Marx y la cuestión nacional

Por Miguel Salas

Para algunos el tiempo parece que no pasa. Conmemoramos el 200 aniversario de Karl Marx y su pensamiento continúa bien vivo, no solo para los que formamos parte de su tradición política e ideológica sino también para muchas otras personas que buscan encontrar respuestas a la complejidad de las actuales sociedades. Es útil un aniversario […]

Para algunos el tiempo parece que no pasa. Conmemoramos el 200 aniversario de Karl Marx y su pensamiento continúa bien vivo, no solo para los que formamos parte de su tradición política e ideológica sino también para muchas otras personas que buscan encontrar respuestas a la complejidad de las actuales sociedades. Es útil un aniversario si sirve para reflexionar sobre sus ideas y nos permite encontrar respuestas ante el desconcierto y desorientación actuales.Esta ponencia se sitúa entre dos expresiones de Marx bien conocidas. Una de ellas es: Proletarios de todos los países, ¡uníos!” y otra que, aunque no es original suya, a menudo se le adjudica: “Un pueblo que oprime a otro, no puede ser libre”. De estas dos expresiones se puede extraer buena parte de la estrategia política de Marx y del marxismo. No necesitan mucha explicación ya que en realidad forman una unidad: para que las clases trabajadoras se unan no pueden permitir que un pueblo oprima a otro.

El hilo fundamental del marxismo es la lucha por la emancipación de la clase trabajadora a través del desarrollo de la lucha de clases, “la locomotora de la historia”, y ese es el sentido del internacionalismo de la clase trabajadora enfrentada a la clase capitalista que domina el mundo. Pero, la lucha de clases no se reduce a la mejora del salario o a reformas del todo necesarias, sino que es la palanca para arrebatar el poder a la clase capitalista, para emancipar a las clases trabajadoras y con ellas a toda la sociedad. Además, hay que tener en cuenta que el desarrollo de la humanidad y de las clases sociales no es lineal, sino desigual y combinado y no en todos los países y continentes se produjo de forma homogénea. Por eso, la lucha de clases no es simplemente la lucha entre la clase obrera y los capitalistas, sino que necesariamente tiene que incorporar los diversos aspectos del desarrollo desigual de la sociedad.

Existe una cierta idea, equivocada a mi entender, de que Marx y Engels no se ocuparon de los problemas relacionados con la opresión nacional. Cierto que no existe un libro o un texto global en el que definan un cuerpo teórico y político sobre tales problemas. Sin embargo, en sus escritos, y especialmente en su correspondencia, se encuentran numerosísimas referencias a los complejos problemas de la relación entre la lucha de clases y los problemas nacionales que existían a mediados del siglo XIX, entre la unidad de los proletarios y la libertad de los pueblos.

En el Manifiesto Comunista se lee: “Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen. Mas, por cuanto el proletariado debe en primer lugar conquistar el poder político, elevarse a la condición de clase nacional (de clase dirigente de la nación, según la versión inglesa de 1888), constituirse en nación, todavía es nación, aunque de ninguna manera en el sentido burgués. […] La acción común, al menos en los países civilizados, es una de las primeras condiciones de su emancipación. En la misma medida en que sea abolida la explotación de un individuo por otro, será abolida la explotación de una nación por otra”.

Lo que nos dice el Manifiesto es que la clase obrera es internacional (no tiene patria) pero, al mismo tiempo, desarrolla su acción en una nación determinada (que puede ser una nación desarrollada y unificada, o una nación que oprime a otras naciones, o una nación oprimida) por lo tanto, tiene que tenerlo en cuenta para su desarrollo como clase. Y, además, como muy certeramente dice Marx, en la medida en que sea abolida la explotación de clase será abolida también la de una nación por otra. Lo importante, lo decisivo para la acción política es la relación entre esos dos elementos de la ecuación, la clase social y la nación.

Quienes pretenden utilizar la expresión “los obreros no tienen patria” para negar que exista un problema de opresión nacional o que la clase obrera debe mirar hacia otro lado, no solo no han comprendido nada del marxismo, sino que niegan la evidencia y se sitúan al lado de la nación opresora. Lo veremos más adelante. Una cosa es la lucha contra el nacionalismo burgués y otra, bien diferente, es no reconocer que hay pueblos oprimidos o que este tema solo interesa a la burguesía.

