Más recortes para rematar la sanidad pública

La calidad de vida baja día a día y pronto se verá que sube la mortalidad. No se puede hacer lo que hacen y que no pase nada.

Somos víctimas de una infamia que sería imposible sin el doctrinarismo independentista ( «todo es culpa de «Madrit»), el control propagandístico de una comunicación social literalmente comprada, una ridícula soberbia («esto no puede ser») y algunos decenios de complicidades.

La «culpa» permanente de España
Siempre nos encontramos con una ensoñación inherente a la demagogia estatista de Mas. Consiste en echar la culpa a España. Ya puedes dar datos y razonar, que poco le importa. Estás tan perdido como un demócrata alemán bajo el nazismo. El argumento de que todo era culpa de la «plutocracia judía» se lo llevaba todo. Si hubieran asesinado a todos los judíos, ya hubieran encontrado otro mito sustitutivo.

Para acabarlo de empeorar, los partidos constitucionales ni siquiera intentan entrar a fondo en la temática sanitaria. Han demostrado que no entienden, que son incapaces de entender. Ni de hacerlo ver.

Con escasas excepciones –más personales que políticas– no han sido capaces de ni siquiera contrarrestar las mentiras insolentes que Artur Mas y Boi Ruiz han osado decir en público, una vez tras otra.

Comisión parlamentaria y pacto nacional de sanidad
Tanto la Comisión Parlamentaria de Investigación en Sanidad como el Pacto Nacional por la Salud no han sido (o no han podido ser) aprovechados para poner contra las cuerdas a una política destructiva que no tiene ninguna salida humanamente defendible. De hecho ni se la busca, y si desde la Generalitat se articulara una política sanitaria, aunque fuera privatista, no sabríamos como articularla. Fui el primero en denunciar a Josep Prat y su montaje reusense, pero después de él en la consejería no ha habido nadie más con su maligna capacidad. Maligna, pero capacidad.

A pesar de males fundacionales, la sanidad catalana fue un oasis para los que tenían un problema de salud. Ahora se está consagrando su conversión en un desierto. Es obra de una púrria sin corazón ni cabeza, ni capacidad para crear nada alternativo. Este es el tema. Pasaremos a no tener nada.

Clientelismo y financiación de los partidos
El sistema que hemos tenido fue concebido e impuesto no para hacer frente a los problemas sanitarios reales, sino para ver como determinados amigos y determinados partidos se podían beneficiar de lo que siempre ha sido el departamento con más dinero. Era tanto dinero que, por supuesto, se podía contemplar el tema pensando en la financiación de los partidos.

Es difícil negar que, con este parámetro, no haya habido siempre un alto índice de corrupción, aderezada con clientelismo descarado y cínico. Pero en tiempo de vacas gordas no pasaba casi nada. Ahora, en vez de reformar lo que teníamos se ha optado por destrozarlo todo, manteniendo o incrementando sus males iniciales, que es por donde hay quién hace mucho dinero. He hablado y dado muchos nombres.

Peor que en el resto de España

En el resto de España puede haber habido muchas cosas, pero no he sabido encontrar esta filosofía, que sería digamos constituyente en Cataluña. En Madrid han aparecido grandes empresas sanitarias privadas, pero no he sabido ver un tejido capilar de empresarios sanitarios como el que siempre ha habido en Cataluña.

¿Habrá aunque sea una pizca de insinuaciones en este sentido en las conclusiones de la comisión parlamentaria y del presunto Pacto Nacional por la Salud? ¿Tendrá cuenta el Plan de Salud Pública anunciado hace poco y del cual ya mostré la falta de vergüenza?

No ahorrar donde haría falta, sino recortar
Francamente no lo creo, y sin una buena diagnosis no hay curación posible. Lo que ha habido son destrozos de lo que iba bien para mantener lo que siempre ha ido mal y que si se refundara permitiría recuperar cantidades ingentes de dinero. Mucho más que no el ahorro que permite imponer sueldos de miseria y, por ejemplo, recortar en agua mineral.

En síntesis, los catalanes moriremos antes, mientras que ya sufrimos una menor calidad de vida. Aquí están los 22.000 ciudadanos esperando a ser operados de cataratas. Pero Mas y Ruiz continuarán impunemente queriendo hacer creer que todo mejora. No tienen perdón.

La mentira como norma
La insolencia falsificadora ha pasado a ser la norma. Hay mil ejemplos. Así, en la última comparecencia pública Mas dijo que se habían acabado los recortes sanitarios y osó invocar, por primera vez en meses, el Estado del Bienestar. Pocos días después, Mas-Colell exponía que este año habrá todavía un recorte de entre 2.000 y 2.500 millones de euros, en la cual quién sufrirá más –el disparo a la nuca– será lo que queda de sanidad pública. El servil presidente del Instituto Catalán de la Salud (ICS) también ha anunciado nuevos recortes. ¿En que quedamos?

La pregunta de los mil millones sería preguntar cómo es que Mas y Ruiz tienen el valor de mirarse en el espejo. ¿Su abuela no les dijo nunca que a los mentirosos se les caen los dientes?

