Martín Amis vuelve al lager

Por Iñaki Urdanibia

Una novela que nos introduce en el interior de un campo de exterminio nacionalsocialista.

Por Iñaki Urdanibia

  Como pasa a menudo en la vida hay gente que te cae bien y otra que te cae fatal, lo mismo pasa en el mundo de la literatura: hay escritores que por las interferencias, muchas veces ajenas a la propia literatura, hacen que a uno no le caigan simpático, si a esto se añade el afán por parte de algunos literatos a jugar a eternos« enfants terribles» la cosa se lía más todavía. En el panorama continental, el caso de Michel Houelebecq es paradigmático ( con sus críticas despiadadas a los sixties, vía su madre, sus merodeos raelianos o sus posicionamientos con respecto al islam), ahí está su «Sumisión», en las islas británicas dos casos sobresalen por sus frecuentes salidas extemporáneas, a veces rozando el mal gusto, Ian McEwan y Martin Amis…este segundo gana sin lugar a dudas por su indudable gusto por la provocación que luce tantos en sus entrevistas y declaraciones como en sus propias novelas. Martin Amis es un tío de esos a los que hay de dar de comer aparte, ya que en cuanto abre la poca o emplea la pluma, la polémica está servida por su habitual tendencia a no dejar títere con cabeza y por su afán de salirse de la fila, alineada siguiendo los cánones de la sociedad bienpensante.

Con respecto a este no sería justo ignorar sus meritorias obras que se publicaron al inicio de su actividad , dos obras como la copa de un pino: « Campos de Londres » y « Dinero », escritas con el trasfondo de una Inglaterra en crisis, en la primera un sujeto hecho a sí mismo que tiene todos los vicios habidos y por haber, en especial la acumulación del vil metal, más a pesar de tener todo le falta el sentido con el que interpretar el mundo; la segunda nos sitúa en un escenario apocalíptico tanto en lo que hace a lo climático como a lo político, y con tal telón de fondo asistimos a la lucha entre el asesino y su víctima como si de un ritual de cortejo se tratase.

Más tarde, refiriéndome única y exclusivamente a las leídas, pareció mostrar una obsesión por la URSS en los tiempos del estalinismo en sus «« Koba el Temible » y cuatro años más tarde « La casa de los encuentros», libros en los que ajustaba cuentas con los crímenes cometidos en aquella geografía en nombre del progreso, con la izquierda que había sido capaz de embellecer aquellas atrocidades sin par y con su propio padre, el también novelista Kingsley Amis, que había militado en el partido comunista británico. No se puede negar que los datos y nombres propios utilizados en estas obras denotan su amplio conocimiento y documentación( al final, diez páginas dan cuenta de las fuente esenciales de las que ha bebido el escritor)…otra cosa serían las exageraciones y los llamativos escoramientos de los que no se priva el autor; y es que Martin Amis no evita meterse en todos los charcos que pilla a su paso y hacerlo hasta las mismísimas cachas…pero vayamos a su actual novela , « La Zona de Interés»( Anagrama, 2015)-manera como se conocía al campo de Auschwitz entre quienes estaban familiarizados con el lugar -,     y a la polémica que ha originado, lo cual , qué duda cabe, revertirá en más lectores y en más dineros para el escritor británico.

Volviendo a Auschwitz

       Ya anteriormente Amis había tratado el tema del nazismo y su empresa criminal en « La flecha del tiempo», revisión de la vida de un tal Friendly, que se presenta a lo largo de su existencia, con diferentes nombres, revisión realizada en sentido inverso, con final en el origen : que era precisamente el campo nombrado « donde el mundo y sus valores fueron puestos de cabeza»; el humor negro invadía las páginas lo cual provocaba en el lector un descoloque, un crujido, un no sé qué…por el modo de tratar un tema tan grave y tan serio.

