Madre Coraje y sus hijos

¡Malditas sean las guerras! Nos grita Anna Fierling, conocida como “Madre Coraje”, un grito que nos dio su autor Bertolt Brecht, y que no ha cesado desde el estreno de esta obra el 19 de abril de 1941 en Zurich, bajo la dirección de Leopoldo Lindtberg.

Una “Madre Coraje”, que lucha por sobrevivir junto a sus hijos, comerciando en los caminos de la guerra, en la que sus hijos serán reclutados, y esta maquina materialista y real de la muerte no parará de engendrarla desgracias e infortunios.

Estamos en la “Guerra de los Treinta años”, y la acción se desarrolla en Suecia, Polonia y Alemania, entre 1624 y 1636. “Madre Coraje” tira con su carro, el carro de la vida, va comprando y vendiendo entre las líneas del frente, va subsistiendo entre el infortunio. Pero el apetito de la guerra es eterno, y acabará engullendo lo que más quiere, sus hijos (que son los tuyos, los míos, los nuestros). Da igual de que lado estés, ella no está en ningún bando, uno lo perderá en la justicia de los protestantes, otros en la de los cristianos… a pesar de las enseñanzas, del instinto animal de protección y de supervivencia. Son civiles y soldados rasos los verdaderos protagonistas de la guerra, los que mueren y sufren en la guerra que hacen los reyes desde sus curtidos palacios, envueltos en la fe de su religión, de su interés malditamente egoísta. Sobrevivir, bailando el agua entre los sueños de lo que quisiéramos ser y la traición a nosotros mismos, para seguir tirando del “carro” de compraventa que tenemos dispuesto al mejor postor, o a la necesidad oportuna del negocio de la vida, esperando lo que nunca llega, es la metáfora del capitalismo salvaje, como lo es la guerra, reflejada en la miseria constante de la necesidad.

A “Madre Coraje”, le acompañan sus hijos y compinches que llegaran y se irán con sus intereses y mezquindades, donde se contraponen personajes como un cocinero o un predicador, o la prostituta que viaja de la miseria a la opulencia, en una sociedad donde todo se vende y compra, desde la humillación al respeto.

Este montaje del Centro Dramático, dirigido por Gerardo Vera, nos transmite tremendamente vivo el mensaje de Brecht, con un escenario lleno de juegos de luces mezclados con video montajes, cánticos y movimientos escénicos más allá de la tarima en penumbra, porque siempre es casi de noche, oscuro como la guerra.

La interpretación es contenida, no tiene monólogos encendidos, ni soflamas, busca frialdad y no emociones, porque la agitación se implanta en el que ve y oye, en el espectador que no puede ser impasivo, que quiere gritar como no lo hace “Madre Coraje”, que desde su contenida frialdad te llena de calida emotividad, porque lo que si te llega e inunda es el dolor que te transmiten los personajes, como Kattrin (Malena Alterio) que desde el silencio nos transmite la tragedia, la asepsia e impotencia de los soldados, la locura de los generales… un canto épico que encabeza una supuesta mujer astuta y curtida, que al final sola seguirá tirando de un carro casi vació a la supervivencia de su vida, al mundo inclemente y frío, a la calle, literalmente a la calle.

Setenta años después de ser escrita esta narración de “Guerra de los Treinta años”, es tan actual que podría ser (y es) la guerra de los Balcanes, de Iraq, de Afganistán… del hambre; un testimonio antibelicista y anticapitalista.

¡Malditas sean las guerras!

Más artículos del autor

Imagen de David Ruano

Teatro Valle-Inclán de Madrid, hasta el 11 de abril de 2010.
Autor: Bertolt Brecht.
Versión: Antonio Buero Vallejo.
Dirección: Gerardo Vera.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS