Malditos asesinos

&nbsp El gran Israel bíblico, dominado por rabinos enloquecidos, por personajes siniestros e inhumanos, descendientes de la casa de Sión, elegidos por Dios como salvadores de la Humanidad, sigue con su tarea de vomitar muerte y desolación sobre los territorios palestinos. La gran patraña religiosa continúa. La avanzadilla militar, fuertemente armada con armas químicas, bacteriológicas y nucleares, situada en un centro geoestratégico vital para el mundo del dinero, sigue con su implacable tarea de destrucción. Medio siglo de genocidio, asesinato de inocentes, éxodos, hambruras y reclusión en un guetto ha sido la historia repetida para el pueblo palestino.

&nbsp Mientras, el comandante en jefe de Washington asiente con su silencio. La vieja Europa “comprensiva” con el uso de la fuerza contra terroristas islámicos sigue hablando, como siempre, del alto el fuego, de reconciliación, del derecho internacional, de la ayuda humanitaria, de la eterna reconstrucción… Los Estados árabes, al borde del desastre económico, capataces inmensamente enriquecidos que solo piensan incrementar sus sectores burocráticos, represivos y militares para poder hacer frente a la miseria de sus pueblos, también asienten&nbsp y callan. Todos repiten la misma canción con el beneplácito de las fuerzas progresistas: es preciso perpetuar durante más generaciones la cizaña del odio y la venganza entre los ciudadanos palestinos e israelíes separándolos en sendos territorios “soberanos” de conformidad con una resolución de las Naciones Unidas del año 1947. Para todos una misma solución: un gran Israel dominante y una Palestina dócil, humillada y destruida. Una solución que se repite en otros muchos lugares del mundo.
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&nbsp En esta Palestina arrasada por los rabinos enloquecidos, otros imanes enloquecidos, otros personajes siniestros e inhumanos participan en el mismo circo fantasmagórico de la destrucción: La guerra Santa contra el infiel y&nbsp la destrucción de Israel.&nbsp La imposición de disposiciones coránicas como la amputación de manos a quienes robaren, cuarenta latigazos a quienes consumieren alcohol, y la pena de muerte para los homosexuales y para quienes “debiliten el espíritu de resistencia del pueblo” y el odio y la venganza sin tregua contra el enemigo sionista, mantienen&nbsp la inacabable hoguera de la desolación y alimentan sin fin la ceguera de odio y de sangre. Frente a los bombardeos indiscriminados de Israel cientos de jóvenes suicidas palestinos se aprestan a inmolarse. Por Dios o por Alá la barbarie continúa.

&nbsp Mientras gobiernos, políticos y santones siguen decidiendo el destino de la Humanidad, organizando meticulosamente la eliminación de un mundo que consideran necesariamente “sobrante” para que otro mundo caduco sobreviva, los pueblos arrastrados por sus guerras ven con impotencia, rabia y amargura una situación de barbarie interminable. Llorar y enterrar a los muertos, reconstruir a duras penas la vida… y esperar una nueva masacre.

&nbsp El mundo del dinero ha agotado otra solución que no sea la guerra y la eliminación de los sobrantes. El diseño de un mundo fraccionado y dividido, sobreviviente uno y sometido, humillado y saqueado otro, es la única solución que se nos ofrece.

&nbsp Los ciudadanos palestinos, israelíes, libanes, jordanos,… deben desacerse de sus gobiernos, de sus santones y de sus políticos. Deben vivir juntos y trabajar juntos solidariamente a favor de sus vidas. Deben diluir sus identidades a la par que la de sus fronteras, estandartes y banderas. Deben apartar a sus jóvenes de los sacerdotes, imanes y rabinos que siembran cizaña de odios. Sustituir los libros sagrados por enciclopedias de Ciencia y de conocimientos humanos.&nbsp Sustituir los cánticos religiosos y los tambores de guerra por los sonidos armoniosos de la música en favor de la vida y
de la cooperación entre los seres humanos. Ninguna posibilidad de solución se encuentra tras la creación de nuevos Estados soberanos. La unificación de la toda Humanidad en un proyecto común debe ser imparable.

&nbsp El viejo mundo de la mercancía y del dinero se resiste a morir, sus últimos coletazos son de muerte y desolación. Un nuevo proyecto unificador en favor de la vida le cuesta nacer, pero estoy seguro de que su gestación es imparable.

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