Ahora su novela ha recorrido ya los pagos del escándalo antes de ser publicada, para lo cual ha debido atravesar no pocos obstáculos: sus editores habituales, tanto en Alemania (Hanser Verlag) como en Francia ( Gallimard), se han negado a publicarla , por lo que ha tenido que recurrir a otros editores.[ Un inciso con respecto a su editor francés: llama la atención que Gallimard no tuviese empacho en publicar la novela de Jonathan Littell, « Les Bienveillantes », novela que ganó el Goncourt, y que desde luego deja hablar a un ex-SS en tono de justificación, morboso y culpabilizador para con los demás, y ahora se niegue a publicar un libro por que trata el tema desde una óptica humorística y negra). Algunas almas cándidas reducen la negativa a cuestiones de falta de calidad de la obras o a cuestiones de índole monetarias, a que siendo el representante del escritor un verdadero tiburón se ha pasado en sus peticiones…no parece ser el caso y no me refiero a que negar que el agente del británico haya pedido el oro y el moro ( sobre todo lo primero), ya que por algo se le conoce como El Chacal, sino a que todo huele a “censura” o a la exigencia de cierta delicadeza a la hora de tratar el tema, parámetros a los que no se atiene Martin Amis .

Vaya por delante que el tratamiento del tema de los campos de concentración y exterminio ha creado más de un quebradero de cabeza a los propios testigos que han tratado de expresar lo vivido ya sea el género testimonial o novelesco; no hay más que constatar tales escrúpulos en Primo Levi, Valam Chalamov, Tadeusz Borowski, Imre Kerstez , que mostraron el temor de usar una prosa cuidada y bella que pudiera embellecer la barbarie padecida; esto parece inclinar la escritura hacia la sencillez descriptiva, huyendo de cualquier forma de adorno que pudiera adornar-valga la redundancia- el horror;. Ahí es donde surge la interrogación acerca del tono que se ha de emplear, consolidándose en cierto sentido el «tono gran señor» como el único posible a la hora de tratar del tema que nos ocupa, con el necesario recurso a la correspondiente seriedad y al necesario realismo que parecen inexcusables y que en tal sentido desalojan el humor de cualquier acercamiento a la « fabricación de cadáveres » que el nacionalsocialismo puso en marcha, nada digamos si este humor adquiere tonalidades negras y roza con lo satírico. ( El humor blandengue -por llamarle de algún modo- ha visto las puertas abiertas de par en par hasta por el mismísimo órgano del Vaticano, L´Observatore Romano…y me refiero a « La vida es bella» , la película de Robert Benigni ).

Aun no siendo santo (no tengo santoral, conste) de mi devoción, la lectura de la novela no resulta de ninguna de las maneras irreverente y el humor está, a mi modo de ver , absolutamente combinado con la seriedad del asunto tratado. El narrador cambia y así la voz cantante varía entre un oficial de las SS , Ángelus Golo Thomsen, sobrino de uno de los más altos jerifaltes del régimen, romántico con ciertas tendencias inconformistas, que tiene facilidad para encandilar a las mujeres, el comandante del campo el borracho y torpe Paul Doll, el Gran Bebedor, cuya esposa, Hannah, es deseada por el anterior, y la voz de un componente de los sonderkommandos, Szmul

Amis nos introduce en las interioridades del campo ( KZ abreviatura de Konzentrationslager, también abreviado KL ) y oímos, como infiltrados, las voces de los verdugos-en conversaciones no recomendables, según dicen, para sus mujeres- sitúan la cuestión de un modo absolutamente creíble, tanto en lo que hace a la magnitud del crimen como de los problemas .tanto personales como técnicos-que acarrea la « solución final» ideada y planificada de manera « científica», en sesudos congresos, por antropólogos, biólogos, geógrafos, químicos, médicos, y basada en textos tan serios- tanto que son sacados a relucir por el mismo Mein Kampf – como Los Protocolos de los Sabios de Sión…teoría del complot al canto, urdida además por una « raza parasitaria» que lo único que persigue es contaminar la grandeza de la «raza aria»; como modelo deleznable , el de los judíos del gueto de Varsovia con su aspecto desarrapado, sus hijos desnudos, el tifus…« ver a esa raza en masa, a su aire, ahuyentará cualquier sentimentalismo humanitario, y muy de inmediato además, no me cabe la menor duda. Apariciones de pesadilla , míseros desamparados, hombres y mujeres indistinguibles sexualmente atestando las vías públicas llenas de cadáveres…» Se ha acabar con ellos y con todos los timoratos que se muestran permisivos con los judíos ( los franceses, británicos y americanos). Igualmente verosímiles son las conversaciones de cantina en que los soldados hablan de la dureza de su trabajo, que sin embargo justifican como realmente necesario para limpiar el país, para al rato pasar a hablar de mujeres. Luego las cosas comenzarán a apuntar hacia el hundimiento ( como los fogonazos de la noche de Walpurgis), el futuro alemán no está nada claro y…el principio de entropía parece apoderarse de los protagonistas.