Todas las comarcas afectadas
Nada se escapará de la maldad destructora. Afecta a todos los grandes hospitales, a la atención primaria, al personal sanitario y sobre todo a los pacientes. Se sufre y se sufrirá más en todos los ámbitos territoriales, desde las grandes ciudades al más pequeño pueblecito. Aquí está la cínica Reordenación Asistencial Territorial (RAT), que no hay por donde cogerla y sobre la cual el silencio de los partidos políticos constitucionales ha sido ensordecedor.

Por suerte, Cataluña no es un Estado y el clan que nos gobierna no tiene tantos poderes como si dispusiera de un Estado. De lo contrario no sé que pasaría, porque una monstruosidad como la que está en curso, en estos plácidos días de verano, es inconcebible que pudiera ser impuesta por ningún Estado europeo. Además, a quién acusarían si no tuvieran un «enemigo» utilitario, que han encontrado en «Madrit».

Más maldad en Cataluña que en ninguna parte
He estado mirando atrás y no he encontrado precedentes de una vilanía comparable. Incluso he pensado en como los nazis querían hacer creer que las cámaras de gas eran sólo para matar piojos y pulgas. Pero aquello era bajo una tiranía clara. Aquí sólo se usa un control de la información y las deficiencias de unos partidos explicables sólo por la existencia de una ley electoral immunda, ensalada de unos déficits culturales escalofriantes, sin parangón con ningún país de Europa, ni del resto de España. Todas las Comunidades Autónomas han promulgado nuevas leyes electorales mejores, excepto Cataluña. Meter en esto a «Madrit» es imposible.

Cataluña peor que Madrid y aquí menos reacción
Ciertamente, lo que pasa con la sanidad prácticamente en todo el Estado es un desastre. Pero allí, en particular en Madrid, hay un proceso de privatización claro. Es muy negativo y lo empeorará todo. Aquí es peor, porque se constata una destrucción más radical, sin ningún norte y con una demagogia política soberbia que añade injurias al insulto.

La mayoría de críticos con lo que pasa en Madrid –personas que no tienen nada que ver con el PP– están coincidiendo en afirmar que lo que pasa en Cataluña es peor. Es una prueba de honestidad intelectual, dado que cuando se está en combate (allí contra lo que hace la Comunidad de Madrid) se suele decir que el enemigo de delante es el peor. Seria mentira, porque la política de la Generalitat consigue ser peor. A pesar de esto, hay más conciencia y más movilización en Madrid. Aquí tenemos un efecto colateral negativo por culpa del engaño independentista.

Caída de la esperanza de vida
Hace pocos días, la prensa de Madrid informó de la caída de la esperanza de vida en el conjunto de España en 2012. Ha sido poca. Para los hombres ha pasado de los 79,16 años a los 79,01. Para las mujeres, de los 84,97 a los 84,72. Ahora bien, nunca antes había habido un retroceso: cada año íbamos viviendo más años y mejor. Esto se llama un cambio de tendencia.

En Cataluña se ha callado mucho, a pesar de que nosotros somos una parte sustancial de este retroceso. Hacía pocos días, la Generalitat había dado a conocer unos datos soberbios y muy dudosos de la Central de Resultados, una oficina administrativa de la Generalitat. Se refería sólo a las actividades sanitarias, mientras que los datos españoles provienen de un organismo institucional, el Consejo Económico y Social. Los datos catalanes son facilitados por los hospitales y, mira por dónde, no son objeto de ninguna inspección ni, por supuesto, auditadas. Tardaremos bastante en tener datos catalanes fiables, pero los tendremos y serán escalofriantes.

El Hospital Clínico y el ICS
Superada la liturgia del 11 de septiembre, necesariamente se tendrá que hablar del presupuesto de 2014. Afecta a todo. Pero en especial a dos grandes temas sanitarios. Uno es la privatización del Hospital Clínico de Barcelona y el otro el desguace del ICS.

Del Clínico he escrito mucho y lo haré más. En cuanto al ICS, todo está cubierto de humo. En el orden inmediato, la clave de ambos temas está en manos de ERC, partido que no solamente no entiende de sanidad sino que no entiende nada sobre nada, ni de economía.

Una ERC incompetente pero con picardía
Hace pocas semanas, el máximo portavoz de economía de ERC, Pere Aragonés, fue entrevistado por Lluís Falgas en el programa «Aquí hablamos» de TVE. Quedé anonadado. Me pareció más corto que una cola de un conejo. Esta es la norma en ERC.

Esta incapacidad generalizada, ERC lo ha escondido con más astucia que CDC. Pero ahora ha llegado el momento en que no basta con picardía. ERC tiene que asumir los continuos e inacabados recortes sanitarios, en particular la privatización de la gestión del Hospital Clínico. O bien los tiene que impedir, votando en contra. Este es un gran ingrediente de la actualidad sanitaria. Se lo ha podido tapar este verano pero en el otoño finalmente reflorecerá. Nos jugaremos mucho.

http://www.eldebat.cat/cast/notices/2013/08/mas_recortadas_para_rematar_la_sanidad_publica_73441.php

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