«Manzanas» que no eran manzanas, parieron: el engaño…

Todo engañador cuando es descubierto es lógico que se sienta muy mal, lo abatirá la sensación de quedar al desnudo y esa desnudez es muy difícil de aceptar a menos que sea producida por voluntad propia y no por un tonto descuido, aunque en realidad el engañador suele ser demasiado cínico.

Ni que hablar del pobre engañado ya que sobre él caerá todo el auto desprecio llegando hasta a sentirse impotente e iluso.

Sabemos que el engaño existe desde lo que se describe como la creación del mundo. Ya nos habla de ello el libro del Génesis de la biblia cuando describe a los primeros humanos creados por Dios y quien una vez terminada su tarea, al séptimo día, se dedicó a descansar como corresponde a todo trabajador, aunque hoy no se aplique ese derecho.

Adán fue el nombre designado para él. Eva tomaría forma “gracias” a la costilla que se le quitara al muchacho para que ella apareciera y calmara la soledad a la que estaba condenado si no hubiese habido una chispa de imaginación y piedad por el pobre primer hombre. Hubo pautas preestablecidas, que según el machismo exacerbado de aquel entonces y que perdura hasta nuestros días, “ella” se encargó de transgredir.

Cuenta la historia que la parejita recién formada fue depositada en el Jardín del Edén, o sea, el paraíso, sitio rodeado de magníficos árboles de los cuales podrían comer sus deliciosos frutos, menos de uno: el llamado árbol de la ciencia del bien y del mal.

Eva, mujer al fin y tal como se dice de “nosotras”: “desobediente”, “engañadora”, “curiosa”, resultó al fin engañada ella, por el “diablo”,- notar que dijimos “el”- que la instó a probar el fruto prohibido.

Como ella supuso que le gustaría y pese a la prohibición existente, invitó al “incauto”, “desprevenido”, “pobre tipo”, Adán, quien cayó en la tentación ofrecida por su “traviesa” mujer y comió ese fruto que con el correr de los años se dijo que era una manzana deliciosa.

Mucho más acá en el tiempo, muchos nos preguntamos si lo que antaño fuera manzana y que deglutió Adán no sería lo que luego se conocería con otro nombre y que marcaría la diferencia entre ellos y nosotras…

De hecho y de haber sido realmente manzana, la iglesia católica y su inquisidora reproducción habrían excomulgado a esa fruta por los siglos de los siglos, así como hubieran condenado a su desaparición de la manera más tortuosa, a innumerables árboles reproductores de ese regalo de la naturaleza y tal vez hasta las oligarquías terratenientes y financieras no hubieran cometido tanta sangría a lo largo de su historia al menos por las manzanas…

Por supuesto el castigo no dejaría de presentarse y cayó sobre los infelices con todo el peso de la ley de entonces. Ambos fueron expulsados del paraíso, desmoronado sobre su transgresora anatomía aquello implacable y presente hasta hoy: dolor, muerte, vergüenza, y el peor de todos, el trabajo…

“Comerás el pan con el sudor de tu frente, polvo eres y al polvo volverás, parirás a tus hijos con dolor”, esto último tuvo alcance sólo para ella y las “ellas” que le sucedimos y sin haber tenido la culpa de aquello, aunque más de una hayamos heredado la voluntad y el amor para transgredir todas las pautas establecidas arcaicas y contemporáneas y lo hacemos con la moral altísima.

Eva parió dos hijos gracias a la manzana del pecado y a los atributos de Adán, fueron dos varones que a su vez por esas cosas extrañas de la vida dieron lugar al nacimiento de otras varias generaciones de las cuales, dicen, provenimos.

Describimos acá la historia del primer engaño, luego éste no dejó de existir nunca más y lo vemos apoyado en sus secuaces engañadores, muchas veces “entronado” mandando a callar a alguien, o con bandas presidenciales atravesándoles el pecho, con los colores de sus respectivas banderas y engañando a sus pueblos con la misma facilidad con que lanzaron sus promesas preelectorales.

El engaño se hace presente en algunas mujeres cincuentonas, que creen aparentar ser treintañeras mediante dosis de siliconas, colágenos, botox y accesorios pretendiendo engañar el paso inexorable de los años, aunque hasta el momento no se haya encontrado nada que reemplace, al menos plásticamente, la ausencia de sentido común y de neuronas vivas en cerebros huecos.

Transcurrieron los años, nuevos engaños fueron practicados, no podemos olvidar el mayor genocidio de la historia que alcanzó a nuestros hermanos originarios a quienes exterminaron previo despojo mediante espejos de colores.

