacia los partidos no es cosa extraña para tantos ciudadanos y ciudadanas. El excesivo poder de los partidos, dirigido también por élites, pone en cuestión la legitimidad del sistema electoral y de la representatividad, ya que monopolizan el acceso al poder, en palabras de F. De Carreras (2017) cuando se ponen de acuerdo para ejercer un poder transversal que se apodera de los distintos órganos del Estado, se está en una partidocracia, negación del acotamiento del poder y por ende de la democracia.

Aunque existe una presunta inclusión de la sociedad civil en la toma de decisiones y acceso al poder, ésta resulta bastante débil remitiendo más bien a una simulación inclusiva; a la par, la novedosa dinámica de las candidaturas independientes que ha tomado relevancia en el país, no escapa del peligro de su acaparamiento por las élites económicas y políticas, como una nueva vía de acceso al poder por colonizar. La reflexión anterior incentiva a cuestionar el rumbo práctico de la teoría democrática en México, si es que la democracia es la mejor de las peores formas de gobierno como sostuvo Aristóteles, o la mejor de las posibles como dicta la modernidad. Si se quiere seguir impulsando su permanencia histórica, es entonces ineludible cuestionar el status y rumbo de ésta forma política, acentuando en la amplia distancia entre la teoría y la praxis, sin temor a ser catalogados de antidemocráticos.

Por: Eurístides De la Cruz

 

Bibliografía:

De Carreras, F. (2017). La democracia degenerada. En, El País, 15-01-2017.

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