Polonia y Alemania

La revolución que estalló en 1848 fue analizada por Marx como la antesala de la revolución social y, en ese sentido, el inicio para resolver los problemas del atraso económico y los conflictos nacionales. Ese punto de partida ni evitaba ni esquivaba el problema nacional. En el Manifiesto Comunista (que apareció ese mismo año) se encuentra una posición nítida sobre uno de los problemas más importantes de la época, Polonia. Se lee: “Entre los polacos, los comunistas apoyan al partido que ve en una revolución agraria la condición de la liberación nacional”. Es decir, no se niega el problema, sino que forma parte del proceso de emancipación en Europa.

En esa época, Alemania no era una nación unificada, sino que estaba dividida en unos cuantos pequeños Estados. Leemos en el Manifiesto Comunista: “En Alemania, el Partido Comunista lucha al lado de la burguesía, en tanto que ésta actúa revolucionariamente contra la monarquía absoluta…”. Ojo, dice “¡al lado de la burguesía!” -no es un error de traducción- para, inmediatamente, fijar las condiciones: “Pero jamás, en ningún momento, se olvida este partido de inculcar a los obreros la más clara conciencia del antagonismo hostil que existe entre la burguesía y el proletariado, a fin de que los obreros alemanes sepan convertir de inmediato las condiciones sociales y políticas que forzosamente ha de traer consigo la dominación burguesa en otras tantas armas contra la burguesía, a fin de que, tan pronto sean derrocadas las clases reaccionarias en Alemania, comience inmediatamente la lucha contra la misma burguesía”.

En mi opinión, esta es una más de las aportaciones del marxismo a la adecuada relación entre lucha por la emancipación social y nacional. El objetivo de la clase trabajadora es acabar con la explotación y el dominio de la burguesía y acabar con la desigualdad y las rivalidades entre las naciones, pero eso solo es posible si las naciones y los pueblos tienen la capacidad de autodeterminarse, de decidir libremente su futuro y su relación. Y en esa lucha la clase trabajadora debe tener su propia posición, en primer lugar, frente a la burguesía de la nación opresora y seguidamente frente a la burguesía de la nación oprimida.

Lo decisivo es saber analizar e interpretar la relación entre emancipación social y nacional. Por ejemplo, Marx defendió la unificación alemana como un elemento progresivo frente a la dispersión de los pequeños Estados alemanes. Lo hizo porque eso facilitaba el fortalecimiento y desarrollo de la clase trabajadora.

Años después, lo explicaría Engels: “El programa político de la Neue Rheinische Zeitung (el periódico que Marx dirigió durante la revolución de 1848) constaba de dos puntos fundamentales: República alemana democrática, una e indivisible, y guerra con Rusia, que llevaba implícito el restablecimiento de Polonia.

La democracia pequeñoburguesa se dividía, por aquel entonces, en dos fracciones: la de la Alemania del Norte, que deseaba un emperador prusiano democrático, y la de la Alemania del Sur (entonces casi específicamente de Baden), que quería transformar a Alemania en una república federal a semejanza de Suiza. Nosotros teníamos que luchar contra ambas fracciones. El interés del proletariado se oponía igualmente a la prusianización de Alemania como a la perpetuación del fraccionamiento en Estados diminutos. Exigía imperiosamente la unificación de Alemania en una nación, única forma de limpiar de todos los mezquinos obstáculos heredados del pasado el palenque en que habían de medir sus fuerzas el proletariado y la burguesía. Pero el interés del proletariado se oponía también a que la unificación se realizase bajo la hegemonía de Prusia: el Estado prusiano, con todas sus instituciones, con sus tradiciones y su dinastía era precisamente el único enemigo interior serio que la revolución alemana tenía que derribar; además, Prusia sólo podía unificar a Alemania desgarrándola, dejando fuera la Austria alemana. Disolución del Estado prusiano, desmoronamiento del Estado austríaco, unificación real de Alemania como república: éste y sólo éste podía ser nuestro programa revolucionario inmediato”. (Engels. Marx y la Nueva Gaceta Renana. 1884) ¡Qué útil puede ser esta reflexión para la política actual!

Perseguido por la reacción y clausurado cerró su publicación con estas palabras: “Los redactores de la Neue Rheinische Zeitung se despiden de vosotros dándoos las gracias por la simpatía que les habéis demostrado. Su última palabra será siempre y en todas partes ésta: ¡Emancipación de la clase obrera!”. Un ejemplo práctico de la relación entre emancipación nacional y social.

