Marat contra la presunción de inocencia

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DUPERRET

¿Con esa gente quiere gobernar el país?

 

MARAT

¡Embusteros!

Vosotros detestáis al pueblo.

Siempre veréis en el pueblo una masa bruta e informe

sin ojos ni cabeza

 porque estáis separados de él.

(Persecución y asesinato de Jean-Paul Marat.

Drama en dos actos, de Peter Weiss. Traducción de Alfonso Sastre)

Un par de Marats

Jean-Paul Marat (1743-1793) fue un defensor del pensamiento ilustrado. En consecuencia, defendía firmemente el principio de la presunción de inocencia. No puede decirse lo mismo de otro “Marat”, colaborador habitual de medios de comunicación anticapitalistas. Este segundo Marat, al parecer, está un tanto obcecado con la cuestión del 15 M. Sin embargo, a diferencia de los textos de Jean-Paul, sus artículos no respetan en absoluto la presunción de inocencia. Al menos cuando se trata de enjuiciar a los indignados.

Pedro Honrubia escribió hace tiempo un artículo titulado Marat, pasándose de listo. Parece que la insistencia de Marat había terminado por agotar su paciencia. En suma, Marat comenzaba a ser insultante, pues parecía considerarnos a todos idiotas (exceptuándose a sí mismo, claro). Básicamente, nos habían dado a todos gato por liebre en nuestras mismísimas narices, sin que lográramos siquiera darnos cuenta.

Pero lo más molesto era en realidad la falta de rigor analítico de Marat. Éste (en el mejor de los casos) se empeñaba en mostrar una sola cara de la moneda, ocultando sistemáticamente todo dato que pudiera contradecir su tesis preconcebida. Y, pese a las palabras de Honrubia, Marat ha seguido erre que erre, convertido en el obsesivo azote del 15 M, hasta el día de hoy.

Somos muchos los que consideramos que el fenómeno llamado 15 M está lejos de ser un movimiento unitario y cerrado; y que, en todo caso, de acotarse debidamente, es merecedor de una crítica mesurada y honesta, que hable de sus limitaciones pero también de sus virtudes. Sin embargo, lo que Marat nos ofrece está demasiado lejos de ser algo así.

¿Tomar la parte por el todo?

Para empezar, Marat procede de la siguiente manera: he descubierto dentro del 15 M a alguien que es de derechas. Por tanto, el 15 M es, en sí mismo, de derechas. La falacia argumental es tan evidente y simplista que no tiene nada que comentar.  Según ese método, si descubres a un rojo dentro del 15 M (por ejemplo, el que suscribe estas líneas), eso demostraría también que el 15 M es comunista. Es decir, el mismo método demostraría al mismo tiempo dos cosas totalmente contradictorias, de donde se deduce que el método es erróneo.

Somos marxistas, es decir, dialécticos. Comprendemos que los fenómenos no son puros, que no tienen una sola cara, sino que son contradictorios, revisten complejidad, están interpenetrados. Sin embargo, a la vez, estamos lejos del relativismo posmoderno, ya que consideramos que los fenómenos son analizables sobre la base de las predominancias y de que, finalmente, una cara acaba siempre por hegemonizar a la otra.

En otras palabras, como marxistas no buscamos formas puras, ya resueltas, sino formas en movimiento, que llegarán a uno u otro fin en función de nuestra praxis humana. Desde este punto de vista, ¿qué es el 15 M? ¿En qué dirección se mueve? Intentaremos analizarlo para responder a Marat.

Vale contradecirse

Porque Marat se niega a analizar el 15 M con seriedad. Y, lo que es peor, a hacerlo con honestidad. Leamos las tres últimas entradas de su blog, http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/. Lo primero que llama la atención es que todo vale para Marat cuando se trata de criticar al 15 M. Incluso contradecirse de manera flagrante.