El escritor nos hace asistir a la recepción de los vagones que llegan al campo, con su música y su comité de bienvenida, los miembros de los sonderkommandos, que les hacen más creíble la limpieza del viaje ( es decir, han llegado para trabajar, y al llegar es necesaria una ducha , y que dejen a un lado sus pertenencias); luego la infame labor de Szmul , y sus colegas, consistirá en sacar los cuerpos de las cámaras de gas, establecer la siniestra contabilidad de cadáveres, organizar su desaparición…sin dejar pruebas, y acumulando las riquezas de los gaseados ( dientes de oro, joyas escondidas, y otros objetos que puedan valer para posteriores tratamientos) para beneficio del III Reich. El aire recoge el olor de la muerte, de los cuerpos calcinados, «el tufo era peor que nunca , y seguía empeorando y empeorando por momentos…sentí que estaba en uno de esos sueños de cloaca que todos tenemos de vez en cuando…, ya saben , en los que parece que caes en un géiser espumeante de inmundicia caliente, como cuando se descubre una fabulosa bolsa de petróleo, y el líquido sigue saliendo y saliendo y anegándolo todo sin que tengan el menor efecto tus intentos de evitarlo» .

Szmul, reflexiona sobre su propio ser que ha dejado de ser el que era, y que siente honda vergüenza de lo que hace, y que no pretende comunicarse con su esposa, ni con nadie, ya que sería incapaz de explicar su siniestra labor. Increíbles testimonios quedan escritos por algunos seres antes de finalizar sus existencia, pasto del Zykon B, o anteriormente del tiro en la nuca, primera fase de « la solución final».

Los verdugos, juzgan a Szmul y sus colegas como verdaderos canallas por prestarse (?) a ese trabajo tan abyecto…como si no estuviesen obligados a hacerlo a cambio de una vida algo más larga, y con ciertas ventajas( cigarros, bebidas, comida…), a la espera de la muerte en dos o tres meses ya que no podía haber testigos de lo que allá se hacía . Del mismo modo que juzgan que la victoria en la guerra, y la imposición del espíritu germano, es pan comido, además de suponer una bicoca para la humanidad entera, y hasta en su optimismo creen que tratar de borrar las pruebas es una estupidez innecesaria teniendo en cuenta que la victoria es segura, y habiendo vencido ¿ quién va a pedir cuentas? ¿ de qué?

La implicación de empresas en la fabricación de la muerte a nivel industrial, Bayer, I.G.Farben( Burna-Werke, lugar en el que trabajó PrimoLevi), Leverkusen, Ludwigshafen, asoma con siniestra fuerza, sirviéndoles los encerrados como conejillos de indias para su experimentos…todo sea por la ciencia y el higienismo arios.

