¿Mañana de la revolución?…

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En los tiempos que siguieron a la “gran derrota” (Perry Anderson”), se nos hicieron evidentes algunas consideraciones que en la fase anterior no apreciamos con el suficiente rigor. Después de la descomposición y desprestigio del “socialismo irreal”, se podía percibir que el tren de la historia no tenía necesariamente el destino de una estación como la de la Finlandia que señaló la llegada de Lenin a la Rusia en la que los soldados se habían negado a disparar contra las mujeres un 8 de marzo, y en la que habían emergido los soviets de obreros, soldados y campesinos. Los que por tierra, cielo, mar y aire aseguraban que el “socialismo “  lejos de ser la solución se había convertido en el problema, reflejaban la existencia de una contrarrevolución mundial en con un “Estado Mayor” organizado y ordenado a la manera estaliniana, aunque su finalidad actual era el apogeo del tanto tienes tanto vales, del “todo tiene un precio”. Esto deshacía el optimismo histórico de las teorías socialistas incluida la marxista que –se nos aseguraba-, habían quedado reducidas a núcleos intelectuales como los que aquí podían representar Francisco Fernández Buey o Toni Domènech, cuya obra “El eclipse de la fraternidad” nos situaba ante esta nueva realidad. El marxismo pues quedaba reducido a las minorías ilustradas e inoperantes, los “países del “socialismo real” no quería ni oír hablar del ayer (el gran periodista y antiguo comunista, Ryszard Kapuściński  se plantaba sí la experiencia estalinista no había aniquilado la tradición socialista), en tanto que la clase obrera apenas si mostraba capacidad de resistencia ante una “contrarrevolución” que los situaba en una suerte de limbo, que convertía a sus viejos partidos socialistas o comunistas es cómplices, en parte de un juego en el que la resignación era la primera regla. El individualismo la segunda…

Esta contrarrevolución llegó a parecer tan segura de sí misma que un pensador como el ya citado Perry Anderson sugería que posiblemente el corte de época podía resultar similar a la que se dio entre la revolución inglesa de Cromwell (maldito entre los malditos), hasta la norteamericana de 1776 pero sobre todo, la toma de la Bastilla de 1789. Esta apreciación nos lleva a una resistencia triste, a la melancolía militante que se acentuó cuando crisis sociales de la envergadura de la Sudáfrica anti-apartheid o las guerrillas de América Central, retrocedían de sus iníciales audacias para acabar como en el primer caso, con un gobierno de mayoría negra cuyo ministerio de Economía era regentada por el viejo partido comunista de Joel Slovo que…aplicó el neoliberalismo desde el gobierno, acentuando todavía más las diferencias sociales aunque ahora negros y blancos no marchaban en vagones separados. No obstante, situados en esta cuesta abajo no contamos con una variante.

A saber que el capitalismo sin oposición –sin enmiendas socialdemócratas, keynesianas- , acabaría abriendo un abismo cada vez mayor entre los pueblos, entre las clases, entre el consumismo y la Madre Tierra. O sea que podía darse una recomposición desde una resistencia obligada cuya primera cita ya ha tenido lugar en los EEUU de Trump, el peor de los tiburones yanquis lo cual es ya decir. No se puede ser presidente del Imperio sin ser un sociópata, pero tanto como Trump no se había llegado. Y a ha sucedido que el país se ha echado en la calle. Ya lo estaba en Chile y en otros países en crisis abierta. De ahí que todo indica que el tiempo que seguirá a la pandemia y sus consecuencias ya no pueden estar en manos de las internacionales del dinero.

Se abre pues un nuevo periodo histórico, y todo indica que uno –sino el principal- epicentro, se encuentra en los EEUU donde se han alcanzado las mayor4es movilizaciones existentes durante la pandemia. Una crisis que ha detenido de momento el resurgimiento activo y consciente del chile popular que en los últimos tiempos parece haber acordado en lugares de trabajo y plazas un “hasta aquí hemos llegado”. Tanto en un país como en otro hay un encuentro de movimientos, la voluntad de una nueva síntesis del socialismo. En los EEUU hasta Eugene V. Debs y los años 60, en Chile hasta Salvador Allende y el MIR que fue la conciencia crítica de la Unidad Popular. Aquí temas como la sanidad y la escuela pública, de negocios como el de las residencias de personas mayores se han colocado como evidencias acusatorias contra un sistema cada vez más insoportable.

Los italianos dicen que todo llegará, pero no hoy. Hoy solamente es el comienzo de algo que se está fraguando en un mar de indignaciones.

 

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