Publicado en: 15 enero, 2019

Maduro, constituye un perfil histórico presidencial, pese a una argumentación falsa de sus atacantes.

Por emiro enrique vera suarez

Ya sé que imputar sinceridad a consumados intérpretes de teatro político comporta un riesgo supremo para el honor de todo buen venezolano

Asidero,

 

De producirse unas elecciones presidenciales al calco, el presidente Nicolás Maduro Moros sería elegido nuevamente, porque el tablero político nacional es un escenario, donde se miden las inquietudes de la izquierda venezolana, el madurismo y, los movimientos opositores. Aunque las turbulencias de los mercados emergentes parecen que ahora, se encuentran sobrevendidos. Ahora bien, ¿representan un buen valor? ¿Qué más necesitamos ver para una recuperación? Mi lista de deseos para 2019: enfriamiento de las tensiones comerciales mundiales, más estímulo en China, aumento de los precios de las materias primas y buenas políticas. Sin duda, necesitamos restablecer el mercado.

Ya sé que imputar sinceridad a consumados intérpretes de teatro político comporta un riesgo supremo para el honor de todo buen venezolano, que tolera cualquier cosa menos que le tomen por ingenuo. De mí no se ríe ni mi padre: esta es la frase más idiosincrásica que se pronuncia en Venezuela desde tiempos de Caldera. Pero el orgullo es el báculo de la ceguera: le permite a uno sentirse más listo que el resto mientras permanece en la densa, confortable oscuridad.

Y cualquiera, sigue ciego su camino, no importando los escraches por internet o personalmente. La reacción es de total escepticismo. Y es lógico, los personajes políticos se dan una impostura que goza del pueblo una total simpatía. Donde, hasta los curas, no desean ser comunistas, pero, sí que el Estado le retribuya una bonificación por sus servicios eclesiásticos,

La nueva tendencia ideológica en Venezuela y América Latina, viene dándose desde Andalucía. Bastión histórico del PSOE y José Luis Zapatero. Ahora conjuntamente con Pablo Iglesias y Podemos. Dando orientaciones a una Latinoamérica para que, sume votos a sus intereses, logrando una ligera mayoría en el gobierno y, los gobiernos que asesora en el exterior.

José María Aznar solía decir que no se perdona que un joven de derechas tenga éxito; ahora lo que no se perdona es que lo tenga un joven o un viejo de izquierdas. Hay que teclear con cuidado para que no te descubran secuelas de rojería porque te patean en las redes o en los comentarios del propio periódico donde escribes. La derecha sigue soñando con un país como Francia, donde las banderas estén en las escuelas y hasta en las bodas; la izquierda ha quedado alelada con el nacionalismo y le van a dar muchos tortazos.

 

Lo que han llamado extrema derecha no se parece a la de la Transición. Éstos no salen como aquéllos con bates de béisbol, ni dan estopa en la zona nacional, ni tienen detrás a la madera ni reconocen otros poderes fácticos que los ciudadanos que los votan.

Ya palmó aquel facha al que cantaba Joaquín Sabina: “Mi vecino de arriba/ es un fulano de tal. / Es un señor muy calvo, muy serio y muy formal/ que va a misa el domingo/ y fiestas de guardar”. Los vecinos de arriba que votan a la derecha-derecha ya no hicieron la guerra ni hacen pintadas de “Rojos al paredón” ni reaccionan como el que un día pescó a Joaquín magreando a su hija dentro del ascensor y le dijo: “Quítate el pantalón”. “Como hay niños delante/ no les puedo contar/ lo que con su cuchillo/ me quería cortar”.

 

Las nuevas derechas se alejan del centro, son más laicas, rechazan el franquismo, no van de antieuropeas. Han conectado con el estrés de las derechas europeas y levantan banderas de “españoles primero” contra la inmigración y contra la invasión musulmana. Los activa la amenaza separatista de Cataluña porque temen la ulsterización o balcanización de España, con ese separatismo que emborracha y puede matar. Así, sucede en Venezuela, nadie desea adherirse al proyecto revolucionario, pero, su voto va hacia el presidente Maduro.

 

En España, Las nuevas derechas no se salen del perímetro democrático y, por muy radicales que sean, saben que en lo esencial la política económica no viene dictada por la lucha de clases sino por Bruselas y la supervivencia de Europa y de su moneda, aunque progresistas y conservadores mantengan ese teatro grosero de derecha-izquierda.

 

Con la izquierda pasa igual. Quiere convivir con el presente vecinal y aceptar las partes. Nicolás Maduro y Zapatero, acortan las distancias. defienden una política económica poco ortodoxa y acreditadamente ruinosa del pasado, basada en políticas sociales altamente ideologizadas, clientelares y derrochadoras. Pero, es el recurso para mantenerse en el poder.

Por cierto, el falso progresismo de la izquierda Para cubrir su gasto ingente se necesita abrasar fiscalmente a las clases medias y a los sectores productivos de la nación, aunque su consecuencia inevitable suele ser un pernicioso aumento del déficit público y de la deuda pública, empobrecedores innatos de las generaciones presentes y futuras.

 

El siglo XIX alumbró dos grandes ideologías: el liberalismo y el nacionalismo. El siglo XX otras dos: el comunismo y el fascismo. Pues bien, las dos primeras siguen vigentes y las dos últimas han desaparecido por completo. El fascismo, esa mezcla de nacionalismo, tradición y violencia con que las clases medias replicaron al comunismo, ha sido borrada del mapa por completo después de haber provocado tal cantidad de desastres en el mundo que nadie la podrá resucitar. El comunismo tres cuartos de lo mismo, incluso se pude decir que quizás sea la idea que más situaciones anómalas ha causado, aunque nos dejó como herencia los logros sociales de la socialdemocracia

 

Pero, hoy, tenemos el Socialismo del siglo XXI, el concepto más claro de un cruce de ideologías que proyecta al hombre nuevo. Su representante, Nicolás Maduro Moros.

 

 

 

 

 

 

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