Máximo Relti: «Los sepultureros del 15M. De la crisis del «régimen del 78″ a la Tercera Restauración»

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Un 15 de mayo del 2011, sin consultar a nadie, – escribe e, l colaborador de Canarias SemanalMáximo Relti – miles de jóvenes se echaron impetuosamente a la calle. Sin experiencia ni organización, políticamente desorientados, habían comprendido instintivamente que las instituciones del Régimen heredado de la pasada dictadura no servían para nada. En las calles permanecieron hasta que «mágicamente» el poder, a través de sus poderosos medios de comunicación, sacó de su chistera a una troupé de flautistas de Hamelin, que a los acordes de ensoñadoras canciones volvieron a conducirlos al redil institucional del régimen político que hasta hacía poco los propios flautistas habían estado denostando (….)

    Posiblemente, en la perspectiva del tiempo, los futuros historiadores  se encontrarán en condiciones de poder constatar hasta qué punto el papel desempeñado en España durante las últimas cuatro décadas por la socialdemocracia, a la que según las épocas también  se le podrían endosar los apellidos de «progresía» o «reformismo»,  logró «desenfocar»  exitosamente el deseo objetivo de alcanzar cambios sociales, económicos, políticos y culturales,  que se encontraban  latentes en amplios  sectores  de la sociedad.

      En no pocas ocasiones se encargaron de desempeñar ese papel de  «aguafiestas sociales» partidos políticos tales como el PSOE que,  tras la máscara de «lagarterana radical», fue capaz de poner en marcha durante la década de los 80 del pasado siglo un programa de transformaciones neoliberales que  convirtieron a España en un Estado humillantemente subalterno al complejo financiero-industrial  que domina la  Unión Europea.

   En otras secuencias históricas, fueron los sindicatos, supuestamente «de clase», integrados por una asentada casta de burócratas sin historia, los que hicieron tragar carretas y carretones a los asalariados de este país, arrastrándolos a la penosa situación de precariedad laboral, paro, incertidumbre social y bajos salarios en la que se encuentran hoy.

     No se quedó atrás, tampoco, la formación política IU, que encandilada por el fenómeno del electoralismo político, terminaría convertida en permanente portalevitas del PSOE o de Podemos, según correspondiera.

      Pero hete aquí que  lo más joven y dinámico de la sociedad española, azuzado por la brutal crisis económica del 2008, decidió  un 15 de mayo del año 2011, sin consultar a nadie, echarse impetuosamente a la calle. Sin experiencia ni organización, políticamente desorientados, decenas de miles de jóvenes habían comprendido instintivamente que  las instituciones del Régimen políticamente heredado de la dictadura no servían para nada, que  la resolución de sus problemas no podían encontrarla en otro lugar diferente al de la lucha en la calle.

     Con aquel enorme impulso nació,  de forma espontánea y sin contar con preparación alguna, el Movimiento 15M, después de decenas de años de silencio,  desmovilización y sin que en este país se moviera ni una sola paja. Pese a ello, la «izquierda invidente» no sólo fue incapaz de comprender este  fenómeno social sin precedentes, sino que se aventuró a ir aún más lejos: se atrevió a rechazarlo porque, supuestamente, aquellos desordenados asamblearios no les permitían  exhibir sus banderas partidarias en los acalorados  y multitudinarios foros de debate. Algunos incluso sostuvieron, y aún sostienen, la «teoría» de que toda aquella revuelta no fue más que una «operación conspirativa de los poderes establecidos» para evitar otra respuesta popular con orientación revolucionaria que, en realidad, nadie esperaba ni estaban en condiciones de propiciar quienes rechazaron el 15M de manera preventiva.  En realidad, la reacción de esta «izquierda invidente» no fue más que un rechazo a lo que no comprendían y una manifestación, consciente o no, de su propia incapacidad para desempeñar el papel de vanguardia que se otorgaban a sí mismos, pese a no disponer de ejército social alguno que los respaldara. Y eso  sucedía a pesar de que esta  izquierda cegarruta  tenía al alcance de su mano didácticos precedentes históricos, como la  Comuna de París o los eventos del año 1905 del pasado siglo, en Rusia, para haber aprendido cuáles son los mecanismos que provocan los estallidos sociales y qué se debe hacer ante ellos.

