[México] Cultura, Educación y Ciudadanía: Vicisitudes del Proletariado Sentimental

 

El sistema cultural mexicano tiene ochenta y cinco años de existencia, desde la formación de la Secretaria de Educación Pública, que administra junto con CONACULTA, todo el sistema oficial de cultura en el país, un proyecto que se desarrollo a la luz de los intelectuales del Ateneo Cultural, entre cuyos personajes se encontraba José Vasconcelos y que acuño en algún momento la frase «por la cultura la gente puede hacer la revolución», impulsor de un basto movimiento cultural, diverso y multicolor que iba desde los muralistas, pasando por el impulso a las Caravanas Culturales y la reforma educativa impulsando a la Escuela Rural Mexicana, la generación de los años 30’s del siglo pasado dio la pauta para hacer vivir a la sociedad mexicana la libertad de un país de instituciones al servicio de los ciudadanos, un momento de gloria que culmino de manera abrupta con el gobierno antirevolucionario de Avila Camacho, de entonces a la fecha el burocratismo y los tumbos en la política cultura del país son la constante, la derrota de los Estridentista, el oficialismo en la cultura, los hijos y los nietos «creativos» de los políticos en los espacios culturales, las becas de CONACULTA para cuátes, el presupuesto mal enfocado, la prepotencia de los directivos, la «alta sociedad» como misión y visión cultural, todo se ha conjugado para que en las instituciones de cultura lo que tengamos sean pellejos y remedos de «intelectuales» que a lo más que llegan es a bufones o comparsas de los Consejos Ciudadanos de Cultura, aún así, el camino para la formación de ciudadanía esta en la Educación y la Cultura.
 
No la cultura de los apellidos, pero si la cultura de las tradiciones, si la cultura de quienes neciamente insisten que el valor político de la cultura esta en la formación, esta en la creación, esta en la imaginación. Lograr conjugar, cultura, educación y proyecto político y comprender que si bien no estamos en los años 30’s del siglo pasado, si es un momento histórico paradigmático para observar como la sociedad mexicana confluyó sin temor en la búsqueda de la identidad nacional perdida por la autocracia del porfirismo que tanto daño hizo a la sociedad mexicana la postrarla en la esclavitud, y hoy la partidocracia nos lleva a la postración del proletariado sentimental que permanentemente espera como ciudadano que le resuelvan los problemas al tiempo que padece de las más brutales vejaciones en manos de un burucratismo rampante y de la desproporción de quienes usan a las instituciones como patrimonio personal.
 
Romper con la educación sentimental, dejar atrás al proletario sentimental, parte por reconocer, hasta donde el lumpenaje ha saltado a las instituciones y nos encontramos en un nudo gordiano, en el que somos parte de un problema que se acrecienta en el que el status quo, condición que no nos permite afrontar las soluciones, que necesariamente pasan por cimbrar al sistema educativo nacional y recuperar la Revolución Ciudadana que necesita el país.

La Revolución Ciudadana en México, pasa por la rebelión de los profesionistas, por el compromiso de llevar la ciencia a las calles, a los espacios públicos, una labor que las instituciones culturales y educativas del país no están llevando adelante, atadas al burocratismo y a los pleitos intestinos.

Salir a la calle, llevar formación e información a la sociedad, formar tejido social, incursionar en los espacios en los que convive la población y que son visitados por la partidocracia para la dádiva y la compra del voto, el regalo de la despensa y la atención al ciudadano como actividad de caridad antes que de solidaridad.
El Proletariado Sentimental, como sinónimo de derrota del hombre libre presente en las leyes liberales de la Reforma, se han transmutado en dos momentos de la historia del país en cadenas que hunden a la población en la miseria moral y ética, por una parte el Porfirismo y por otra el Neoliberalismo, este último inagurado en con Miguel de la Madrid y que se ha agudizado en el Salinismo y en el periodo actual, de actores de novela. Se ha convertido al ciudadano en un personaje que espera, que es actor de reparto, no en protagonista, no en impulsor y amante de las leyes, sino en comparsa y bufón de un tinglado preestablecido.
Romper con el Proletariado Sentimental es una labor tiránica, que no pocas veces resulta imposible, porque los espacios de la partidocracia están copados por camaleones que se saben al dedillo el discurso de la «izquierda y de la derecha», se mueven en el mentidero de la política y no pocas veces confunde servicio con servirse, en este escenario el Proletariado, el Ciudadano, poco o nada puede hacer para llevar adelante ideales más nobles.¿Es posible renovar las ideas del liberalismo social en México?¿Es posible hacer del país un lugar de instituciones? Necesariamente pasa por un activismo mayor por quienes tenemos en esta meta la labor principal de nuestros actos, en donde nos desembaracemos del mitote elevado a política y a principio de la acción política, en donde la incidía y la difamación no sea la manera en la que llenamos el vació de nuestros argumentos, porque es esta forma de «hacer política» a un nivel del desarrollo cognitivo de los instintos lo que ha conformado al Proletariado Sentimental de este país.
 
La Revolución que impulsamos, en la que nos sumamos, es en la fractura de la idiosincrasia del Mexicano, una labor que perdimos en la derrota de las propuestas culturales y educativas de los años 30’s del siglo pasado, ahí, en la perdida de la Secretaria de Educación Pública a manos del inmovilismo, se perdió la oportunidad de garantizar el triunfo cultural de la Revolución de 1910, de ahí en adelante la simulación se elevo a rango constitucional y con ello, el sentimentalismo, el marrullerismo, la dejadez, la medianía en las metas se transformo en principio y fin de la política de la sordina mexicana.
 
Así ha funcionado el país por 81 años, siempre saliendo al paso, siempre encerrada en la vida de unos cuantos que se asumen parte integrante del poder, y del otro lado el resto, a los que hay que llevar «cultura» y «educación» a los que no se les reconoce el mínimo impulso de cambio, la victimas de siempre, quienes están permanentemente en el presupuesto y para quienes no hay forma de mantener al frente de la realidad nacional sino como una estadística de pobreza y que se le ha acostumbrado a la dádiva antes que a la solidaridad, un proletariado sentimental que rechaza cualquier compromiso de lucha, que esta dentro de la complicidad de la inmovilidad y el pago por ese juego de comparsa.
 
La psicología de quienes están del otro lado de la misma moneda, los «desproletarizados» no deja de ser, la de individuos emotivos que se asumen a si mismos dadores de la democracia al pueblo, impulsores de las grandes transformaciones, «emprendedores» del erario público, hijos del complejo de Eróstrato, que ven en si mismo el rostro del pueblo, al que como siempre nunca han consultado y no representan, al ser hijos de la burbuja de la partidocracia que representa a los autocratas dueños del país.
 
Los Estados Unidos Mexicanos cuentan con una ciudadanía insipiente, lo que es un peligro inminente para el desarrollo de cualquier tejido social sano, deteriora la convivencia basada en el respeto mutuo y propicia los valores que se basan avasallar al otro, ante ello cualquier intento de educación se topa con una conciencia mágico religiosa que pone en el nivel de los brujos y el destino cualquier acontecimiento social de trascendencia, lo que nos indica el nivel de ignorancia en el que se toman las decisiones del país.
 
La ausencia de la ilustración en el país, la falta de consolidación del capitalismo industrial, y las enormes superficies del territorio en manos del feudalismo más ramplón, a la altura de Don Briagoberto Memelas quien afirma que «Los machitos somos mañosos» en la Familia Burron, nos lleva a pensar en un país de juguete, que vive por la bondad del vecino del norte que nos tiene en la condición de apartheid, como mano de obra barata en sus procesos productivos o como maquila en economía de cónclave en el territorio nacional.
 
La Educación y la Cultura son eslabones fundamentales en la consolidación de la ciudadanía en el país, pero su labor noble se transforma en cadenas mentales cuando parten de la intención de controlarlo todo, de negar espacio para la transformación en de las instituciones, y sobre todo, cuando el debate de la ciencia esta acotado a repetir modelos que poco o nada aportan al desarrollo de la identidad nacional, un aspecto lamentable que convierte al docente en operario y no en profesional de la educación que reproduce los rasgos fundamentales del Proletariado Sentimental en un molde que no permite la irrupción de la ciudadanía, ¿Quién se beneficia con un país sin gallardía?
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