[México] El PRI en la medula de la UAGro: las “candidaturas de unidad”

 

Quien conozca un mínimo de Historia sabrá que el PRI se ha valido de organizaciones corporativas, -la Confederación Nacional Campesina (CNC), la Confederación de Trabajadores de México (CTM), la Confederación de Organizaciones Populares (CNOP) entre otras-, a nivel nacional para mantenerse en el poder y hacer lo que le venga en gana con el país. Esta política de corporativización tiene su antecedente directo en la visión de Plutarco Elías Calles –considerado padre del PRI- quien aglutinó a la llamada familia revolucionaria en un partido político: el PNR. Lázaro Cárdenas perfeccionaría esta máquina de poder.

Por eso en el PRI siempre se ha hablado de unidad y bajo ese concepto sus militantes han cerrado filas aun cuando no estén de acuerdo. Esa unidad le permitió postular y decidir quién sí y quién no se sentaba en la silla presidencial durante casi setenta años. Quien era designado candidato del PRI, era ya presidente de México. Esta candidatura de unidad era resultado de la decisión del presidente en turno y del grupo más cercano a él. Así fue como se instituyó la designación de candidatos mediante el dedazo o el padrinazgo, es decir, la candidatura era una imposición que todos debían acatar.

Es decir, primero era la designación del candidato mediante una imposición y después se tenía que dar la unidad en torno a ese candidato. Pese a los desacuerdos que pudiera haber, la unidad de partido se sobreponía a las diferencias internas y personales, hasta que Cárdenas, en el año de 1988, se rebeló y abandonó las filas priistas para contender por la presidencia como candidato del Frente Democrático Nacional. Cárdenas posteriormente fundaría el Partido de la Revolución Democrática. De esta forma podemos encontrar notas en las que hablan de candidaturas de unidad para cualquier proceso electoral. En las cuales es usual encontrarse expresiones como que el fenómeno de las candidaturas de unidad “es parte de la “democracia abierta” [que consiste en] aceptar acuerdos de civilidad política, pero que en realidad los grupos en el Estado son los que impondrán y negociarán a los candidatos.” Y una vez decidido el candidato a los que quedan en el camino se les da una homilía acerca de la “unidad y lealtad a los partidos, de respetar el proceso interno y de la autoridad del Comité Nacional”.

En todas las elecciones y haciendo honor a su historia, el grito de guerra del PRI es “»Vamos unidos en base a una persona que le tocó una candidatura.”

Pero el PRI no es el único que habla de candidaturas de unidad sino que también el PRD está haciendo lo mismo en estos momentos en que se tiene que renovar la dirigencia nacional. El estire y afloje por los intereses encontrados de las diferentes corrientes internas es muy fuerte.

Pero no solo se habla de unidad hacia el interior de cada partido sino que se ha llegado a plantear la unidad entre las principales fuerzas políticas del país –PRI, PRD, PAN-, pues incluso en el año 2011, estos tres partidos hablaban de una “candidatura de unidad” para la designación del gobernador de Michoacán. Al final no se concretó esta alianza pero el hecho es significativo para nuestro análisis. El hecho de que no se concretara dicha coalición se entiende porque es lógico que por estrategia electorera no puedan hacer una alianza tan abierta y descarada para imponer un funcionario, un gobernador en dicho caso, o hasta el presidente nacional.

Sin embargo, el intento en Michoacán es un antecedente de la más perversa alianza, entre estos tres partidos, que se haya visto en la historia del país, alianza antes inimaginable: el Pacto por México, acuerdo que hizo posible la aprobación de las llamadas reformas estructurales impulsadas por el gobierno de Peña Nieto. Concluimos que de los actuales partidos políticos, sobre todo los más fuertes, ninguno tiene un proyecto de nación diferente y en consecuencia su lucha se centra en el acceso y conservación del poder. No es que no existan diferencias entre la actual clase política, pero las que hoy existentes son contradicciones no antagónicas, es decir, contradicciones que se pueden superar mediante este tipo alianzas y establecer una unidad, la unidad de clase para conservar el poder y sus interés como clase dominante.

