Mewin: Envenenados por CELCO

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Hasta hace unos pocos años atrás, esta hermosa caleta vivía en las rencillas simples de una familia cualquiera: roces pequeños, uno que otro enojo, alguna mala cara, pero nada más que eso entre la felicidad de un pueblo que desarrollaba su vida en torno a un mar propio, donde cada uno era dueño tanto como el compañero. Pero CELCO clavó sus colmillos como la peor fiera, destruyendo un pueblo que hoy se mira con odio, se ataca y se trata como enemigo. Un pueblo dividido entre quienes se vendieron y quienes no al demonio forestal.

“Antes nos juntábamos todas aquí, a la orilla, esperando a nuestros viejos, echábamos la talla, conversábamos hasta que nuestros pescadores llegaban de alta mar, hoy nos tenemos miedo entre nosotros… cuánto me gustaría que las cosas volvieran a ser así, antes de que CELCO llegara a nuestro pueblo”.

Escuchar a Mónica provoca una sensación de rabia furtiva, furtiva en un comienzo, cuando poco a poco se dimensiona lo que una empresa forestal apoyada por el propio Estado, ha hecho entre un pueblo que no sólo se logró organizar en unidad contra la maquinaria de la Celulosa Arauco-Constitución, sino también un pueblo que hasta la llegada del grupo Angelini a sus tierras, vivían en comunidad desde su existencia, compartiendo familias, amigos, luchas, llantos y largas esperas por cada tarde cuando un pescador volvía de alta mar.

Cruzando desde la caleta de Mewin, al otro lado del río, antes de llegar a Missisipi, una especie de “monolito”, de esos levantados para recordar a los muertos, llama la atención. Es ahí donde precisamente se recuerdan a los pescadores que apagaron su vida entre las olas del pacífico, entre redes y cielo amplio, mientras recogían el sustento que los devolvería a tierra firme.

Los muertos no están divididos entre vendidos y no vendidos, se quedaron bajo tierra siempre unidos con todo un pueblo llorando la partida de sus hijos. Hoy, esas palabras de Mónica reflejan lo que CELCO dejó bajo tierra, enterrando junto a los muertos la unidad en un solo puño de los pescadores y lafkenches de la Bahía de Mewin con el más sucio de los trucos, la tentación a la pobreza con sus cheques mal venidos firmados por la arrogancia de los ricos de este país.

Mónica es una de las mujeres que hoy sigue en pie firme contra la instalación de un ducto en Mewin, construcción que amenaza con destruir los recursos con los que las familias de esta zona costera valdiviana han sobrevivido siempre.

La planta de CELCO, está ubicada a unos 5 kilómetros de San José de la Mariquina en la nueva Región de Los Ríos. Desde hace casi doce años, este demonio forestal amenaza de muerte a los pescadores. Ante eso, el pueblo costero comenzó a organizarse partiendo por la confluencia en el Comité de Defensa del Mar que tendría como principal objetivo impedir la instalación del ducto que pretende trasladar los desechos de la planta de celulosa hasta sus costas.

Estratégicamente, en estos últimos años, el trabajo del comité se centró en impedir la realización de los Estudios de Impacto Ambiental EIA, trámite legal necesario para comenzar a ejecutar el proyecto de la instalación del ducto y que cuenta de tres etapas para su realización. Hasta hace un año, CELCO no había logrado realizar ninguno de los EIA debido precisamente a la fuerza opositora contra la que estaba chocando en Mewin. Algo de eso se vio por los informativos nacionales cuando la armada chilena efectuó disparos contra los pescadores que cuidaban en alta mar.

Claro estaba que la pelea que darían era contra un gigante que siempre ha contado con el respaldo oportuno de la concertación tanto para colaborar en la aplicación de los estudios de impacto exigidos por ley –lo que implica prácticamente la instalación del ducto- como para asegurar que se realicen las exploraciones en subsuelo por el supuesto “descubrimiento minero” que la empresa, coincidentemente, hizo en el sector que une su planta con la bahía de Mewin, artimaña burda usada por el demonio forestal para comenzar a trabajar en las 5.790 hectáreas que CELCO pretende expropiar con la aprobación del estado chileno y trayendo consigo el odio y la división entre quienes luchaban con un solo puño.

CONTRATANDO CONCIENCIAS

Este famoso ducto, no es más que un tubo que pretende trasladar los desechos industriales de la papelera a una zona “protegida” por ley y donde vive una comunidad de pescadores y lafkenches que hasta 12 años vivían en la calma de la “democracia”.

De este tipo de ideas brillantes de CELCO ya conocen otros sectores del país, incluso en la misma zona del sur, como el desastre en el Río Cruces en 1998 que sucumbió a los cercos informativos al comenzar a difundirse las imágenes de los cisnes de cuello negro muertos o trastornados en su tradicional hábitat natural todo gracias a la contaminación del cauce provocada por la celulosa. O también lo sucedido en el Río Mataquito gracias a la planta Lincancel, construida en 1976, que provocó un desastre ecológico atentando contra la fauna y la gente delatando la cesantía obligada de pescadores y agricultores gracias, nuevamente, a la contaminación de CELCO.