Casi 20 años más tarde se logró la unificación alemana, pero no como la había imaginado Marx, como una república bajo la dirección de la clase trabajadora, sino de una manera reaccionaria, bajo una monarquía dirigida por Prusia. En una carta de Engels a Marx el 25 de julio de 1866 analiza esa nueva situación: “Este hecho simplifica la situación; facilita la revolución, dejará a un lado las reyertas entre los capitales insignificantes y en cualquier caso acelerará el desarrollo […] El movimiento absorberá todos los Estados minúsculos, cesarán las perniciosas influencias locales y los partidos serán no sólo locales sino nacionales […] En mi opinión debemos aceptar el hecho, sin justificarlo, y utilizar tanto como sea posible las mayores facilidades para la organización y unificación nacional del proletariado alemán”.

Marx mantuvo la misma posición respecto de la unificación de Italia, en tanto que significaba la lucha contra los particularismos, la liberación de la opresión austríaca (una parte del norte de Italia estaba en su poder) y la lucha contra los Estados Pontificios.

Al mismo tiempo, Marx fue un entusiasta defensor de la independencia de Polonia. ¿Por qué tales diferencias? Si se reflexiona se verá que se trata del mismo criterio: el de conformar una nación para romper con las particularidades y desarrollar el movimiento obrero (Alemania) y el lograr la independencia de Polonia para que llegue a ser una nación y así debilitar a sus opresores. No es contradictoria la defensa de la unificación alemana o italiana con la defensa de la independencia polaca, es poner por delante los intereses del desarrollo de la clase trabajadora, también en su expresión nacional, y debilitar a los Estados opresores.

Cuando en 1864 se fundó en Londres la Primera Internacional, estuvo bien presente el problema de Polonia, ya que “La causa de la independencia polaca había gozado siempre de gran popularidad entre los elementos revolucionarios del Occidente de Europa” (Karl Marx. Frank Mehring) En el discurso inaugural se denunció que “Nuevamente se ha visto ahogada Polonia por la sangre de sus hijos, y nosotros hemos tenido que ser espectadores impotentes” “Otra razón -escribe Marx- de la simpatía del partido obrero por la resurrección de Polonia es su particular situación geográfica, militar e histórica. La división de Polonia es el cemento que une entre sí a los tres grandes despotismos militares: Rusia, Prusia y Austria. Solo la restauración de Polonia puede romper este vínculo y liquidar de esta forma el principal obstáculo a la emancipación de los pueblos europeos”. ¡Atención, de nuevo! Marx habla de la emancipación de los pueblos europeos, no solo de la clase obrera sino también de los pueblos oprimidos. Otro ejemplo de la complementariedad entre la lucha por la emancipación social y la defensa de una nación oprimida.

El desarrollo de la revolución de 1848, que fue llamada “la primavera de los pueblos”, no significó el triunfo de las clases trabajadoras y por lo tanto los problemas nacionales no pudieron empezar a resolverse, sino que, al contrario, despertó a muchas naciones y reavivó los problemas nacionales en toda Europa.

Irlanda

La reflexión sobre tales cambios modificó la percepción de Marx sobre la relación entre la emancipación social y nacional. Irlanda fue la piedra de toque. En su abundante correspondencia se pueden encontrar numerosas referencias a esa nueva apreciación. El 2 de noviembre de 1867 Marx le escribe a Engels: “Yo acostumbraba a pensar que la separación de Irlanda de Inglaterra era imposible. Ahora creo que es inevitable, si bien después de la separación puede venir una federación”. “¿Qué hemos de aconsejarles nosotros a los obreros ingleses? -le escribe el 30 de noviembre- En mi opinión, deben formular la disolución de la Unión (la expresión al de la ocupación de Irlanda) en un artículo de su programa. Esta es la única forma legal, y por ello la única posible, de la emancipación irlandesa que puede admitirse en el programa de un partido inglés […] Lo que los irlandeses necesitan es: 1/ gobierno propio e independencia respecto de Inglaterra. 2/ una revolución agraria…

El 24 de octubre de 1869, Engels le escribe a Marx en el mismo sentido: “La historia de Irlanda demuestra hasta qué punto es desastroso para una nación haber sometido a otra nación”.

El 18 de noviembre, Marx informa a Engels de una reunión en el Consejo General de la Internacional en la que se aprobó “que el Consejo General de la AIT expresa su admiración por la forma animosa, valiente y firme en que el pueblo irlandés conduce su movimiento a favor de la amnistía”.

Todavía el 10 de diciembre en un informe al Consejo General de la Internacional escribe: “El interés absoluto y directo de la clase obrera inglesa exige la ruptura de su actual unión con Irlanda […] Durante mucho tiempo pensé que podía derribarse el régimen irlandés por el ascenso de la clase obrera inglesa […] Un estudio más profundo de la cuestión me ha persuadido de lo contrario. La clase obrera inglesa no podrá hacer nada, mientras no se desembarace de Irlanda […] La reacción inglesa, en Inglaterra, tiene sus raíces en la esclavización de Irlanda”.