Primeramente critica el pacifismo de este movimiento para, dos párrafos más abajo, condenar también su exitoso sabotaje al Metro de Madrid, en protesta contra la subida del precio del abono. Es decir, que si unas líneas más arriba nos recordaba, como buen marxista, que la revolución se hace por la fuerza, de pronto comienza a hablarnos de que este tipo de acciones sólo favorecen a la reacción y los gobernantes de turno, por lo que lo principal era acudir a la manifestación pacífica de CC OO y UGT al día siguiente.

¡Interesante tópico! Probablemente, Marat no diga lo mismo de los bloqueos que, de manera admirable, están efectuando los mineros asturianos en estos días. O de los cortes de carreteras que acompañan, afortunadamente, a toda Huelga General que se precie. Pero cuando se trata del 15 M nuestro autor tiene un rasero especial.

En un artículo nos dice que, en realidad, detrás del 15 M lo que hay es una conspiración neoliberal que todos, quizá a causa de nuestra estupidez, nos hemos tragado. En el siguiente, en cambio, critica al 15 M por ser excesivamente socialdemócrata y basarse en las teorías de Vicenç Navarro. ¿En qué quedamos?

Pero hay más, porque si Marat le exigiera la misma dosis de pensamiento comunista a todo el mundo, debería comenzar por renegar de Izquierda Unida, Izquierda Anticapitalista, CC OO y UGT, entre otras muchas. Y es que, cuando esas organizaciones hablan de la “ciudadanía”, Marat calla. Pero si lo hace el 15 M…

Marat tiene siempre dos varas de medir. Una, firme e inflexible, para el 15 M, y otra para el resto de la humanidad.

El 15 M, ¿estallido social o conspiración illuminati?

Pero no más rigurosa es la visión de Marat nos ofrece sobre los orígenes del 15 M. Nada  que suene a marxista, como analizar la situación socioeconómica, el paro asfixiante, una “clase” media en rápido proceso de proletarización… Nada de eso. Marat está orgulloso de haber descubierto, como si del mismísimo teniente Colombo se tratara, una extraña conspiración como pistoletazo de salida real de estas movilizaciones populares.

Para “demostrarlo”, Marat nos habla de “Global voices”, que, según él, es una página web fundamental para el 15 M. ¿Seguro? Por más que pregunto desesperadamente a compañeros del 15 M, todavía no he encontrado a uno solo que conozca, o que al menos haya oído mencionar alguna vez, la web esa.

Sin embargo, amparado en esa extraña web que en sus largas indagaciones cibernéticas ha descubierto, y que nadie del 15 M ha oído citar jamás, Marat construye toda su argumentación. Porque, a través de los enlaces de esa web, va a otra. Y a través de los enlaces de esa otra, a una tercera… Así, Marat va enlazando de una web a otra (ninguna de las cuales tiene absolutamente nada que ver con el 15 M), hasta llegar a… ¡David Rockefeller!

Y, claro, eso lo demuestra todo. ¿Qué mayor prueba podríamos pedir? Además, es muy lógico que la táctica de los bancos sea protestar contra los bancos, tirando piedras contra su propio tejado. Sólo quienes somos demasiado simplistas tenemos problemas para comprender eso.

Otro ejemplo de prueba irrefutable para Marat: como el 15 M ha usado una estética con los colores negro y amarillo, y estos colores también son usados por un grupo neonazi de nosequé país (según Marat ha podido rastrear con su inseparable ordenador), entonces eso demuestra más allá de cualquier duda que el 15 M es en realidad una conspiración tejida por los nazis. ¡Elemental querido Watson! Otro ejemplo de creativa deducción.

El problema es que, siguiendo esa lógica, se puede demostrar prácticamente cualquier cosa en esta vida. Por ejemplo: Jean-Paul Marat era un líder de la revolución francesa, que era una revolución burguesa; por tanto, Marat es un infiltrado burgués que intenta hundir al 15 M para defender los intereses de la burguesía.