Y claro, CELCO, propiedad de uno de los grupos económicos más poderosos del país y encabezado por el recientemente muerto Anacleto Angelini, ante la fortaleza que se había generado en la costa sureña buscó las formas necesarias para lograr su objetivo a toda costa sin importar los medios.

Para eso estos empresarios “que visten Armani” no encontraron mejor manera de lidiar con el pueblo mewinense que tentando a la pobreza y la conciencia débil, presionando a los pescadores a vender por medio de un contrato no sólo su postura ante la instalación del ducto, sino también a muy bajo precio su dignidad.

Así, CELCO, comenzó a tejer las redes necesarias para acercarse a pescadores vulnerables que accedieran a negociar sus posturas frente a la ejecución de los EIA a cambio de unos cuantos millones de pesos. A mediados del año pasado, la empresa encargó al presidente del Club de Deportes Valdivia, Jorge Salazar, realizar este “trabajito” y comenzar a buscar a pescadores que estuvieran dispuestos a venderse. Muy aplicados, ya en octubre del 2007 los sicarios de Celco lograron que uno de los principales opositores al ducto y presidente del sindicato Número 3 de Pescadores Independientes de Mewin, Joaquín Vargas, en una actitud indigna y traidora, tranzara con los forestales y se dispusiera a colaborar férreamente a cambio de los suculentos cheques provenientes de la empresa Angelini.

Por medio de un contrato denominado por ambas partes “Convenio de Colaboración Recíproca” se aseguraban los pagos por parte de la empresa a quienes firmaran con CELCO para que la empresa lograra realizar los EIA en la costa sureña. La idea, tal como dice el documento, es «trabajar en pleno espíritu de colaboración en los estudios y mediciones, en particular aquellas a realizar en invierno y verano, que resulten necesarios para explorar la factibilidad de construir y operar un emisario submarino de propiedad de la Sociedad, en el área de la bahía de Mewin».

Hoy, CELCO ya desembolsado 4.500.000 pesos por pescador vendido, lo que significa en total para la empresa un desembolso de unos 10 millones de dólares invertidos muy bien acorde a sus objetivos, pues ya se realizó el primer de los estudios con la colaboración de buena parte del pueblo de Mewin, logrando, por medio de la instalación de la violencia entre la misma gente que se ha expresado en ataques contra los pescadores que no se han vendido y con la infaltable colaboración del gobierno, quien desde hace ya tres semanas mantiene a fuerzas especiales de carabineros instaladas en la escuela básica de la Caleta de Missisipi, con micro y guanaco incluidos.

Es cierto que de su miseria no se puede culpar al pobre, que lo hecho por CELCO fue precisamente hincar el diente donde podrían sacar la mejor mascada, pero es cierto también que los millones que han recibido quienes han negociado con la empresa son hambre para el futuro.

La tensión se respira en Mewin, después del ataque perpetrado por pescadores contratados por CELCO a la sede del Comité de Defensa del Mar hace cerca de un mes, el pueblo se mantiene en polarizado, con temor a quienes conocen desde hace años, con quienes han compartido prácticamente una vida.

Es cierto que de su miseria no se puede culpar al pobre, que lo hecho por CELCO fue precisamente hincar el diente donde podrían sacar la mejor mascada, pero es cierto también que los millones que han recibido quienes han negociado con la empresa son hambre para el futuro. Hoy, el pueblo está polarizado, nadie quiere salir sólo, y el dolor se ha instalado entre quienes ahora ven cómo, aquellos en quienes habían depositado toda su confianza, aquellos a quienes admiraban por su compromiso y convicción, hoy son capaces de atacar incluso con armas por CELCO.

Un río divide a la caleta de Mewin de la caleta de Missisipi, en ese río, ahora se dibujan los odios que CELCO logró imponer en el pueblo, tentando a los pescadores y lakenches que se vendieron y que hoy, bajan el rostro cuando se les pregunta por el contrato que firmaron. Varios de ellos aseguran que el contrato implica sólo los estudios, que ellos no se han vendido al ducto y que incluso, son capaces de entregar su vida para que CELCO no logre instalarlo desde su planta en San José de la Mariquina hasta la costa de la que viven, incluso, llegan a hablar de arrepentimiento.

Claro está que este demonio forestal dio un golpe inescrupuloso y sucio como su proyecto, inyectando la desconfianza para algunos imposible de reconstruir entre los habitantes de Mewin y Missisipi, pero este golpe no es uno que atente contra una parte pequeña de nuestros pueblos, este es un atentado contra todos nosotros.

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