Marxismo y nacionalismo, pueblo y Estado.

En la tesis de Engels sobre el marxismo, éste llega a afirmar que el pueblo vasco es un pueblo sin historia. Por ello, al carecer de una historia propia, está condenado a desaparecer, integrado en otras naciones con historia. Al parecer este ideólogo revolucionario ignoraba la existencia de un Estado vasco a lo largo de 8 siglos, constituido en forma de reino, cuyo nombre es Navarra.

En cambio, Karl Marx, en sus obras completas, obras políticas, realiza la siguiente referencia a las Cortes generales de Navarra:

<< De entre todas las provincias en que las Cortes conservaban un poder real en el tiempo de la invasión francesa, únicamente Navarra había conservado la vieja costumbre de convocar las Cortes por Estados. Más entre los vascos, las corporaciones, casi totalmente democráticas, incluso no admitían al clero>>.

Estas afirmaciones, al parecer desconocidas u obviadas por Frederich Engels, contradicen el argumento de éste, demostrando la existencia de una historia para el pueblo vasco, diferenciada del Estado español y francés, por medio de esas Cortes con alguna autonomía, heredada de las viejas costumbres de los naturales de “la provincia”de Navarra.

Ya en la segunda mitad de la década de 1850 podemos situar el asentamiento de este movimiento enfrentado al capitalismo. Karl Marx y Frederich Engels, en el año 1848, editan el Manifiesto Comunista, donde podemos comprobar lo esencial de su planteamiento ideológico.

Hay obras posteriores de otros autores que sostienen la incompatibilidad entre el “marxismo” y el “nacionalismo”. Para ello se basan en una frase sacada de contexto del Manifiesto Comunista, donde Marx afirmaba que “los obreros no tienen patria”.

Estos escritores se auto consideran internacionalistas, eso sí, sin renunciar a su respectiva nacionalidad, negando e impidiendo junto a los demás miembros de su grupo nacional las reclamaciones de los movimientos considerados independentistas de pueblos ajenos a su nación, entre ellos el pueblo vasco.

El pueblo vasco cuenta con una larga historia política, que demuestra el error de Engels. Un siglo antes del Manifiesto Comunista, Antonio de Larramendi defiende un proyecto nacional denominado Provincias Unidas del Pirineo, en forma de República, en el que contempla las posibilidades de gobierno aristocrático o democrático.

Pese a la figura del padre Larramendi y otros autores posteriores, debemos esperar a finales del siglo XIX, con la aparición de Sabino Arana, considerado padre del nacionalismo vasco. Es un nacionalismo que carece de rigor histórico, lo que reafirma la tesis de Engels.

A pesar de ello, Sabino Arana logra que el pueblo vasco recupere el sentimiento de considerarse nación. Un sentimiento perdido a lo largo de las diferentes invasiones castellanas, primero, y españolas y francesas después. Esta pérdida se acrecentó tras las guerras carlistas, especialmente la primera, al perderse el referente Estatal vasco, el Reino de Navarra.

Este erróneo planteamiento nacionalista, basado en ideas equivocadas y faltas de rigor histórico, ha llegado hasta nuestros días. Y se ha desdoblado en dos versiones, entre un nacionalismo conservador, democratacristiano e incluso socialdemócrata por un lado, junto a otro socialista y comunista, este último por la influencia de las ideas marxistas.

Este nacionalismo vasco, dejando a un lado su planteamiento social, está obsoleto en sus reivindicaciones, al carecer de una base histórica, imprescindible para sostener una mínima conciencia colectiva y alcanzar la tan deseada independencia del pueblo vasco. Para ello debería mirar de nuevo a ese siglo XIX.

Fue un siglo XIX lleno de nuevas ideas y conflictos militares. El senadorGarat, al norte del Pirineo, enel año 1811,pondera la formación de un «Estado Nacional Vasco» con los territorios de ambos lados de los Pirineos, cuya bandera y escudo serían los de Navarra. Agustin Xaho, cuando realiza la novela romántica Viaje a Navarra durante la insurrección de los vascos, en el año 1838, ofrece una visión nacional del país, eso sí, en torno al reino de Navarra.

Estos autores anuncian un pre-nacionalismo vasco, pero con una referencia Estatal clara y basada en la historia vasca. Pero no sólo estos ideólogos identifican a Navarra como el Estado de la nación vasca. Ahí tenemos la figura del liberal Serafín Olave, que en el año 1883, en las bases constitucionales de la República de Navarra, nos indica lo siguiente:

“Con el fin de auxiliar la tendencia de reincorporación a Navarra, se concede los derechos de ciudadano navarro a los riojanos, vascongados y navarros franceses de la sexta Merindad de Ultrapuertos que lo soliciten, con rebaja de la cuarta parte del tiempo exigido en cada caso de los especificados; y la residencia en los expresados territorios, donde pueden prestar gran servicio a la propaganda de la idea anexionista, se considera como dentro de Navarra para todos los efectos legales”.

Para concluir, hay que decir que el pueblo vasco necesita recuperar la soberanía del Estado navarro para alcanzar con ello la independencia. Es necesario dejar a un lado nuestras banales diferencias, abandonar las ideologías partidistas, unidos en el clamor soberanista. Sólo aunando esfuerzos volveremos a conseguir el estatus político histórico de navarros.

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