Por si el primer ejemplo no ha sido suficiente, usemos nuevamente el infalible método inventado por Marat (ir de un enlace a otro para llegar desde los indignados hasta Rockefeller) y “probemos” con él otro disparate ridículo. Por ejemplo… Marat tiene en su web logos de CC OO y UGT. Si vas a las páginas de CC OO y UGT, verás que estos sindicatos han organizado actos con la Junta de Andalucía. Y la Junta de Andalucía ha organizado actos con el rey. El rey fue nombrado por Franco, que a su vez ganó la guerra gracias a la ayuda de Hitler. En resumen: Marat es un infiltrado nazi que quiere sabotearnos a todos.

Indignante, ¿verdad? Pues esa es la forma de razonar de este compañero.

La realidad es más cutre

Yo, naturalmente, tengo otra teoría, que, por supuesto, también puede estar equivocada. Yo creo que los compañeros de V de Vivienda, los primeros en emplear esos colores y esa estética, emplearon el negro y el amarillo por una sencilla razón: quedaba guapo.

Y tengo otra teoría más, que también puede ser un error: si los nazis intentaban hacer entrismo en el 15 M es porque son más inteligentes que muchos marxistas digitales y, en consecuencia, comprenden la necesidad de ganar influencia en el movimiento real de las masas, cosa que, naturalmente, sólo puede hacerse “sobre el terreno”, y no desde casa.

Un posible indicio de que Marat se equivoca podría ser el siguiente: si esos neoliberales y nazis que (aunque nuestro defectuoso cerebro no nos permita detectarlo) se ocultan indudablemente tras las protestas contra los recortes y los bancos, han sido lo bastante inteligentes y sutiles como para engañarnos a todos, ¿cómo ahora de repente son tan idiotas como para emplear unos colores que los desenmascaran inequívocamente?

¿O tal vez sabían que la inteligencia escasea entre la izquierda, si exceptuamos, claro, al camarada Marat?

Abajo a la izquierda

Marat está obsesionado por una cuestión: aquel vulgar eslogan que afirma que el 15 M “no es de izquierdas ni de derechas”. En eso coincido con él: siempre me ha preocupado y asqueado ese lema. Sin embargo, más allá de eslóganes y palabras, el 15 M es un movimiento inequívocamente de izquierdas. Sí, inequívocamente de izquierdas, de lo que de toda la vida de dios se ha llamado la izquierda. Así de claro. Y el que todavía no se haya querido dar cuenta, sufre un problema cognitivo. Y serio.

Pero, en realidad, la cosa es aún más confusa: la gente identificaba las palabras izquierdas y derechas con el PSOE y el PP. Y, así, torpemente, sin la sapiencia marxista de Marat, se inventó un (en realidad no tan) nuevo modo de expresar la lucha de clases: decir que somos los de abajo. ¡Dramático! Sin embargo, Marat no debería olvidar que, desde un punto de vista estrictamente marxista, los conceptos de izquierdas y de derechas tampoco son técnicamente correctos.

Teniendo en cuenta esto último, ¿dónde está el drama de que la gente, en lugar de decir “izquierdas”, diga ahora “abajo”? Y sin embargo, en un extremo que -hay que decirlo- llega a la manipulación, Marat atribuye la expresión a algún nazi que, al parecer, ha descubierto en la red. Al parecer, dijo esa frase en octubre de 2011 y, posteriormente… los indignados se la copiaron. ¡Qué falsedad más tremenda! Yo he visto esa frase en carteles desde mayo de 2011, desde el mismísimo inicio del 15 M.

Marat, sencillamente, cuenta la historia al revés: fue el nazi el que copió, como es habitual en su oportunista ideología, la frase del 15 M, y no viceversa. Pero siempre es posible emplear alguna cita de Primo de Rivera, debidamente descontextualizada, para que se parezca en algo al 15 M y acabar de probar que el 15 M en verdad es nazi. No importa que el falangista negara las contradicciones sociales en pos de un único cuerpo social “nacional” que nos abarcara a todos, mientras que el 15 M llama a algunos, a los de abajo, a rebelarse contra otros, contra los de arriba.

