[México] “Cada día que paso sin reír es un día perdido”: Alberto Patishtán

 

Fuente: Desinformémonos

México, DF. En una sencilla habitación de la Ciudad de México, sonriente y tranquilo, el profesor se presenta: Mi nombre es Alberto Patishtán, soy indígena de etnia tzotzil, preso por más de 13 años, voy para 14. Considerado preso político por organismos de derechos humanos como Amnistía Internacional, el Tribunal Colegiado con sede en Tuxtla Gutierrez le negó el reconocimiento de inocencia el pasado 12 de septiembre. Hoy, afirma en entrevista con Desinformémonos, aunque desconoce los caminos jurídicos que seguirá su caso, “solamente espero que me liberen, independientemente de las vías que me platican”.

Trasladado al Distrito Federal para seguir una serie de radiocirugías para combatir el tumor instalado en el cerebro, el profesor permanecerá seis semanas bajo tratamiento. Lo acompaña su hijo Héctor, quien lo dejó de ver a los 4 años y ahora cuenta con 17. Estos días, aunque bajo vigilancia, lo disfruta. Están juntos.

De característico buen humor, Patishtán dice que “cada día que paso sin reír es un día perdido”. Para él, “todos los días son domingo”.

Sentenciado a 60 años de cárcel, de los cuáles lleva 13 tras las rejas en distintos penales de Chiapas y en uno de alta seguridad en Sinaloa, el maestro originario de la comunidad de El Bosque, municipio de Simojovel, en los Altos de Chiapas, afirma que “en la cárcel más que enseñanzas hay aprendizaje. La cárcel te enseña, y tu mismo problema te da las herramientas. Lo más valioso que hemos aprendido es que somos útiles, por más que te dicen que no vales porque estás en la cárcel, eso es mentira, eso depende de ti”.

Consiente de la importancia de su lucha por los derechos de los presos,confiesa que para él “lo más importante es estar vivo, pues de qué me sirve vivir mucho tiempo si lo paso sin hacer nada. Siento que he aprovechado muy bien estos años, aunque me faltan muchos por aprovechar”. Y ríe.

En estos años sus abogados han presentado todas las pruebas que avalan que no participó en la emboscada en la que murieron siete policías estatales y dos resultaron heridos; también han demostrado el cúmulo de irregularidades en su proceso jurídico. Su caso, dice,  concentra la discriminación, el atropello y el autoritarismo de la justicia en México, en especial cuando de indígenas se trata.

En el año 2000 Patishtán fue sentenciado por los delitos de delincuencia organizada, homicidio calificado, portación de armas de uso exclusivo del Ejército y lesiones calificadas. De nada sirvieron los testigos a su favor y las irregularidades demostradas en el proceso.

Trece años después y luego de un intenso movimiento nacional e internacional por su liberación, el Tribunal Colegiado, última instancia jurídica que podría regresarle su libertad, decidió que el profesor de primaria debería cumplir otros 47 años en prisión. La noticia, cuenta Patishtán, la recibió en el penal número 5 de San Cristóbal de las Casas: “Ese día, 12 de septiembre, el día ya estaba más o menos ubicado. Sólo faltaba la hora. A mis amigos los vi muy nerviosos y me preguntaban cómo estaba. Le hablé por teléfono a un amigo y sólo me dijo, Patishtán, échale ganas, sé fuerte. Con eso lo entendí todo. No se preocupen, les dije, porque ya sabemos en qué México vivimos. Yo me posicioné en medio, siempre lo hago para recibir cualquier cosa, y así no me afecta tanto. Me mantengo con ánimo tranquilo a pesar de muchas cosas porque mi conciencia está limpia. Soy inocente. Sólo me falta mi libertad”.

A casi un mes del fallo, se habla de distintos caminos para conseguir su libertad: el indulto o la amnistía son dos posibilidades que se barajan. Patishtán no ahonda en el tema. “Me han dicho que andan platicando diputados y senadores para hacer algo, que no sé ni cómo se llama. Yo lo que quiero es que me liberen. No pido nada más”.

Vestido de camisa a rayas azul cielo y un pantalón de mezclilla oscura, informal y relajado, el preso del que más se ha hablado en México en los últimos meses, estira los brazos como si acabara de despertar y saludara el día. “Estoy libre por dentro, eso no me lo han quitado…Mi conciencia está tranquila”.

“¿Que por qué estoy preso? Yo también a veces me pregunto y me respondo que es por una verdad que pronuncié, por defender a mucha gente, porque pensé diferente, porque supe escuchar al que me rodea, especialmente al indígena. Eso se convirtió en delito y es lo que estoy pagando”, dice Patishtán sentado en un sillón colocado a un lado de su cama.

A la pregunta de qué haría su obtuviera su libertad, responde: “Yo ya tengo mi libertad por dentro. Lo otro, lo que haré saliendo, ya Dios lo dirá. Él marca los pasos a seguir, y yo ahorita estoy limitado. Ahorita no puedo hablar de muchas cosas, es poco que veo en las noticias, porque donde estoy no hay aparato. Está también el mismo contexto de mi comunidad, que hace 13 años que no la veo. A mi hijo lo dejé de cuatro años, y ahora está grandote ya. Ahora no pienso en nada más, me enfoco en mi salud, estoy enfermo de la cabeza. Me centro en lo más valioso de la vida. Nunca voy a decir que estoy bien, porque estoy en cárcel sin atención médica, no contamos con nada y mi salud está mal. En la intervención que me hicieron hace un año, el tumor no salió por completo y comenzó a crecer. Eso hace que los médicos recomienden radioterapia, y en eso estoy.  Llevo dos sesiones y son 28″.

El maestro tzotzil permanecerá mes y medio en tratamiento. No es cáncer, aclara “es tumor en el cerebro”.

Adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, convertido al zapatismo en prisión, Patishtán dice: “en una cárcel somos inquietos, por lo mismo que pasamos. Siempre buscamos dónde, cuándo, en qué momento alguien ayuda o se suma. Un apoyo justo a la causa es bien recibido, qué más puedo decir cuando alguien se suma por tu causa, por la verdad y la justicia. Si no me pasa a mí, le pasa a otro. Es así como paso a formar parte de la Sexta, ahí me reivindico.

¿Símbolo de la lucha por la justicia? “Yo puedo decir que tengo mucho o poco peso como símbolo, pero eso ya depende de uno. Estoy escaso de información, pero con lo poco que escucho, animo a la persona. Hay bastantes casos como el mío. No he pensado si tengo una responsabilidad, pero una verdad no se puede esconder”, dice en tono sereno.

Alberto Patishtán finaliza:  “Quiero que la gente sepa que no todo lo que escuchan es así. Dicen que los que estamos presos es por delincuentes, pero muchas veces son los acusadores los que deben estar ahí. Hay que perseverar siempre en la lucha”.

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