México. La vuelta de la democracia bárbara priista *

En suma, éste es el mecanismo con el que funciona
la democracia bárbara en México:
la democracia ideal, puramente invocativa,
como el traje de etiqueta con el que se viste el chimpancé
para su grotesca actuación en el circo de la política mexicana.
José Revueltas, 1975

El periodo post-electoral  

Las elecciones presidenciales del 1° de julio fueron unas elecciones compradas. Las elecciones correspondieron a un sistema político autoritario heredero del viejo bonapartismo mexicano que ha sido maquillado con los afeites de una aparente democracia de costos altísimos: una democracia del dinero.

El resultado de la costosísima operación ha sido el triunfo previsible del priismo, el partido político más antiguo de los grupos dominantes. Si al triunfo priista se agregan los votos del partido conservador de derecha, en números gruesos el PRI y el PAN, los dos partidos burgueses principales recogieron en números gruesos entre los dos 32 millones de votos: el PRI 19 millones y el PAN 13 millones. Por su parte el Movimiento Progresista constituido por el PRD y los dos partidos periféricos (Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano), logró casi 16 millones, o sea, la derecha y la ultra derecha burguesas casi duplicaron el caudal progresista.

A diferencia del 2006, en esta ocasión la operación de los grupos dominantes fue planeada de tal modo que no quedara duda de la victoria del candidato escogido por ellos para suceder a Calderón desde el mismo inicio del gobierno de éste, el priista Peña Nieto. Así se determinaba el regreso del PRI, del viejo «nuevo» PRI con su cauda de mañas, trapacerías, represión y crímenes. Los acontecimientos posteriores, en especial por la presencia imprevista para los grupos dominantes del movimiento #YoSoy132, no han seguido el curso que ellos hubieran querido, aunque la situación no se les ha salido de control ante todo por la complicidad tácita del bloque opositor progresista el cual ha respetado las formas jurídicas legales de la protesta electoral exigiendo la nulidad de la elección. Impugnó con un abanico enorme de pruebas los resultados de las elecciones del 1° de julio mostrando las múltiples trapacerías cometidas por el PRI y sus aliados, pruebas que presentó ante el TEPJF, sin que éste las tuviera en cuenta de ninguna manera. Pero a diferencia de 2006, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha confundido y desanimado a amplios sectores de sus seguidores con la línea desmovilizadora que ha propuesto, convergiendo así en todo con los gobernadores, senadores y diputados del bloque progresista. Es evidente que estos últimos, como se pudo apreciar en la reunión que tuvieron en Acapulco a mediados de agosto sin la participación de AMLO, sólo esperaban el veredicto del TEPJF para acomodarse rápidamente con el nuevo hombre fuerte del régimen. Hasta hoy AMLO ha respetado los trámites de una oposición sometida a los cauces institucionales tal y como se comprometió a hacer antes de las elecciones junto con los demás candidatos al firmar el llamado a respetar la «civilidad» del proceso electoral.

Es verdaderamente lamentable como el discurso obradorista, conciliador y dedicado a «serenar» los conflictos sociales llega a verdaderas situaciones patéticas como cuando exhortó a Calderón a presentar las pruebas que según AMLO tiene en su poder de la compra de los votos del PRI. ¡Como si Calderón fuera un sujeto que quisiera y fuera capaz de balconear al poderoso partido que lo sucederá y del que él espera más bien protección cuando deje Los Pinos!!

En todo el lapso de tiempo que transcurrió desde el 1° de julio hasta la declaración de peña Nieto como presidente electo, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) ha demostrado ser un movimiento por completo subordinado al caudillo obradorista, lo cual le ha quitado credibilidad como real agrupamiento de sectores rebeldes. Su rol ha sido de plataforma de las ambiciones electorales de AMLO y como movimiento ni siquiera logró conseguir representación electoral. Todas las expectativas promisorias de los diversos grupos que lo integraban se han demostrado ilusorias. Los planes para Morena, ya sea que se convierta en un nuevo partido o en un frente de lucha junto a los sectores independientes, se han quedado suspendidos en el aire hasta el 20 de noviembre cuando se decida si se convierte o no en un nuevo partido. Un vasto sector de hombres y mujeres que depositaron en Morena su confianza para la realización de grandes proyectos de lucha se ha visto frustrado o cuando menos desconcertado.