Da igual. Partir de dogmas es así. Se sesgan dos frases aquí y tres allá para que todo parezca encajar con la tesis preconcebida. Se retuercen y estrangulan las palabras para que parezca que estamos diciendo algo serio. Todo vale.

En un arrebato surrealista aún mayor, Marat nos explica cómo los términos de “justicia social”, “cambio” o “empoderamiento” tienen al parecer el copyright de nosequé lobby neoliberal oculto. Otra “prueba” más. No importa que “justicia social” sea un término propio de la izquierda de toda la vida. O que “cambio” pueda referirse a cualquier cosa, desde un cambio hacia la izquierda hasta otro por la derecha, pasando por algo que no tenga absolutamente nada que ver con la política.  O que la noción de “empoderamiento” sea, por ejemplo, un clásico de la Revolución Bolivariana de Venezuela, como expresión del surgimiento del Poder Popular.

Marat parece mucho más preocupado por el léxico, por lo formal y por el “qué dirán” que por el contenido real de las cosas. ¿Es eso marxista?

El 15 M de la vida real

En realidad, Marat no es más que un derrotista anacrónico. Habría sido derrotista hace un año, cuando efectivamente se libró esa batalla que ahora nos narra. Cuando UPyD y grupos por el estilo trataban de infiltrarse en el 15 M. Cuando no se sabía hacia qué lado iba a tirar la cosa. Pero, a día de hoy, Marat no es un derrotista, sino un auténtico Don Quijote.

¿La realidad actual? Esas tendencias liberales han sido sencillamente derrotadas en todas partes. El 15 M lo forma en cada ciudad y cada barrio el rojerío de esa ciudad y de ese barrio. La indefinición, la cháchara sobre la “reforma de la ley electoral” o “la participación ciudadana” y otras especies similares han quedado definitivamente superadas. Hay una gran diferencia entre el 15 M que nos vende la tele (el único que Marat conoce) y el 15 M real.

Por más que Marat busque empresarios y emprendedores de oscuros lobbies, o hasta de los illuminati si así lo desea, la realidad es que el 15 M actual (insisto) lo forman en cada lugar la izquierda social y barrial, la izquierda sindical y la izquierda política de ese lugar. Para comprobarlo, le bastaría con soltar el dichoso ordenador y acercarse a la asamblea del barrio en el que viva.

El 15 M no se dedica a crear empresas o a defender el neoliberalismo, como de manera (nunca mejor dicho) indignante propone Marat. El 15 M se dedica a protestar contra los recortes sociales. ¿Es neoliberal eso? A parar desahucios, okupar pisos para familias desahuciadas y dejarse la espalda trabajando en Somonte. ¿Es empresarial y derechista eso? A protestar contra los CIE’s y ayudar a los sinpapeles. ¿Es fascista eso? ¿Lo dijo Primo de Rivera alguna vez?

Ahora bien, ¿hubo tendencias fascistas dentro del 15 M alguna vez? Sí, las hubo y fueron derrotadas. Pero no gracias precisamente a Marat. Sino a todos los que nos pringamos en ello y que, leyendo a Marat, no podemos sino sentirnos insultados.

‘Soviet’, asamblea en ruso

A Marat le gusta mucho la pureza. Fantástico. Si por gente como él hubiera sido, ninguna revolución de la historia se habría producido, porque todas fueron impuras. Empezando por la rusa. ¿Una revolución, como la del 1905, liderada por un zarista disfrazado como el pope Gapón? Inaceptable. Pero, es más, ¿no participaban los bolcheviques en los soviets, asambleas populares en las que empezaron siendo una ínfima minoría? ¿No tenían que aguantar en ellos a mencheviques, liberales, social-revolucionarios o sindicalistas? 

