México: Carta abierta al Sup Marcos

La cuenta de los números rojos no para de crecer. Hace años que dejó de ser alarmante para pasar a ser oprobiosa, inadmisible.&nbsp Y la lista no sólo incluye desapariciones forzadas, tortura, violaciones, asesinatos, sino un innumerable cúmulo de omisiones y complicidades criminales por parte de las autoridades que se ostentan -solapados por los monopolios mediáticos que los cobijan- como democráticas, defensoras “modelo” de los derechos humanos y al servicio de la ciudadanía, en un perverso cinismo desenfrenado.

¿Qué más tiene que pasar? ¿hasta dónde habremos de llegar para ponerle un alto a toda esta barbarie? ¿serán las elecciones del 2012 realmente un punto de quiebre?&nbsp ¿podemos esperar, otra vez, un cambio por la vía electoral? ¿salir masivamente a la calle cambia realmente gobiernos obtusos por gobiernos democráticos? ¿cederán en algún momento los poderes fácticos… el poder?

Compartimos pues, el cuestionamiento, el diagnóstico y los objetivos; porque en nuestra “otredad”, también padecemos esa oprobiosa realidad con nuestros propios muertos, desaparecidos, torturados, violados; a nuestro modo y en nuestra circunstancia también vivimos la zozobra y la desesperación… en el resto del país.&nbsp

Sin embargo, la forma en que se recorre el camino para cambiar esta realidad puede ser distinta como distintos somos, paradoja que nos hace encontrarnos -como uno solo- en la diferencia. Todos los frentes de lucha son importantes para transformar la realidad como así también otros caminos y otras formas.

Esto deben saberlo bien aquellos , que como usted,&nbsp han decidido acompañar en su viaje a quienes se han visto obligados a enfrentar al poder con un arma en la mano, y que también han reconocido como útil la necesaria movilización pacífica e incluyente para construir un brazo político de tan justo e históricamente imprescindible movimiento como lo ha sido el zapatismo.

En el intercambio epistolar sobre Ética y Política que sostuvo usted, entre otros, con Juan Villoro, en la segunda carta que usted envía, hace referencia al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que encabeza Javier Sicilia, bajo el subtítulo de ¿Juzgar o tratar de entender?, de la siguiente manera: “… Sé bien que juzgar y condenar o absolver es el camino preferido por los comisarios del pensamiento que aparecen a uno y otro lado del espectro intelectual, pero acá pensamos que hay que hacer un esfuerzo por tratar de entender varias cosas…” “Como todo lo nuevo, pensamos que merece respeto. Ellos pueden decir, con razón, que se pueden cuestionar las formas y los métodos, pero no las causas…” “Y también merece atención para tratar de comprender, en lugar de hacer juicios sumarios, tan caros a quienes no toleran nada que no esté bajo su dirección. Y para respetar y comprender hay que mirar hacia arriba, pero también hacia abajo.…” “Nosotros no juzgamos y, por lo tanto, ni condenamos ni absolvemos. Tratamos de entender sus pasos y el anhelo que los anima.” Cierro la cita.

Diferente, por decir lo menos, es la forma en la que se refiere usted a AMLO, y por ende,&nbsp al movimiento ciudadano que tan dignamente él encabeza.

En la segunda carta con la que usted participa en el mismo intercambio epistolar, menciona:“… la teoría, la política y la ética se entrelazan de formas no muy evidentes. Ciertamente no se trata de descubrir o crear VERDADES, ésas piedras de molino que abundan en la historia de la filosofía y de sus hijas bastardas: la religión, la teoría y la política…” Cierro la cita.

Pues bien, al leer el texto en el que hace usted referencia a AMLO, me queda claro que esas “piedras de molino” no están ausentes en sus propios juicios. Encuentro en ellos incongruencias propias de una diatriba personal, más que de un análisis congruente con su propio discurso. Cuando usted se refiere a AMLO, en el mismo juicio sumario implícitamente está incluyendo a otro movimiento, a MORENA, porque Andrés Manuel López Obrador no es un “facineroso” que persiga el poder para sí utilizando en su beneficio personal la voluntad de un colectivo en el que también participamos millones de personas que no creemos en los partidos políticos y cuyo centro es precisamente la diferenciación organizada de ciudadanos vs. la institucionalización de privilegios y poder por parte de una burocracia partidista ineficiente, voraz y contraria a los intereses de las mayorías.

Me parece que la memoria es más útil como herramienta para la construcción que como alimento para la venganza.

¿En dónde quedó la pluralidad que se hizo presente bajo del simbólico velamen del&nbsp “barco de Fitzcarraldo? ¿cómo podremos construir una “nueva” realidad sin reconocer las “otras” realidades, los “otros” caminos, sin aceptar que todas las voluntades son imprescindibles para llegar al objetivo supremo?

No es en la descalificación y el boicot al que comparte el objetivo -aunque difiera en el método- como se puede navegar hacia el mismo puerto.&nbsp No es confundiendo sombras como se identifica al enemigo en una batalla.

Cualquiera que sea la forma de navegar esa ruta, al momento de llegar al puerto habrá de seguir el diálogo, habrá que ponerse de acuerdo, ineludiblemente habrán de definirse los pasos siguientes; las diferencias volverán a presentarse y habrá que dar a luz una nueva forma de complementarse, de estructurarse para darle continuidad al movimiento. La dialéctica no se detiene con discursos ni mucho menos con concepciones “acabadas” de lo que sí es y de lo que no puede ser.

¿Porqué entonces la descalificación coyunturalmente inoportuna, y por demás irrespetuosa hacia “otros” que estamos construyendo en nuestros términos también un nuevo e incluyente “nosotros” con paz, justicia y dignidad?

Me aventuro a pensar, sin temor alguno a equivocarme, que a su alrededor hay compañer@s con quienes compartimos la idea de una “ética del bien común”, que privilegie los principios de justicia y dignidad, de otra forma no me explicaría con qué fundamento ético y con qué principios se puede sostener un movimiento ejemplar de resistencia como el propio movimiento zapatista.&nbsp Su juicio personal no puede pretender entonces ser eco de “todas las voces” sino de “una sola voz”, la suya.

Muchos de los que hoy formamos parte de MORENA, fuimos receptores sensibles de la aportación histórica que al pensamiento crítico y a la resistencia ideológica nos aportó la clara visión de nuestros hermanos indígenas y hoy, seguimos aprendiendo de su andar. Me niego a pensar que desde esa luz, no se pueda compartir la nuestra.

Por lo demás, respeto “su” posición, pero me pareció indispensable hacer los apuntes que aquí expongo en aras de no permitir que “las piedras de molino” se interpongan en la construcción de una nueva realidad, tan necesaria, para tod@s.

Salud.&nbsp

P.D.
“No lo iba a decir”, pero no pude contenerme porque me persigue la duda desde entonces… Aquella frivolidad de descubrirse la pierna ante otro de los “lacayos del horario estelar” -porque usted también estuvo ahí- ¿fue táctica o estratégica?

Vale.

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