En ese sentido la unidad promovida desde los partidos políticos tiene como esencia la obsesión por mantenerse en el poder a cualquier costo y contra quien se atreva a oponerse, lo cual se refleja en una pérdida de valores y principios éticos y sociales.

 Así es como ahora, a quince años de la primer alternancia política en la presidencia nacional, con diferentes partidos turnándose en el gobierno nos dicen que la democracia ya se ha consolidado en el país, que mágicamente desaparecieron las contradicciones y ahora campea la colaboración entre los partidos políticos que acertadamente han sabido superar sus diferencias para anteponer el beneficio del pueblo. Ya no hay enemigos sino adversarios. No importa si en un partido les cierran las puertas o limitan su participación, en los partidos de enfrente los reciben con los brazos abiertos. Tampoco importa si se fueron renegando de ese partido pueden regresar cuando quieran pues lo importante es su vocación de servicio al pueblo a quien dicen representar.

 La transición democrática parecía llegar a buen puerto, sin embargo, las políticas y métodos con las que gobernaron los partidos de oposición se diferenciaron muy poco de las utilizadas por el PRI. No era para menos, todos los partidos y personajes políticos habían crecido bajo la sombra del tricolor. Así prácticas como la compra de votos con despensas y dinero; servicios y programas sociales en las comunidades; la corporativización, cooptación y represión de organizaciones sociales; el nepotismo, manipulación de los resultados de las elecciones, desvío de recursos públicos, entre otros más, lejos de desaparecer con el arribo de estos partidos al gobierno, más bien se hicieron una regla, y de hecho la única, en el juego de la democracia representativa.

Del PAN no es cosa sorprendente que impulse políticas en contra del bienestar del pueblo pues abiertamente es un partido de derecha. Quien sí ha dejado en el olvido, los principios y causas que le dieron origen y sustento como fuerza política es el PRD, el cual en su nacimiento reivindicó las demandas del pueblo de México, es decir, se asumía como un partido de izquierda que tenía entre sus filas a antiguos militantes de la guerrilla o luchadores sociales. Sin embargo, el poder embelesó a este partido de oposición, a los perredistas en puestos de gobierno el poder los corrompió de tal manera que recurrieron a las prácticas que tanto criticaron para conservarse en el poder.

Y este fenómeno de la ausencia de principios ideológicos ha llegado a la Universidad Autónoma de Guerrero. La decadencia de principios éticos de la política nacional se ha visto reflejada al interior de la universidad. Así hace muchos años las casas de estudiantes han sido corporativizadas por las distintas corrientes políticas. Se utilizan las necesidades de los estudiantes para los fines políticos que se requiera, ya sea a través de los votos en las urnas o como grupos de choque.

La universidad está inmersa en una corrupción descomunal: compra/venta de calificaciones, desayunos en prestigiados restaurantes, recategorizaciones a los trabajadores, contratos temporales de trabajo, basificaciones a profesores, becas a estudiantes y trabajadores, acoso sexual, en fin toda una serie de vicios en la democracia universitaria que ocasionan que muchos la vean con malos ojos.

Las elecciones siempre son motivo de conflicto entre maestros, entre estudiantes y en la mayoría de las ocasiones esos conflictos rebasan los muros de la universidad. Y son estos vicios los que hacen parecer a la democracia como muy perjudicial para la academia. Basta con recordar las palabras del extinto exrector Ascencio Villegas Arrizón, quien dijo que el sistema de elecciones era el cáncer de la universidad. Irónicamente el exrector Arrizón murió de cáncer.

También debemos recordar que la intención de suprimir el sistema de elecciones en el IV Congreso Universitario, realizado en el año 2012, era ya una propuesta existente. Sin embargo, quienes impulsaban dicha medida no tuvieran la fuerza suficiente para concretarla.

Sin embargo, el año pasado las corrientes de la universidad sorprendieron a la comunidad universitaria pues olvidaron sus diferencias y lograron la “candidatura de unidad” para rector de Javier Saldaña. Desde que se anunció públicamente, se hablaba de un hecho sin precedentes en la historia universitaria, era pues ya un hecho histórico, la “unidad” que se había conseguido entre las corrientes políticas. Desde entonces, en forma virulenta se ha propagado la idea de la “candidatura de unidad” como la expresión de la madurez política que se ha alcanzado y que ha de servir “para consolidar una universidad moderna”. ¡Es un hecho novedoso, histórico! Vociferan los pregoneros de esta nueva buena.

No hay duda en que sea histórico, pero no porque signifique la consolidación de la democracia universitaria sino porque representa la conquista total de la universidad por el Estado, es histórico porque en nuestra universidad se termina la agonía de su autonomía arrancada al Estado por medio de la lucha y el derramamiento de sangre del pueblo de Guerrero en la década de los sesenta, es histórico porque después de cinco décadas la política priista se implanta desde la medula en la universidad.

La existencia de “candidaturas de unidad” en la universidad es sinónimo de la imposición a través del dedazo y el padrinazgo, políticas clásicas del PRI. Las medidas impulsadas por el Rector de abolir e integrar en un único grupo a las corrientes políticas, lo ponen en una posición similar a la de Calles, es decir, así como Calles aglutinó a la familia revolucionaria en el PNR, así Saldaña pretende aglutinar a la familia universitaria en el Grupo Universidad por Guerrero (GUG). El GUG bien se podría llamar Partido Universitario Institucional dada la corporativización que está haciendo con estas corrientes políticas, las casas de estudiantes y los sindicatos de la universidad. En estos últimos también sus representantes fueron elegidos por la fórmula mágica de la “candidatura de unidad”.

Con las “candidatura de unidad” se está suprimiendo de facto el sistema del voto universal. Sólo es cuestión de tiempo, el tiempo en que tarde la fundación y oficialmente esté en el poder el GUG. Si hay candidaturas de unidad no hay opción diferente, no hay elección, no hay proyecto diferente, no hay pensamientos diferentes, todos debemos caminar por el camino señalado. Entonces en esta lógica del GUG, si no hay opciones entre las cuales elegir, las elecciones pierden su sentido y así adquiere una fuerza inmensa su idea de un consejo de notables para que ellos tomen las decisiones políticas, que hay que decirlo se elegirían dentro de los miembros del GUG. Debemos alertar entonces, que el voto ponderado, mediante el consejo de notables, derivará en un gobierno oligárquico, entendido como el gobierno de unos pocos que limitan la opinión y decisión de los demás, y que se contrapone a la democracia. En este sentido las “candidaturas de unidad” lejos de ser la consolidación de la democracia son el regreso del totalitarismo representado por Saldaña y sus secuaces. Entonces se debe pensar en argumentos más sólidos para el establecimiento de un consejo de notable y no el argumento de que otras universidades (UNAM, BUAP, UAG) ya lo tienen en sus sistemas de gobierno.

En este sentido no debemos pasar por alto el regocijo del gobernador de Guerrero quien en días pasados que la universidad había abandonado su carácter rijoso y que había “retomado su camino académico” En esa misma nota se recordaban las palabras de Javier Saldaña quien dijo que “la universidad ya es vista por la sociedad con ‘buenos ojos’ y no como los ‘revoltosos como en los años setentas y ochentas”, con estas palabras el rector se refirió al pasado histórico de la universidad como algo negro que ya se superó y que seguramente ahora debemos olvidar.

En medio de este contexto, nos debemos preguntar ¿Por qué cuando el país atraviesa por una oleada de reformas que perjudican los intereses de la clase trabajadora se intenta que los estudiantes universitarios se dediquen a la ciencia y no se relacionen con la política? ¿Por qué se promueve una separación de la academia con la política? ¿De qué sirve tener una formación de calidad -¿calidad para qué, de acuerdo a qué?-, si actualmente la universidad es una fábrica de desempleados? ¿Se fortalece la democracia universitaria restringiendo la toma de decisiones políticas a los estudiantes? ¿Habrá otra alternativa a las “candidaturas de unidad” o, como dijera Margarete Thatcher “There is no alternative”, no hay alternativa?

*Historiador marxista 

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