Manipular la historia

El historiador británico David Irving fue detenido el miércoles en Austria, acusado de negar el Holocausto, algo que en el país centroeuropeo es un delito penado con hasta 20 años de cárcel. Se trata de un severo castigo que corresponde con justicia a un delito gravísimo: falsificar los hechos históricos para negar el más terrible episodio criminal de nuestro tiempo. La interpretación de la historia es cambiante a lo largo de las décadas porque los hechos son analizados desde nuevas perspectivas, pero la negación por abyectas razones de datos comprobados, como el exterminio de millones de personas, hace un daño terrible a las nuevas generaciones.

La manipulación de la historia por presuntos científicos no es sólo una práctica de unos cuantos historiadores locos. Se trata de una fórmula política de revisión del pasado que facilita el regreso de regímenes belicistas y genocidas. El debate es oportuno en España, donde una serie de presuntos intelectuales revisan de forma sectaria las claves de la guerra civil. Historiadores como Pío Moa o César Vidal –vinculados, por cierto, a la COPE– están empeñados en demostrar que fue la izquierda y no Franco quien empezó la contienda. Como Irving, están condenados al fracaso.

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