México: Con los universitarios comprometidos

Con los universitarios comprometidos

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Juan Cristóbal León Campos

El proceso electoral que se vive en estos días en México, la crisis económica agudizada a cada momento, junto a las contingencias de salud (que no se reducen a la influenza), la manipulación informativa de los grandes monopolios de comunicación y la llamada guerra contra el narcotráfico son parte del marco que distrae la atención sobre la agudización de la violencia que ejerce el Estado frente a toda voz que denuncie, critique o confronte la forma como los gobiernos de cualquier nivel y partido practican el poder en beneficio particular de la burguesía, al instante en que someten y explotan a la clase trabajadora.

La libertad de expresar posturas diferentes a las generadas por los poderosos, de llevar a cabo la crítica y el actuar de forma distinta a los intereses del capitalismo, es eliminada violentamente en todas las partes de nuestro país, por representar una amenaza al pensamiento único y homogeneizador (pretendido hegemónico) que se nos impone a través de todos los medios posibles. Las muestras son claras:

1) El incremento del hostigamiento a las comunidades indígenas zapatistas, a través de grupos paramilitares y policíacos del estado de Chiapas, por el hecho de que hace varios años decidieron tomar en sus manos la dirección y conformación interna de sus comunidades implementando otra forma de vida en beneficio de todos los que las integran.

2) La criminalización de la protesta social, mediante los medios masivos de comunicación que vinculan con el narcotráfico y el crimen organizado a los luchadores sociales, con el fin de crear en la sociedad un consenso que apoye la represión que se ejerce sobre ellos y dotarla de un marco jurídico que facilite este accionar de los poderosos.

3) La abierta agresión contra los centros generadores de pensamiento, como son las universidades, por los grupos ultraderechistas que las controlan, mediante los nuevos planes de estudio que se enfocan en la enseñanza acrítica e irreflexiva; los nuevos perfiles de egresados cuyo rasgo característico es su desvinculación con la sociedad; los actuales contratos laborales que se rigen por la lógica neoliberal al no garantizar las mismas prestaciones sociales para los nuevos contratados en relación con los anteriores, creando así dentro de los centros de trabajo grados de diferenciación y desvinculación al interior de las plantas docentes y administrativas; la reducción de los presupuestos destinados a la investigación y a la docencia, así como la promoción de teorías de moda (ejemplo el posmodernismo) presentadas como las nuevas herramientas que facilitan la comprensión de las sociedades, mientras garantizan la pasividad de quienes realizan las investigaciones convirtiéndolos en cómplices de las injusticias cometidas por el Estado, estos son, entre otros, factores que afectan a las universidades actualmente.

Uno de los últimos ejemplos de abierta agresión, sobre los universitarios disidentes del sistema, es el acontecido el pasado 27 de mayo en la ciudad de Chilpancingo de los Bravo, en el estado de Guerrero, cuando el estudiante de Historia de la Universidad Autónoma de Guerrero, José Manuel Herrera García, fue objeto de un intento de secuestro.

Alrededor de la diez de la noche, Herrera García transitaba sobre la avenida Benito Juárez en su localidad, cuando de forma abrupta, fue interceptado por un automóvil negro que le cerró el paso e intentó atropellarlo, del cual descendieron tres sujetos que pretendían “levantarlo”. Herrera García logró evadir ese ataque y fue perseguido por más de cincuenta metros en dirección al centro histórico de su ciudad, donde logró refugiarse en una de las instalaciones de la Cruz Roja, y aguardó a que los agresores se retiraran para proceder a levantar la denuncia correspondiente y poder retornar a su hogar.

De ninguna manera el caso de Manuel es aislado, pues los universitarios comprometidos con la realidad histórico-social siempre han sido víctimas de interminables agresiones alrededor del mundo. Han sido acusados de participar en acciones delictivas o con grupos denominados por los poderosos como “terroristas”, se criminaliza sus acciones de protesta social, sobre ellos se ejerce el terrorismo de Estado, para atemorizarlos y obligarlos a renunciar a los anhelos de libertad y justicia social.

Particularmente, Manuel Herrera ha defendido siempre las causas de los estudiantes y de los oprimidos en luchas despreciadas y reprimidas por la Rectoría de su Universidad. Ha reconocido la necesidad de la unión entre estudiantes de todos los niveles de enseñanza, como lo demuestra su participación en las movilizaciones en defensa del patrimonio y la autonomía de las preparatorias 1 y 9 de la UAG, y se mantiene firme ante el accionar violento de porros enviados por las autoridades para desarticular el movimiento y terminar con las justas demandas.

Durante un tiempo ejerció el cargo de Consejero Universitario con base a los principios éticos del compromiso social, desde ahí criticó las políticas neoliberales de las actuales autoridades universitarias sometidas a los intereses de los gobiernos estatal y federal. Como efecto de su firme postura en defensa del carácter autónomo, democrático, científico y popular de la Universidad, el Rector Arturo Contreras Gómez lo destituyó de su cargo de Consejero Universitario el quince de diciembre del año pasado, con falsos argumentos y actos represivos que hasta hoy se realizan contra sus compañeros de dicho órgano universitario.

Consciente de que la pertenencia al sector estudiantil no lo excluye del acontecer en su sociedad, Manuel se ha solidarizado con el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa Parota (CECOP), la CETEG y las justas demandas de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. De igual forma, ha dedicado sus horas de estudio a adquirir los conocimientos que le permitan difundir y defender la memoria histórica de su pueblo, que los gobiernos pretender borrar de los planes de estudio y de las conciencias de los individuos.

Por estos motivos, reclamemos juntos un alto a los ataques contra los universitarios comprometidos socialmente; un alto al hostigamiento que se realiza en todas las comunidades que luchan y resisten; luchemos juntos por la libertad de todos los presos políticos y la aparición de cada uno de los desaparecidos. Unificar nuestras voces para demandar justicia para José Manuel Herrera García, y que se detenga la campaña de hostigamiento y represión que se ha implementado hacia su persona, es exigir libertad plena para nuestro pueblo. Reconozcamos que nuestro país vive una clara etapa de agudización en la lucha de clases, por lo que es necesario profundizar la organización de los oprimidos y generar, urgentemente, el libre pensamiento que permita concebir las formas de transformar esta sociedad explotadora, con el fin de construir el otro mundo posible que se llama socialismo.

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