    Los ahora náufragos supervivientes de una historia ciertamente gloriosa, fueron incapaces entonces de ver un palmo más allá de la punta de sus propias narices y, por supuesto, tampoco se dignaron acudir a las plazas para tratar de constatar, in situ, si su «teoría»  disponía de alguna base real que la justificara.

    Por otro lado, como no podía ser de otra manera, ante aquella sorprendente situación emergente la alarma cundió entre todos los partidos del sistema o que le hacían a éste el caldo gordo. Urgía, apagar el fuego que, según ellos, lo amenazaba todo.  Amenazaba  a las instituciones, a  la estabilidad de los partidos, a  los sindicatos burocratizados y al aparato mediático que durante tantos años había servido  con rigurosa docilidad a la Monarquía.

     Recuerdo haber contemplado por aquellas fechas las expresiones  de pánico impresas en los rostros de conocidos personajes mediáticos, que eran abordados e increpados en sonoros escraches por centenares de personas en las calles de la capital del Estado. Se trataba de personajes que estaban convencidos de que sus fechorías políticas habían pasado desapercibidas para los consumidores de los mass media.  No  entendían el sentido  de aquel desconcertante fenómeno que lograba apabullarlos y meterles el miedo en el cuerpo. Por mi memoria desfilan, igualmente, las instantáneas de un escrache a  la prepotente cleptómana Cristina Cifuentes, a la que los vecinos de un barrio madrileño pusieron ante su propio espejo. No puedo olvidar, asimismo, la imagen de un patético  Cayo Lara,  entonces Coordinador de IU,  un genuino producto politico de la transición monárquica, que intentó  «colarse» en una de las protestas del 15M, acompañado por una nube de cámaras de televisión y periodistas. A base de «gorrazos» de agua le obligaron a poner pies en polvorosa, rechazado despectivamente por cientos de manifestantes que lo habían sorprendido en plena maniobra.

    Sin embargo, la realidad es que el 15M que no era un movimiento político tan peligroso, que contuviera en sí mismo la envergadura suficiente como para poner en solfa las bases del sistema politico dominante. El 15M era sólo un síntoma, no un diagnóstico. Pero la «izquierda invidente» no supo detectar el fenómeno que evidenciaba ese síntoma, y mucho menos realizar el diagnóstico pendiente que habría  permitido aprovechar sus potencialidades. De ahí la vida vegetal por la que hoy continua transitando.

  LOS  «TOPOS»,  ¿ EL BRAZO «TONTO» DEL ESTADO?

     Pero de lo que los integrantes del 15M  nunca fueron conscientes era de que  que el Estado no dispone solamente  de recursos represivos para  desarticular todo aquello que comprometa, siquiera potencialmente, la estabilidad del sistema. Después de que el incipiente movimiento social lograra  afrontar exitosamente el potente despliegue de la represión, incluso reforzada por  normas legislativas tales como la «Ley Mordaza» que condena a sus infractores a durísimas penas económicas y de prisión, el Estado hizo uso del conocimiento que le conceden siglos de experiencia en el control social, transmitida generacion tras generacion  a través de sus sucesivos administradores.  Ante el desafío que supuso el 15M, el Poder  procedió a utilizar otros métodos de «persuasión», menos contundentes que el uso de la porra pero más efectivos  y sofisticados en cuanto a la obtención de resultados.

    Los «topos»  son una suerte de personajes cuyo cometido consiste en tratar de  mimetizarse formalmente con la protesta, para hacer posible que sus actuaciones en el seno de la misma les permitan reorientar su sentido y objetivos. Y así sucedió. Como por «arte de la magia»,  medios de comunicación «progres» como La Sexta TV sacaron de su chistera a oportunos «conejitos radicales» que,  usando un lenguaje  supuestamente «incendiario»,  intentaron ocupar el papel de pretendidos «mentores» ideológicos de aquella rebelión social.

     Personajes tales como Pablo Iglesias,  Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón, etc. etc., fueron paseados hasta el  hastío por los platós de las televisiones de toda España, hasta lograr convertirlos en símbolos de referencia del 15M, aunque la mayoría de ellos ni siquiera había hecho acto de presencia  en las multitudinarias asambleas del movimiento. La generosa prodigalidad con la que los medios acogieron a estas nuevas estrellas resultaba tan evidente que ni siquiera a ellos mismos en su gigantesco ego, debió de habérseles pasado desapercibida la desproporcionalidad de aquella acogida mediática.

 «Noemi Santana se atrevió

a asegurar ante la prensa

que «gracias a  Podemos se

ha logrado parar una enorme

explosión social»

    Lo que sí es cierto es que los «topos» hablaban con un lenguaje renovado, diferente al aburrido discurso críptico utilizado habitualmente por los políticos del Sistema. Atacaban a la Banca, decían querer acabar con la Monarquía, denunciaban la corrupción imperante en el sistema político del bipartidismo turnante que le servia de muleta a la Monarquía. Al contrario que los politicastros del Régimen del 78,  los «topos»  señalaban  con su dedo acusador  a la Europa capitalista que nos tenía con la  soga al cuello de la «deuda impagable». Con su lenguaje innovador, pero también intencionadamente ambiguo, afirmaban que ya no existía ni «la izquierda ni la derecha», que aquello eran conceptos viejunosAseguraban que el enemigo de «los de abajo» era una suerte de «casta», de significado multivalente e indescifrable, que sustituía al concepto de «clase social» que hasta entonces conocíamos. Los «jóvenes bárbaros  de la Academia»  clamaban también por  la liquidación  de todo el andamiaje  heredado del franquismo . Por fin parecía que  habíamos encontrado a los precursores de la «buena nueva» en la España somnolienta de la postransición. Sólo nos faltaba, según nos indicaban los nuevos profetas, seguir el sendero que ellos mismos nos  habían empezado a marcar.

      La manera en la que concluyó el bluff  está hoy a la vista de todos. Y no sólo por la radical revisión a la que fueron sometiendo «discurso redentor»  sino, sobre todo, porque, como no podía ser de otra manera, han terminado  recorriendo el mismo camino trillado que hace 30 años ya había transitado el PSOE.

¿FARSANTES O SIMPLEMENTE NIÑOS PIJOS?

      Aún  hoy en día, no son pocos  los que siguen  devanándose  los sesos, intentando  descubrir  si estos «agitadores sin causa»  fueron o no «agentes»  del Poder, que  inteligentemente este habia situado en el centro de aquel  huracán que se llamó el movimiento del 15M.  Sim embargo, hoy lo importante  no es saber si estos ridiculos personajes conocieron o no la intencionalidad de la  operación política en la que habian participado.  En el desarrollo de los  fenómenos sociales, la clave de los mismos suele encontrarse  en los resultados, no en el grado de conciencia que sus protagonistas  tengan  del papel que en ellos  desempeñaron.  Y lo que a la luz de lo que los acontecimientos nos estan diciendo, hoy se puede sostener  que  estas estrambóticas figuras, sacadas, no por casualidad,  directamente de las aulas de Universidad Complutense,  fueran o no conocedores del papel real que  se prestaron a jugar,  tuvieron un influencia decisiva en la liquidación del 15M, así  como de las grandes movilizaciones que rodearon a ese movimiento.

    La realidad final fue que los  creadores de la formación politica hoy denominada Podemos, con el apoyo del inmenso poder mediático del sistema, lograron «desenfocar» las reivindicaciones de miles de espontáneos participantes del  Movimiento 15M en toda la geografía del Estado.

    Ya lo había admitido por aquellas fechas la dirigente de ese partido en el Archipiélago canario, y hoy miembro del gobierno autonómico de coalición en representacion del partido de Pablo IglesiasNoemi Santana, cuando se atrevió a asegurar ante la prensa que «gracias a  Podemos se ha logrado parar una enorme explosión social». Con la infinita torpeza que la suele caracterizar, Santana expresó abiertamente a la prensa local lo que sus jefes en Madrid se cuidaban taimadamente de ocultar.

   Lo cierto es, en cualquier caso, que  el enorme destacamento  popular movilizado en el 15M, quedó reducido, por arte del Poder y de sus hábiles pastores, a un enorme  rebaño de pacíficos corderos que pudieron ser conducidos dócilmente  hasta el redil del corral institucional del Régimen político resultante de la pasada dictadura.

     Otra cosa – que no es tema de estas breves notas -, sería intentar dilucidar si, en aquellas condiciones, el desenlace de los acontecimientos podía haber transcurrido, o no, por distintos derroteros.

http://canarias-semanal.org/art/26429/los-sepultureros-del-15m-de-la-crisis-del-regimen-del-78-a-la-tercera-restauracion

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