¿Cuál era la manera de demostrar las falacias de los oportunistas que trataban de frenar la revolución? ¿Quedarse en casa chateando por internet (o por telegrama, supongo, en la época)? ¿O acudir a las asambleas, para discutir directamente con las masas? ¿De qué sirve tener la razón desde un punto de vista teorético y refinado, si no se da a esas ideas una fuerza real que las materialice? ¿No decía Marx que el problema de la verdad y la falsedad se dirime en el terreno de la práctica real?

¿Debía abandonarse esa tribuna que nos brindaban las circunstancias políticas, para que fueran ocupadas por liberales, fascistas o cualquiera que tuviera las miras estratégicas necesarias para liderar el desencanto social y ponerse al frente de un proceso social cuya dirección aún estaba en disputa?

¿Qué hacemos ahora?

Las revoluciones no son un acto único. Son procesos, llenos de baches y vaivenes. Los rusos tuvieron que esperar doce años, de 1905 a 1917, para hacer la suya. Si por Marat fuera, naturalmente, Lenin no habría tomado aquel tren en Finlandia para asistir a una revolución burguesa como la de Kerensky, probablemente arguyendo que “no estaban claros los objetivos”.

Una cosa está clara: la situación actual es culpa nuestra, de la izquierda, de nuestra propia incapacidad. Basta de echar balones fuera; asumamos nuestras responsabilidades. No hemos sido capaces de crear una mayor hegemonía ideológica entre las masas populares.

La cuestión es ¿qué hacer ahora? ¿Trabajar con el movimiento popular para tratar de conducirlo a buen puerto? ¿O aislarnos en nuestra inmaculada pureza, reconociendo de una vez por todas que el marxismo no vale para nada excepto para dárselas de listo? Hasta el KKE griego, muy crítico con el reformismo de los indignados de su país, defiende que hay que estar en las plazas para discutir con el pueblo y convencerlo de sus orientaciones.

La fábrica de excusas

La realidad es que el 15 M no es neoliberal, ni fascista. Sí que es bastante socialdemócrata, en general, si atendemos a sus reivindicaciones fundamentales (no así sus prácticas, que rayan el anarquismo). Sin embargo, no es como otras iniciativas socialdemócratas (véanse las Mesas de Convergencia, o la propia Izquierda Unida), porque estamos ante un fenómeno nuevo, masivo y sin una estrategia ni un liderazgo demasiado claros.

Las masas están cabreadas, su situación empeora. Protestan contra los bancos, contra los ricos. Contra los recortes. Empiezan a comprender que el PSOE y el PP son parte del mismo engaño. Pero… carecen de dirección. ¿Cómo podría un comunista, en mitad de esta situación, no ver una preciosa oportunidad para entrar en acción? ¿Para qué servimos entonces los comunistas?

En conclusión, me gustaría pedirle a Marat que reconozca que el 15 M no es una conspiración neoliberal, fascista ni nada por el estilo, sino que, sencillamente, no le apetece participar en él. Respeto la sinceridad y, además, Marat es libre de apoyar otra clase de iniciativas, si se siente mejor en ellas. Sin embargo, es una irresponsabilidad que, con sus artículos, llame a la desmovilización.

Y es que, por desgracia, hay demasiado “compañero” que no sabe trabajar con las masas, con la gente del pueblo, de la calle. Sí, hablar con “esa gente tan rara” que no asume el programa completo de nuestro partido desde la primera conversación (bah, ¿para qué hablar con fascistas así?). Y esos son los “compañeros” que han encontrado un auténtico oasis en los textos de Marat, ya que les proporcionan la excusa perfecta para quedarse en casita, lugar perfecto donde seguir esperando (sin duda hasta el día de la muerte) una revolución pura en la que todos sean m-l desde el primer día.