Mala feminista

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Por: Anita Botwin

“Preferiría ser una mala feminista a no serlo en absoluto”. Roxane Gay

Lo confieso. Soy una mala feminista. Como Roxane Gay, estoy llena de contradicciones.

He escuchado y escucho canciones que hablan de amor romántico, como las de Amy Winehouse. Me libro del reguetón y del trap porque me parecen horribles, pero ni siquiera puedo decir que lo haga por convicción. Hubo una época en que los libros de Bukowski me parecían obras maestras, hasta que descubrí un vídeo en el que maltrataba a su mujer.

Me depilo las cejas porque me veo o siento mejor así. Supongo que es mi velo occidental. Podría estar sin depilarme, pero no quiero. Me siento bien así. ¿Estoy haciendo bien mi trabajo de buena feminista? Seguramente no. Admiro a mis compañeras valientes que sí luchan contra lo normativo. Ellas son insultadas en el metro por llevar pelos en las piernas, yo simplemente paso desapercibida. Quizá haya algo de miedo en ser mala feminista; quizá no me haya deconstruido aún lo suficiente, quizá simplemente sea mi propia feminista, sin más etiqueta que esa. Quizá falle cada día en esto del feminismo y en ser mi mejor versión, en contribuir a un cambio real desde mí misma. Lo confieso, estoy llena de contradicciones.

Al mismo tiempo, y como Roxane Gay, no quiero tener nada que ver con el trabajo de hombres y especialmente con todo lo que tenga que ver con matar cucarachas o tirar la basura, aunque con esto último puedo hacer alguna excepción. Tengo contradicciones.

Reconozco que en una época vi Anatomía de Grey y gasté un rollo de papel higiénico con el Diario de Noa. Creo que lo volvería a gastar si volviera a verla hoy, pero ahora ya no puedo hacerlo si quiero ser una buena feminista.

He soñado con la idea de ser madre. Una madre abnegada que da el pecho a todas horas porque eso es lo que se supone debe hacer una buena madre. A día de hoy aún sueño con ello a veces, por suerte en seguida se me pasa. Pero si eso ocurriera sé que, a no ser que me tocase la lotería, tendría que dedicarme a los cuidados. Eso sería la mayor contradicción. Luchar contra el papel de la mujer que socialmente hemos tenido y al mismo tiempo convertirme en lo que no quiero ser. Pero lo peor de todo esto no es tener que luchar con esta contradicción, lo peor es que no podamos cambiar socialmente el hecho de que no se nos reconozca económicamente igual que a nuestros compañeros o que tengamos que sostener la carga de los cuidados. Nos vemos en la decisión de ser madres y renunciar o renunciar y no ser madres. Ellos simplemente ponen la semilla y pueden seguir trabajando y produciendo y ser reconocidos socialmente. No se me enfaden.

El amor romántico ha sido mi mayor enemigo. Creer que alguien va a salvarte es de las peores cosas que pueden ocurrirte si eres feminista. Pero en este caso es, además, horrible para la salud. Si fuera ministra de Educación, prohibiría la emisión de todas esas películas de Walt Disney en las que la protagonista espera ser salvada. Crepúsculo no se libraría de la criba. Lo siento, tampoco El Diario de Noa.

https://ctxt.es/es/20180926/Firmas/21953/mala-feminista-contradicciones-amor-romantico-Anita-Botwin.htm

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