Marcha – Concentración al Centro de Internamiento de Emigrantes de Las Raíces (Tenerife). Porque el peor muro es el silencio

Campo de concentración. Hist. Instalación destinada a servir de lugar de reclusión para disidentes políticos, prisioneros de guerra, minorías raciales, etc.

Hace algo más de 100 años un general español, Valeriano Wayler, concentraba a la población cubana en unos campos cercados en los que el hambre y las enfermedades acabarían con gran número de personas. Todo ello para romper la resistencia de un pueblo contra la opresión ejercida por una oligarquía que no dudaba en sacrificar a miles de obreros y campesinos obligados a servir bajo la bandera de una patria que sólo les había dado palos y miseria.

Hace 70 años, en Canarias, los nombres de Fyffes, Vilaflor o La Isleta, entre otros muchos, adquirieron una dimensión trágica para miles de familias. En estos puntos se concentraba a quienes habían militado en organizaciones sindicales y políticas de izquierda. Gran número de hombres y mujeres perdieron su vida, o como poco su salud, entre las alambradas de estos campos de concentración, por creer y luchar por un mundo mejor.

Hoy mismo, también en Canarias, cientos de personas, la mayoría de ellas llegadas en frágiles embarcaciones al archipiélago tras una travesía plagada de peligros y sembrada de cadáveres (más de cien este fin de semana en un sólo naufragio), se hacinan en los Centros de Retención de Emigrantes, nombre con los que las administraciones encubren una realidad que nos retrotrae a los campos de concentración mencionados en los anteriores párrafos. Uno de estos campos es el de Las Raíces en la isla de Tenerife.

Se encuentra esta instalación en una zona de las más frías y húmedas de todo el archipiélago, con temperaturas nocturnas de apenas unos grados sobre cero, y eso que este invierno es, por ahora, de los más suaves que se recuerdan, sin que hasta el momento haya nevado en el Teide. Caso de que esto sucediese, el viento que azota casi constantemente esta zona abierta será un agravante más de la penosa situación en que se encuentran más de 400 africanos que están encarcelados entre las alambradas de este viejo complejo militar.

Hace unos meses, una delegación del Parlamento Europeo estuvo de visita en Las Raíces. Políticos que no aguantarían una noche en una de las tiendas de campaña en las que han de vivir los migrantes admitieron este campo de concentración como solución eventual, aconsejando el cierre del mismo. En declaraciones a los medios se dijo que tal cierre se llevaría a cabo antes que llegara el invierno. Como era de esperar de quienes hacen de las promesas en vano su bandera, tal cierre no se ha producido.

Para denunciar esta situación, totalmente contraria a los derechos mínimos de cualquier ser humano, fue para lo que desde la Plataforma por los Derechos Humanos, contra el racismo y la xenofobia “Tod@s somos migrantes” se organizó la marcha que, partiendo de la ciudad de La Laguna (Patrimonio de la Humanidad), habría de terminar frente a las vallas del Centro de Retención de Emigrantes de Las Raíces (Vergüenza de la Humanidad). Fueron tres kilómetros hasta el cruce de carreteras donde la Policía había decidido cortarnos el camino. Tal hecho era más que esperado, no sólo porque no querían que la marcha llegara hasta las puertas del Campo de concentración, sino porque esa misma noche habían sometido a porrazos una protesta de los cautivos que rechazaban la presencia de una delegación senegalesa, personada en el lugar para identificar y repatriar a los procedentes de dicho país. La prensa recogía que dos policías habían resultado heridos, pero no mencionaba cuantos de los prisioneros del Estado español habían tenido que recibir asistencia médica.

Ante este bloqueo del paso más fácil, y tras un momento de descanso, la marcha siguió adelante cogiendo un camino entre las huertas que nos condujo hasta la misma entrada. Allí de nuevo la Policía intervino bloqueando la ruta, por lo que nos detuvimos, aprovechando para corear diversas consignas en castellano y francés, y para leer un texto en ambos idiomas a través de la megafonía para que nuestra voz de apoyo, de solidaridad, de protesta por este atentado contra la libertad de los seres humanos y el derecho a la libre circulación que se recoge en el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, llegar a quienes estaban tras los muros.

Tras este acto, la marcha retrocedió unos pasos y se internó campo a través bordeando las alambradas oxidadas y el vallado. Del Campo empezó a surgir un clamor de cientos de voces: “¡¡Liberté!! ¡¡Liberté!! ¡¡Liberté!!”. Hacia nosotros corrían algunos compañeros buscando entablar contacto. Tan sólo un rápido cambio de palabras en francés con quienes conocían el idioma, mientras el resto buscaba a través de gestos, de miradas, mostrarles la solidaridad y el apoyo de quienes no compartimos la política represiva, racista y xenófoba de la Unión Europea. La intervención policial dio fin a este fugaz contacto. Sentimientos de rabia e impotencia afloran. Emoción contenida. Hemos de irnos. Llega más policía y, cuando ya estamos desandando el camino pasa una ambulancia hacia el Campo. Posiblemente no nos enteremos de lo que sucedió dentro. Las comunicaciones con el exterior están prohibidas, lo que significa que quienes están dentro no pueden ser informados de sus derechos, ni por tanto recibir asistencia de ningún tipo por parte de cualquier organización, individualidad o colectivo que no sean los que el Estado disponga.

Con la marcha de este domingo hemos abierto una brecha en ese odioso muro de silencio que se ha ido construyendo alrededor del hecho migratorio. Un muro más alto que la valla de Melilla, que el Muro que construye Israel o el que fabrica Estados Unidos en la frontera mexicana. Un muro que hemos de derribar porque ningún muro ha de separar a los seres humanos. No queremos muros entre nosotros. Nous ne voulons pas des mures entre nous.

J. Luis Real. Secretario de Acción Sindical y Social de CNT Tenerife.

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