Las desavenencias matrimoniales planean a flor de piel ante las condiciones que rodean los hogares, los ruidos, los olores…al mismo tiempo que las condiciones se prestan a las aventuras con otros compañeros de sus maridos a los que conocen en las fiestas sociales que allá se organizan con frecuencia, para hacer más llevadera la vida y para crear lazos de solidaridad y compañerismo en medio de la mierda, la sangre y los gemidos. Algunas de las andanzas del ambiente festivo que se vivía en los lager, pueden ser constatados en las memorias de Rudolf Hoess. El tosco comandante empeñado en dar pruebas de su virilidad, tiene serios problemas por la falta de contacto de su mujer que le evita en lo que hace a las relaciones corporales, lo que le hace buscar sofisticados modos de verla desnuda en el baño…y hasta en algún momento su empeño por poseer a su esposa Hannah va a suponer un ojo morado que con el fin de evitar la figura de calzonazos, va a atribuir al pobre jardinero que será enviado a la oscuridad del tiempo.

El amor va a jugar el papel de redención( si bien Golo estaba ya bastante vacunado contra la peste parda dominante) en el enamorado( como respuesta a la hipotética pregunta que guiaba al escritor al emprender la escritura: ¿ se puede amar en tales circunstancias, rodeados de muertos, basura…?), que empujado por tal sentimiento se separa de la ideología dominante entre los demás oficiales, que no hacen, como ejemplares seres indignos, sino obedecer y alabar las consignas de los jefes..si bien, en definitiva, como cantaba el bardo de Sète.: il n´y a pas amour heureux (no hay amor dichoso ). Seguiremos las andanzas de Golo y Hannah, los trajines para encontrarse sin ser perseguidos, aunque las antenas del comandante que teme las aventuras de su esposa son realmente alargadas.

Del mismo modo que el amor juega un papel de catarsis, puede mantenerse, creo que sin forzar las cosas, el recurso al humor como modo de acercarse a la magnitud de la tragedia, sirviendo para ridiculizar lo grotesco, lo ridículo de que hacía gala hasta el extremo toda la parafernalia en torno a führer, y todos los sistemas de funcionamiento de la máquina exterminadora ideologizada con un discurso absolutamente distante de cualquier criterio racional, muy en consonancia con aquello que un SS dijese a Primo Levi: « aquí no hay porqué». Nunca el humor provoca cotas de carcajada, sino más bien de sonrisa…y esta no cabe duda de que no tiene por qué significar alegría y gozo, sino acuerdo con la sorna crítica empleada.

La escritura de Martin Amis dista de la que en él es habitual, las disgresiones estilísticas, abundantes en abalorios, ceden la plaza en esta ocasión a un verbo despojado, directo que conecta a las mil maravillas con la dureza de lo que se narra; el resultado una de las mejores novelas, si no la mejor, que he leído del singular escritor británico.

Puestos a poner alguna pega, conste que de orden menor y que nada tiene que ver ni con el tono, ni con el estilo, estas serían relacionadas con la verdad de lo reflejado- teniendo en cuenta que es el tema que ha centrado mi atención desde hace tiempo el que me ha empujado a acercarme al libro-: así 1) juzgo que la valoración que se desprende de los sonderkommando parece atribuir una culpa absoluta al infame comportamiento de sus miembros sin detener el objetivo en lo diabólico y perverso que era la organización de tales cuerpos, recurriendo a las propias víctimas para engañar a las propias víctimas; y 2) la novela solamente enfoca la mirada en las víctimas judías sin detenerse ni un solo instante en otros grupos que también engrosaron el conjunto de víctimas de la masacre nazi ( gitanos, homosexuales, enfermos mentales, comunistas y otros opositores) …sin entrar en ningún tipo de siniestro Hit-parade, en el que indudablemente los judíos saldrían ganadores, al menos un pequeña mención no hubiera estado de más, aunque también es verdad que la motivación que impulso a Martin Amis a escribir la novela puede verse en la dedicatoria que consta al final del libro: « a todos aquellos que sobrevivieron y a todos aquellos que no sobrevivieron. A la memoria de Primo Levi ( 1919-1987) y a la memoria de Paul Celan ( 1920-1970). Y a los innúmeros judíos relevantes y medio judíos y un cuarto de judíos de mi pasado y mi presente , en especial mi suegra Elizabeth, mis hijas menores Fernanda y Clío , y mi mujer Isabel Fonseca ».

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