Como si fuera un tema obsesivo, el 9 de abril de 1870, escribe a Meyer y Vogt, dos miembros alemanes de la Internacional emigrados en Nueva York, “el Consejo General hizo pública una circular […] sobre la vinculación de la lucha nacional irlandesa con la emancipación de la clase trabajadora”. En la carta insiste en su argumentación y añade otro elemento para defender la separación de Irlanda como una exigencia de la lucha obrera: “todo centro industrial y comercial de Inglaterra posee ahora una población dividida en dos campos hostiles, los proletarios ingleses y los proletarios irlandeses. El obrero inglés común odia al obrero irlandés como competidor que baja su nivel de vida. En relación con el obrero irlandés, se siente miembro de la nación dominante, convirtiéndose así en instrumento de los aristócratas y capitalistas en contra de Irlanda, reforzando de este modo la dominación de aquellos sobre sí mismos […] Por su parte, el irlandés le devuelve la misma moneda con intereses. Considera al obrero inglés como partícipe de la dominación inglesa sobre Irlanda y al mismo tiempo como ciego instrumento de la misma. […] Este antagonismo es mantenido y agudizado artificialmente por la prensa, el púlpito, los periódicos humorísticos, en una palabra, por todos los medios de que disponen las clases dominantes. Es el secreto de la impotencia de la clase obrera inglesa a pesar de su organización. Es el secreto del mantenimiento del poder por la clase capitalista”. Son palabras de completa actualidad para entender cómo la burguesía intenta enfrentar a sectores de las clases trabajadoras, ya sean catalanas, vascas, andaluzas, madrileñas, gallegas… o migrantes que han traspasado fronteras para ganarse la vida.

En la misma carta, Marx escribe: “De aquí que la tarea de la Internacional sea en todas partes poner en primer plano el conflicto entre Inglaterra e Irlanda, colocándose en todas partes abiertamente junto a Irlanda. La tarea especial del Consejo Central en Londres es despertar en la clase obrera inglesa la conciencia de que para ella la emancipación nacional de Irlanda no es cuestión de justicia abstracta o de simpatía humana, sino la condición primera de su propia emancipación nacional”. No es solo una cuestión de solidaridad con el pueblo oprimido (Irlanda) sino de interés directo para la clase obrera de la nación opresora.

Algunas conclusiones

No es posible en el tiempo de esta ponencia abordar otros problemas importantes con los que se enfrentó Marx y que siguen siendo actuales. Por ejemplo, que Marx apoyara la independencia de Polonia a pesar de que el movimiento estuviera dirigido por la baja aristocracia, debate polémico y actual en la situación de Catalunya. O que tuviera que debatir con Proudhon y Bakunin, que negaban las nacionalidades y dejaban ese problema en manos de la burguesía, cuando, como hemos visto, para Marx era importantísimo y decisivo para la revolución social.

Partiendo de los escritos de Marx podríamos sacar las siguientes conclusiones:

*El hilo conductor de la emancipación social es la lucha de clases para acabar con la burguesía e iniciar el camino hacia el socialismo.

*El internacionalismo es la expresión de la unidad de las clases trabajadoras en la lucha internacional contra los capitalistas. Proletarios de todos los países ¡Uníos! Pero el internacionalismo no se puede oponer a las legítimas aspiraciones democráticas de la libertad de los pueblos. Al contrario, no puede haber internacionalismo si se permite que un pueblo oprima a otro.

*La clase trabajadora tiene que mantener su propia posición de clase, diferenciada de la burguesía, tanto de la nación opresora como de la oprimida. Sin embargo, en determinadas condiciones, se puede aliar con la burguesía (y la pequeña burguesía) de la nación oprimida en la medida que luchan contra el sistema opresor (como en el caso de Polonia y Alemania en el siglo XIX).

*Oponer, o negar, la emancipación nacional a la emancipación social, o al revés, nada tiene que ver con la posición y las experiencias de Marx. Como hemos analizado en el ejemplo irlandés, la libertad de una nación oprimida ayuda a la emancipación de las clases trabajadoras.

*Negar ese derecho a la autodeterminación, incluyendo la separación, divide o enfrenta a las clases trabajadoras de diferente procedencia o acepción nacional y ata a la clase trabajadora de la nación opresora a los intereses de la burguesía.

El autor es sindicalista. Es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso

Fuente: www.sinpermiso.info, 20-1-19

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