México: Los acuerdos de San Andrés en la perspectiva actual

En estos días se han cumplido 14 largos años de que los gobiernos federal y del estado de Chiapas, conjuntamente con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), suscribieron los Acuerdos de San Andrés bajo la premisa fundamental de que los mismos darían paso a una inicial reforma del Estado mexicano que, apoyada en sustanciales modificaciones de nuestro texto constitucional, permitiría el reconocimiento de los pueblos indígenas en el marco de una nueva relación entre éstos y la sociedad; garantizaría los derechos políticos, económicos, sociales y culturales mínimos de nuestros pueblos y permitiría el ejercicio efectivo de la libre determinación y la autonomía indígenas sobre la base de otorgar a las comunidades tanto el estatus de entidades de derecho público como la facultad de las mismas para asociarse entre sí y con municipios mayoritariamente indígenas.&nbsp

Aún cuando los Acuerdos de San Andrés, así&nbsp como su traducción&nbsp jurídica que se expresa en la iniciativa de reforma constitucional elaborada por la Comisión de Concordia y Pacificación, llegaron a reflejar el consenso mayoritario de los pueblos indígenas de México, del gobierno y de la sociedad nacional en materia de derechos y cultura indígena, dichos acuerdos fueron traicionados por los partidos políticos nacionales que, presionados por los poderes fácticos, negociaron y transaron en secreto la contrarreforma indígena finalmente promulgada el 14 de agosto del año 2001; así como por el conjunto de las instituciones del Estado mexicano que aprobaron, ratificaron y convalidaron dicha contrarreforma a través del Congreso de la Unión, las legislaturas locales, el Ejecutivo federal y, finalmente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación. &nbsp

La iniciativa de reforma que en aquel entonces aprobó&nbsp el Congreso de la Unión no solo violentó&nbsp los Acuerdos suscritos entre el EZLN y el gobierno, sino que además desconoció&nbsp los escasos derechos que los pueblos indios tenían ya ganados en la propia Constitución y en los convenios, pactos y tratados internacionales, dejando de reconocer, entre muchas cosas, los derechos territoriales de los pueblos indígenas.&nbsp

El incumplimiento de lo pactado en San Andrés exhibió la inveterada matriz racista y colonial del Estado y su sometimiento incondicional a los intereses de la oligarquía neoliberal; asimismo, exhibió los límites de la “transición democrática” mexicana y sepultó su futuro al demostrarse la incapacidad “genética” del régimen para saldar la deuda que la Nación tiene con sus pueblos originarios. En una circunstancia que se antojaba histórica nuestra clase política prefirió abrir las puertas del infierno, como lo dijera en su momento el EZLN.&nbsp

Después de que los Acuerdos de San Andrés fueron traicionados por la clase política y los poderes estatales, una parte significativa del movimiento indígena que ha confluido en el Congreso Nacional Indígena (CNI) se dio a la tarea de construir un discurso muy otro que centralmente abandona la disputa con el Estado por el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, llamando en cambio a que los pueblos y comunidades originarios desconozcan la reforma constitucional aprobada y ejerzan, por la vía de los hechos, la autonomía y los derechos pactados en San Andrés. Este discurso fue reforzado por el nacimiento de los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno zapatistas en el año 2003, como expresiones altamente desarrolladas del autogobierno y la autonomía indígenas al margen de las reglas que impone el poder.&nbsp

Otra tendencia del movimiento indio agrupada principalmente en la Asamblea Nacional Indígena Plural por la Autonomía optó por asimilarse a los aparatos gubernamentales y partidistas que históricamente han provocado la destrucción de los pueblos originarios; lo anterior ocurrió –que no se nos olvide- en un momento en que el régimen foxista y la clase política mexicana necesitaban legitimar su polémico accionar mediante el apoyo palero de los dirigentes indígenas que finalmente se prestaron y se siguen prestando a ello.&nbsp

Actualmente son muchas las comunidades y organizaciones indígenas que, dentro y fuera del CNI, resisten los embates del capitalismo neoliberal a la vez que consolidan diversos y estratégicos proyectos autonómicos por la vía de los hechos. Junto a la experiencia de las Juntas de Buen Gobierno y los municipios autónomos zapatistas vemos crecer otros procesos de una profundidad social insospechada como es el de la autodefensa territorial entre las comunidades nahuas de la Costa michoacana o el relativo al rescate territorial impulsado por las acosada comunidades wixaritari de Santa Catarina Cuexcomatitlán, Jalisco, y Bancos de San Hipólito, Durango.&nbsp

Precisamente en la comunidad autónoma de Bancos, que nunca ha sido reconocida jurídicamente a pesar de existir dos recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo en contra del gobierno mexicano por dicha negativa de reconocimiento, está convocada una próxima reunión del CNI para los días 27 y 28 de marzo. La convocatoria, signada por las autoridades tradicionales y el comisariado de bienes comunales autónomo de dicha comunidad, sintetiza el rumbo de muchas resistencias y luchas indígenas en estos momentos al señalar que “luego de la traición que el Estado Mexicano hizo de los Acuerdos de San Andrés Sakamch’en de los Pobres, decidimos como Congreso Nacional Indígena, ejercer nuestro derecho a la autonomía en los hechos, desde entonces muchas y diferentes experiencias hemos tenido y ahora las riquezas de pensamiento y nuevos saberes que significan, están mostrando cada vez más las razones que demuestran lo justo y necesario de nuestras luchas por justicia y por la construcción de un mundo que respete a todos y a todo lo que da vida como algo sagrado que es, y además nos hace ver que esta capacidad de plantear nuevas alternativas de desarrollo y vida desde nuestros valores ancestrales, es una de las grandes necesidades de la humanidad en estos tiempos”.&nbsp

Se trata de un cónclave indígena que discutirá, entre otros temas cruciales, la construcción de la autonomía indígena y el fortalecimiento del CNI en un contexto de crisis generalizada y en un año que nada bueno augura para los de arriba…entre otras cosas porque el incumplimiento de los Acuerdos de San Andrés alcanza, como dijimos al principio, 14 largos años.

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