Me movilizaré, pero no por CCOO Y UGT

No deseo ni siquiera entrar en profundidad en aspectos tan indignantes como la evolución profesional de algunos de sus dirigentes. Tenemos algunos conocidos ejemplos: José María Fidalgo, fichando por el Instituto de Empresa; Joaquín Almunia, de responsable de economía de UGT a Vicepresidente de la Comisión Europea y comisario europeo de Competencia, “con todo el morro”; pasando por personajes como Antonio Gutiérrez, actualmente en el PSOE, o la, al parecer muy enriquecida “trabajadora de banca”, María Jesús Paredes.

Tampoco entro en asuntos como el negocio del desempleo que los dos sindicatos mayoritarios mantienen embolsándose hasta un 10% del coste por despido en cada ERE, ni en las alusiones a diferentes traiciones por parte de estos sindicatos, como en el caso de Sintel.

Todo ello sería ya muy condenable, pero parece ser que lo de las cúpulas de estos sindicatos mayoritarios no tiene fin. Ya metidos en la crisis han seguido aceptando moderaciones y recortes de salarios, parecen no enterarse que no es una crisis es una estafa, en su línea de sindicatos desideologizados que forman parte del pesebre político a través de las subvenciones que reciben. Han aceptado de buen grado la reforma de las pensiones después de realizar una huelga tardía, precisamente en contra de ese nuevo saqueo a los trabajadores, en la que todos perdimos nuevamente nuestro dinero y nuestros derechos. Se muestran prácticamente impasibles ante los recortes que día a día vamos soportando la ciudadanía, no realizando más que huecas declaraciones sin tratar, en absoluto, de animar y coordinar de forma digna la lucha, en contra de este golpe de estado, de todos los que, ya muy cabreados, soportamos este régimen de cleptocracia que nos imponen.

Todos sabemos que lo peor que le puede pasar a una persona es no respetarse a sí misma. Pues bien eso les pasa a este patético dúo. Ante los reiterados ataques en su contra: pues también reciben recortes, son desprestigiados por parte de los medios pagados por los interlocutores políticos y empresariales con los que negocian, se debilita el derecho a la negociación colectiva (base de su existencia)… pero ellos siguen como si el mundo no cambiase, acorazados en la irritante moderación de los que no están convencidos de lo que hacen.

Bien, pues por todo lo expuesto, y aunque sé que es momento de unión y no de divergencia, y quizá precisamente por esto, quiero decir que a partir de ahora mis movimientos reivindicativos no vendrán en apoyo a ninguna llamada de estos sindicatos, sino a los de colectivos sociales más o menos organizados que dan todos los días la cara en la calle, mientras que las cúpulas de estos sindicatos, quizá con el no reconocido beneplácito de sus  sectores críticos, se toman el café con los poderes fácticos de este expoliado país. Por tanto, yo saldré a movilizarme el día 19 de Julio con todos mis conciudadanos, pero no alrededor de las banderitas de plástico rojo (parecen de película del, en este caso admirado, Akira Kurosava), cuya parafernalia logra hacer más el “indio”, que me perdonen los antiguos habitantes de América, que dar la imagen de una verdadera reivindicación. Entre otras cosas porque yo el día 20 de Julio seguiré luchando en la calle con el resto de las personas que aún tratamos de respetarnos, y ellos echarán, muy probablemente, el cerrojo vacacional hasta alguna lejana fecha posterior al verano.

 Si es verdad que quieren acabar con todo, esto no admite más demora, debiendo ser las respuestas contundentes, inmediatas e incluso preventivas y con el convencido ánimo de ayuda a los que trabajan (sean parados o no).No realizando una labor balsámica que frene el impulso de indignación de la ciudadanía y esperar a que la estafa se haya consumado. ¡Vamos a empezar a decir las cosas por su nombre!

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