Todas las pruebas que señalan hacia la compra de votos para estas elecciones por parte del grupo dirigente del PRI no tuvieron la menor posibilidad de anular la elección. Las leyes electorales vigentes son impermeables para el castigo de estos fraudes de la democracia del dinero. Son leyes burguesas que sólo tienen en consideración los votos en las urnas y no la forma en que llegaron a ellas. Las tarjetas de Soriana, el tráfico multimillonario a través de las agencias como Monex y otras instituciones bancarias son ejemplos de la manipulación de recursos para la compra de votos por parte del PRI, no representaron motivos suficientes para la anulación de las elecciones por parte de TEPJF. Los votos para Peña Nieto, producto en su abrumadora mayoría de la democracia del dinero, fueron avalados en lo fundamental por el TEPJF, una institución constituyente junto al IFE, del carísimo aparato electoral puesto en pie precisamente por los partidos gobernantes, en especial por el PRI y el PAN, para mantener el régimen político vigente.

La debacle del PAN que afecta duramente al sector ultramontano de la burguesía mexicana no impide que su fracción en el Congreso (en ambas Cámaras) sea parte de las futura mayoría reaccionaria que ha resultado de las elecciones del 1° de julio y que el PRI tiene la obligación de implementar para legislar las llamadas «reformas estructurales de segunda generación». A la hora de satisfacer las demandas que la burguesía en su conjunto (sus sectores nacionales y el directamente vinculado a las compañías transnacionales imperialistas de EUA, España, Inglaterra, etc.) viene exigiendo desde hace una década, a saber, las reformas laboral, energética y hacendaria, el PRI cuenta con la mayoría requerida, aún sin la bancada del PAN. En efecto, los diputados del PRI (207) junto con los diputados del Partido Verde (34) y del Nueva Alianza (10) hacen la mayoría mínima necesaria aún sin la participación de los del PAN (114). Pero realistamente es posible prever que muchos diputados panistas están deseosos también de servir lo mejor posible a los amos de México. Incluso se puede desde ahora predecir que algunos de los diputados del bloque progresista (135), los vinculados a los Chuchos, por ejemplo, gustosos se sumarían a las iniciativas priistas.

Lo nuevo y lo viejo de la coyuntura

El rasgo novedoso que ha impedido que los comicios del 1° de julio hayan sido un festival por completo favorable a los partidos burgueses y a sus acólitos ha sido el surgimiento del movimiento #YoSoy132.

Este movimiento con escasos cutro meses y pico de vida se propuso tareas gigantescas como la de impedir «la imposición de Peña Nieto». Ciertamente en su seno se desarrollarán los sectores de oposición callejeros que junto el Frente de Defensa de la Tierra de Atenco, seguramente la CNTE y el amplio abanico de grupos independientes y revolucionarios, son los que tendrán la tarea de organizar la resistencia a la toma de posesión de Peña Nieto y después si ésta se impone, la lucha opositora contra su gobierno.

El movimiento #YoSoy132 es un movimiento en pleno proceso de constitución de su organización, de sus ejes programáticos y su estrategia de lucha. Para los socialistas revolucionarios el desafío que nos presenta es de envergadura pues, ante la nueva situación de una vanguardia combativa, mayoritariamente estudiantil, fresca, sin antecedentes en la izquierda mexicana de los años noventa, incluidos los zapatistas, nuestra tarea es participar en el crecimiento de un movimiento de oposición que acceda a los niveles de lucha no sólo por un cambio de gobierno sino contra la raíz misma de las desventuras y miserias de las masas trabajadoras, el capitalismo dependiente del imperialismo de EUA que explota y oprime al pueblo de México.

Las grandes masas de la población han experimentado en los últimos tres sexenios enormes pruebas históricas de sus luchas. Los balances son positivos y negativos. El principal factor positivo que nos obliga a todos los que tenemos consciencia del momento histórico crucial que vivimos es el de las largas luchas que ha emprendido nuestro pueblo. Su vocación de lucha no ha faltado, su impulso libertario tampoco. Es evidente que para las victorias populares del futuro son necesarias condiciones políticas que no es posible exigir a la espontaneidad y a la capacidad de lucha masivas. El péndulo más que nunca está oscilando hacia la dirección revolucionaria. Es aquí en donde nuestra aportación puede ser importante para la victoria.

1994: El levantamiento del EZLN con las grandes expectativas que despertó acabó sin que surgiera la coalición de fuerzas políticas y sociales que hubiera sido posible organizar para emprender la lucha independiente y revolucionaria de los explotados y oprimidos. El fiasco en que terminó la «otra campaña» en el 2006 fue la palmaria demostración de esta ausencia de verdadera dirección revolucionaria acorde con las necesidades del pueblo trabajador.

Incluso en el 2000 sectores del progresismo perredista y de otros pelajes, blandiendo la argumentación del «voto útil» contra el PRI, favorecieron al candidato del PAN, Vicente Fox, contribuyendo con sus votos al triunfo de la derecha.

2005-6: El gran movimiento nacional democrático contra el gobierno de Fox, primero para impedir el desafuero de AMLO y después contra el fraude electoral fue canalizado por el progresismo perredista y por AMLO mismo hacia el electoralismo más crudo.

2012: Y en actualidad, después del sexenio funesto de Calderón, convocados por AMLO y por el bloque progresista, de nuevo amplios sectores populares se arrojaron a las urnas en unos comicios en que incluso el abstencionismo experimentó una ligera disminución con relación a las anteriores elecciones del 2000 y el 2006.

¿Qué viene ahora?

La situación social y económica de México se sigue descomponiendo. La política de choque que emprendió Calderón con el pretexto del combate a la delincuencia organizada, con el saldo de más de de 60 mil muertos, no pudo esconder sus verdaderos objetivos: aterrorizar a la población, darse un manto de legitimidad dadas las circunstancias de su elección fraudulenta, «haiga sido como haiga sido». La burguesía mexicana bien merece los gobiernos mediocres que han sido los últimos priistas y panistas por igual, pues se trata de una clase dirigente sin impulsos de renovación, cada vez más parasitaria y rezagada por completo con respecto a la revolución tecnológica que determina hoy el curso de las economías. El país se encuentra en el lugar 79 entre las naciones de acuerdo a su capacidad de innovación, con una economía en práctico estancamiento, pues el promedio del crecimiento del PIB durante el sexenio de Calderón apenas superó el 2 por ciento (casi igual al crecimiento demográfico), cuando los colosos asiáticos China y la India alcanzan índices del 8 por ciento y 6 por ciento respectivamente. Incluso con respecto a América Latina México se rezaga en el crecimiento económico: Perú, Chile, Venezuela, Brasil, Argentina y Colombia superan con mucho el crecimiento nacional.

El endeudamiento de PEMEX y de la CFE se ha incrementado fuertemente. Los presupuestos federales experimentaron un incremento inaudito de los honorarios de los funcionarios del nivel más alto y al mismo tiempo el encarecimiento de la vida se ha disparado: las agencias especializadas constatan un encarecimiento de la canasta alimentaria rural del 12 por ciento y de la urbana del 10 por ciento. El alza de la leche, el frijol, el huevo, el jitomate y otras mercancías de consumo popular llega a las nubes: la carne registra un alza del 20 por ciento y el maíz del 30 por ciento, con las perspectivas de un encarecimiento aún mayor debido a la gran sequía (la mayor desde hace 50 años) que experimentan los campos cerealeros de EUA.

Ante la tensión creciente que es previsible en los conflictos sociales en el periodo próximo en la lucha contra la toma de posesión de Peña Nieto y si en la situaciones difíciles que se anuncian no se pueda impedir ésta, después en los combates decisivos que se darán en los próximos años durante el gobierno de la vuelta del PRI, nuestra tarea es mantenernos firmes como grupo propagandista de las únicas soluciones a la crisis sistémica por la que atraviesa nuestro país.

El cretinismo electoralista del progresismo, toda la parafernalia alrededor de los gobernadores, senadores y diputados logrados con los casi 16 millones de votos conseguidos por AMLO los cuales potencian su situación como factores políticos sistémicos claves, ya comenzó a difundir su especie oportunista en el sentido que ahora «hay que prepararse para el 2018». Presenciamos así el indecente espectáculo del más crudo cretinismo electorero que ya comienza a sembrar las ilusiones para las elecciones del ¡2018!, haciendo desde hoy el futurismo nefasto para candidatear a Marcelo Ebrard o a Miguel Ángel Mancera quien como candidato a Jefe de Gobierno del D.F. logró acumular un millón de votos más que AMLO. Y después de que AMLO anunció el 9 de septiembre su separación del PRD, muchos de sus paniagudos ya anuncian la posibilidad de lanzar como candidato presidencial por tercera ocasión a AMLO, seguramente porque dirán que al cabo Cuauhtémoc Cárdenas también fue candidato presidencial durante tres ocasiones.

Corresponde a los socialistas revolucionarios mantenerse firmes con el programa clasista que representa el Programa de Transición, adecuado a nuestra situación específica: no a la privatización de PEMEX y la CFE, semana de 35 horas, no al secreto bancario, nacionalización de los bancos bajo control de sus trabajadores y usuarios, no al IVA a alimentos y medicinas, defensa de la seguridad social solidaria: no al desmantelamiento y ahogo financiero del IMSS y el ISSSTE, no a la contrarreforma laboral, por una educación media y superior pública, laica y científica, por un régimen fiscal equitativo y por un gran plan de obras públicas para solucionar el problema acucioso del desempleo.

Este programa que es necesario poner en práctica sólo podrá serlo con la constitución de un gobierno de los trabajadores, un gobierno obrero, campesino, indígena y popular. Para lograr este objetivo se necesita apuntar hacia dos grandes estrategias de lucha y movilización masivas. Ellas son la HUELGA NACIONAL y la constitución de una ASAMBLEA CONSTITUYENTE que promulgue la legislación que guie la transformación revolucionaria, anticapitalista, democrática, socialista e internacionalista de México.

Los tiempos que atravesamos son tiempos que aceleran los ritmos que toman los conflictos sociales.

En 1957 en su folleto México: una democracia bárbara, José Revueltas afirmaba lo siguiente:

[.] por lo pronto no existe en México ninguna fuerza política seria, que en materia electoral, a] quiera enfrentársele al gobierno; b] quiera, ni mucho menos derrotarlo; c] crea estar o reunir las condiciones para hacerlo; d] pretenda romper en su base, el monopolio político.

Desde entonces han transcurrido más de 50 años de combates que han cambiado esa situación: movimientos populares como los sindicales, en especial el de los ferrocarrileros en 1958-59 y el movimiento estudiantil en 1968 se han enfrentado al gobierno en luchas callejeras, han intentado derrotarlo en los años setenta diferentes grupos guerrilleros, en 1988 las jornadas electorales crearon condiciones también para derrotarlo y los cimientos de su monopolio político están en la actualidad si no completamente rotos, profundamente gastados.

Tampoco desde entonces han faltado fuerzas y movimientos que han intentado lograr la gran victoria del pueblo de México sobre ese enorme Tlatoani moderno del Zócalo-Los Pinos.

Y sin embargo hoy presenciamos la vuelta del priismo después de su derrota del 2000, cuando parecía que, ¡por fin!, en México se implantaba la democracia verdadera. ¡Vuelve la democracia bárbara priista! Ese «grotesco chimpancé en traje de etiqueta del circo de la política mexicana» que Revueltas describía en el prólogo a la segunda edición de su folleto sobre la democracia bárbara de 1975, ese régimen estatal que «como el pueblo mexicano afirma del pulque que sólo le falta un grado para convertirse en carne, a él sólo le falta un grado para ser fascista».

También hace más de 70 años León Trotsky, quien como refugiado en nuestro país fue un testigo excepcional de su lucha de clases, se percató de que no había en México ninguna agrupación, sindicato o partido que desarrollara «una política clasista independiente» (Ver Unidad Socialista, núm. 55, abril-mayo de 2012.)

Los días, meses, años venideros deben ser y nuestro esfuerzo se concentrará porque así puedan ser, los que den testimonio sobre el surgimiento y fortalecimiento de esa dirección revolucionaria del proletariado y del pueblo explotado mexicanos que los lidere en su lucha heroica por la transformación verdaderamente democrática, independiente, socialista e internacionalista de México.

* El presente texto se basa en un informe presentado y aprobado en su línea general por el Comité Político de la Liga de Unidad Socialista (LUS), el 25-26 de agosto de 2012.

México DF, setiembre 2012 

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS