Mentiras que apestan.

&nbsp Hay personas que creen que lo de la verdad es relativo y sin embargo tienen claro qué es una mentira. Somos monoteístas hacia la verdad, pero todos sabemos que hay muchas maneras de mentir. Está, por ejemplo el mentir que se levanta con el día y el mentirse a sí mismo con el que muchos lo cerramos. Otros dicen que hay mentiras pequeñas, grandes, médicas y estadísticas.&nbsp

&nbsp Incluso hubo un tiempo que una servidora coleccionaba maneras de mentir; ahora las he olvidado casi todas, ¡olvidar! esa mentira a la que nos condena la edad. Estaba el no decir la verdad, la verdad incompleta, el hablar sin decir nada, el responder a otra pregunta, el responderla de manera que el otro crea que mientes, decir lo que el otro quiere o necesita oír… en fin, la campaña electoral me devuelve algunas maneras de mentir que creía olvidadas.

&nbsp La mentira, al igual que la escritura o el dinero tiene un matiz escatológico maravilloso. De las cuatro condiciones de la vida: el extraer nutrientes del medio, el transformarlos en energía, la excreción de deshechos y la reproducción, no hay nada tan parecido a una producción nuestra como la producción de mierda. O por decirlo de manera menos personal, de basura. Lo que dicen los psicoanalistas acerca de que la escuela a veces hace retroceder del estado genital al anal, podría extenderse a la empresa o el mercado. Somos productores de basura en la misma medida en que somos creadores de envases, y cuando afinamos incluso nos salen escritos, dinero o mierda, y si nos ponemos espirituales o comunicativos mentiras, claro.

&nbsp La diferencia entre basura, que se tira, porquería que también se tira pero a veces se guarda, y mierda, que como no la saques de dentro ya verás, es una cuestión de envases. Tanto es así que cuando se habla del aumento de consumo de antidepresivos se habla del aumento de consumo de envases de antidepresivos, para aclararnos, o para consolarnos de esa paradoja de la medicina que consiste en que la sociedad cuando tiene más recursos sanitarios está más enferma. Siguiendo una ley consiliente que engrana con&nbsp que se guarda tanta porquería como sitio tienes para ella o se trabaja tanto como tiempo dispones, y si te falta trabajo lo llenas con cosas que compiten en penosidad con el trabajo, del mismo que el no creer en Dios no te pone a salvo de no creer cualquier tontería.

&nbsp Consumimos envases para mentiras porque la verdad es una pesadez, una mentira que se ha olvidado que lo es. Y qué bien le sientan los velos a la muy bruja. Pero producir producir, el producto interior bruto, es una mierda. O va a serlo en ese poco tiempo que tarda la vida en hacer la digestión de nosotros, en nosotros. Y a partir del momento en que las cosas se vuelven más fáciles de hacer que de vender producimos mentiras. Para que no decaiga.

&nbsp La mierda y la mentira han alcanzado ya la entrada del aire acondicionado porque en nuestra época es hacer el tonto no dejarse engañar por ciertas mentiras que están ahí por nuestro bien, que, como en el cine si no te enganchas es que has pagado demasiado por la entrada; en la sociedad de la información si no te lo crees,&nbsp pues peor para ti. Nos gusta viajar, creemos en la metanoia, en la transfiguración, para tener un cierto control sobre la distancia, a veces nos vamos de viaje simplemente buscando algo de sombra y buen olor, porque por aquí empieza a apestar a nosotros. Simpatizamos en eso con las mentiras, que pueden dar la vuelta al mundo mientras la verdad se pone los zapatos, como señalaba Marck Twain.

Nuestros políticos, como por otro lado las naturalezas vivas, no se mienten más que un momento: a continuación su mentira las enreda a ellas mismas,&nbsp están entonces convencidas y legales. Y entran (inter assinus, pulcher et fortissimus!) en escena las convicciones, que como es sabido, son unos enemigos de la verdad mucho más peligrosos que las mentiras. Una verdad privada es siempre menos convincente que una mentira pública. La publicidad persuade de su autoridad. La “autoridad “ emanada de la “publicidad” se inscribe en un recinto de falsa familiaridad antropológicamente pre-escrituario en el que las adhesiones fiduciarias e incondicionales impiden la distancia desacralizadora del análisis y la crítica.

&nbsp El sentido del olfato es el primero que se acomoda, que se acostumbra y ya no nota. No se notan las mentiras y la mierda deja de apestar. Pero si nos gastamos tanto dinero envases y otras elecciones es porque a veces uno no se acostumbra y por mucho que sea de lo más natural que se mienta y se ensucie, hasta que uno no deja de levantar la ceja, de fruncir la nariz, no puede dejar de considerar la producción de mensajes electorales como una cagada interminable.

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