Llegamos, salteando etapas por una cuestión de espacio, a la época actual, donde un nuevo y fatídico engaño logró instalarse en la subjetividad de más de uno hasta ser recibido con aplausos y entusiasmo. Hablamos del neoliberalismo, la globalización del horror, la exclusión, la marginación y todos esos flagelos que estamos padeciendo y a los que tantos nos resistimos con todas las fuerzas que somos capaces de emplear: unos con armas, otros preferimos hacerlo apoyados en las ideas y siguiendo posiciones que se apartan de la atrocidad de un proyecto que cada día deja más víctimas en el camino de los pueblos.

Si queremos evidenciar la prostitución de este sistema prostituido, podríamos elaborar grandes tomos, donde dejaríamos estampada, nuevamente, la teoría cada día más vigente de la lucha de clases dentro de un sistema que se esforzó por aniquilar hasta los derechos humanos básicos.

Vemos hoy la desestructuración de la educación y de la salud entre tanto aniquilamiento. La primera a partir de la privatización, lo cual arrojó a millones de jóvenes al consumo de drogas y a la delincuencia, entre tanto delincuente con saco, corbata y guante blanco, que justamente y dada su apariencia de grandes señores, resultarán impunes frente a todo tipo de delitos que cometan.

Hasta de los favores que les ofrece el narcotráfico con su aporte para las campañas políticas.

Cuando hablamos de la salud se nos eriza la piel, los hospitales colapsaron sobre todo en los países de Centro y Sur América, con excepción de la gloriosa Cuba que no permitió que la prostitución diseñada por el capitalismo en su fase más perversamente moldeada, penetrara una sociedad que avanza, aún en medio de un bloqueo genocida que jamás conociera pueblo alguno fuera del cubano. No tuvo acceso nuestro actor central de la nota “el engaño”, en las entrañas de esa sociedad digna y rebelde.

La salud privatizada está causando grandes crímenes solapados, basta con entrar en una clínica privada para que dudemos si no equivocamos la dirección y acaso entramos en un hotel.

Grandes carteles impecables que nos muestran a enfermeras y empleadas muy monas, delicadamente vestidas, con sonrisas cautivantes y donde sólo falta que expongan un letrero que diga: “Enférmate, te estamos esperando”…

Habitaciones de lujo,teléfono, acceso a internet, música funcional, hermosos cortinados que permitirán que el paciente con alto poder adquisitivo “goce” de los “beneficios” de haberse enfermado para aterrizar en ese lugar y sus acompañantes en el dolor piensen que están pasando unos días de relax en un spa.

La cara contrapuesta la encontraremos en las clínicas que atienden a las obras sociales o seguros de salud, donde un paciente con alguna enfermedad pasajera deberá compartir habitación con la música macabra queparte de los “ayes” de dolor de algún/a moribundo y la angustia de los familiares, lo cual hará que más de un enfermo se pregunte si acaso el próximo en partir no será el-ella…

Veremos en estos espacios la cara más perversa de la decadencia del capitalismo en la salud, partes médicos que jamás son facilitados al familiar del enfermo, médicos que si bien ponen su máxima voluntad muchas veces comparten lugar con otros que jamás se dignarán a contener dolor alguno; esperas para aplicar un calmante que puede durar horas aunque la indicación primaria diga que deba aplicarse a determinados como ignorados horarios.

El drama más grande se presenta si el enfermo es terminal, podremos comprobar, entonces, que hay como un deseo latente y subjetivo de que el paciente “acabe” cuanto antes con su dolencia total, día más o día menos que más da…

Ni qué hablar si el paciente necesita una prótesis, en ese caso resulta ideal ayudarlo a emular a Penélope mientras esperaba tejiendo y destejiendo, la llegada de su amado Ulises a Ítaca…

Las clínicas que atienden pacientes por medio de obras sociales se convirtieron en “moritorios”, dejando a un lado su consabido nombre de sanatorio. Otro engaño legalizado.

Y cuánto para hablar del crimen que causaron sobre los hospitales públicos, aunque para ello nos hagan falta horas de trabajo y un estómago demasiado fuerte que sea capaz de resistirlo.

Estamos entonces, asegurando que el engaño es tan viejo como la historia, está establecido y hasta da la impresión de que se institucionalizó. Lo más lamentable de todo es que muchos consumieron el discurso engañoso creyendo que todo está mejor así.

El “poderoso caballero, don Dinero” se fue adueñando de todas las estructuras donde antes tuviera cabida el pueblo. La prostitución del sistema asesino barrió con los derechos elementales de los habitantes sin recursos y la historia sigue su paso con su ropa vuelta harapos.

¿Qué nos espera para el futuro? Pues sin dudas que lucha y resistencia, concientes de que cuando aseguramos que el mundo como va no puede durar mucho más, no nos apoyamos para nada ni el las teorías del fin de la historia, ni mucho menos, en el tristemente célebre, infaltable y repudiable: Don Engaño…

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS