México: País sin sentido

Para Raúl Organista
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Tijuana, Baja California.— No se trata de ser Scrooge (a la manera de Germán Dehesa), sino sólo de lamentar la tristeza que causa ver ya desde ahora a los supermercados de la ciudad inundados virtualmente con la oferta de productos alcohólicos de una manera insultante, como si hubiera algo que festejar en este país que huele a muerte y mierda, indistintamente.
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Síntoma del desastre en que como país estamos convertidos, eso de los supermercados, aparente intrascendente, desde luego que no puede ocultar el costo de 30,000 muertos que hasta hoy ha costado un despliegue absurdo y obtuso de violencia, que hasta hoy no ha logrado cambiar para nada los estragos que desde tiempo atrás caracterizan el despliegue del crimen organizado en el país y que películas como Amar a muerte o El infierno describen con tanta crudeza. No se diga que tampoco para nada ha disminuido la cantidad de drogas, manejo ilegal de migrantes, menores y prostitutas; por el contrario es evidente que ello ha incrementado los volúmenes de drogas, migrantes, menores y prostitutas comerciados ilegalmente (aunque esto es redundante, pues nada de ello se puede comerciar de manera legal).
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Suena a falsedad el actual despliegue de violencia, pues ya que sólo en términos de estrategia el más primerizo conocedor de despliegue de fuerza militar, sabe que una guerra relámpago debe ser eso: lo más corta y arrasadora que se pueda, ya que de otra manera el enemigo incrementará su capacidad de fuego para neutralizar esa guerra en contra suya. Ese fracaso de guerra relámpago en contra del crimen organizado, basada en la salida a las calles de las fuerzas militares, es hoy una guerra de largo alcance en donde las partes luchan cada vez más con una capacidad de fuego similar… Sólo con un pero: allí, entre el fuego cruzado, fallecemos los ciudadanos que nunca estamos armados.
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Además es obvio que hay una protección a una parte de la delincuencia. Así, si se analiza el caso de los capi hasta hoy detenidos, ellos pertenecen todos a grupos ajenos a los de Sinaloa, en donde El mayo Zambada y El chapo Guzmán no son tocados ni con el pétalo de una rosa.
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Carentes de gobierno desde hace 10 años, el país sin sentido en que vivimos, todos creemos –ciudadanos conscientes– debe ya de cambiar, y cambiar radicalmente.
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Pero llegará algún día, como escribe el poeta ecuatoriano Euler Granda, en Erase un día, en que: “Entre latas doradas,/Mc Donals,/Soles de chicle,/Halloweens de plástico,/Entre telas de araña/Del FBI, la CIA,/Capuchas Ku Kux Klanes,/En un país que diluviaba Coca Cola,/Erase que se era/Una bestia bermeja/Un engendro hocicudo,/Una hidra genocida/Que destripaba flores,/Babeaba libertad y democracia/Y a punta de masacres/Se devoraba al mundo,/Hasta que un día vino un ángel/En forma de mosquito/Y le tumbó los cachos”.
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