Mímesis

&nbsp Escucho en la COPE del taxi a César Vidal alardeando de que desde que empezamos a disfrutar de las consecuencias de la LOGSE encontrar negros que escriban por uno, (phantoms, en inglés), está cada vez más difícil. Que gente que sepa escribir a su nivel escasea, vaya. Pudiendo tener en más de una manera razón. Copiar, plagiar, poner uno su nombre a lo que ha escrito otro, no citar, imitar… en un mundo de memes y de producción en cadena sentirse ofendido por eso es un anacronismo. Es como una persona a la que he dado hoy las gracias por tratarme de usted, para a continuación decirle que eso me hace sentir joven, y no hacerle precisamente un cumplido, como no ha tardado en aclararme. Recuerdo que una vez leí que hay caras a las que no se puede llamar de tú, espero que no sea ese mi caso. Hago lo posible para que me traten de tú las personas que no tratan a todo el mundo de tú, claro.

&nbsp La imitación está en nuestro cerebro primordial, “singes d’hommes tombés de la vulve des mères”, llevamos lo de imitar muy adentro, somos esencialmente imitadores, algunas personas con problemas de identidad tienen una propensión a la originalidad ciertamente morbosa. Me quedo a este respecto con aquella chulería de Stockhausen: lo que se puede imitar es sospechoso.

&nbsp Como dice G. Tarde, la imitación es una forma de generación a distancia. “Vecinos” se llaman ahora a los aplicadores de análogas instituciones de inmunización, de los mismos patrones de creatividad, de artes de supervivencia similares, afectos de las mismas infecciones imitativas (hoy, intercambio transcultural).

La imitación es la forma más sincera de poner a prueba. Y esto es así porque la imitación no consigue cambiar al imitador, pero sí al imitado. Algunas personas se sienten halagadas cuando las imitan, pero en general se puede considerar a la imitación más que como una alabanza, una mala manera de alabar; somos conscientes de no odiar las alabanzas, sino la manera de alabar.

&nbsp Allí donde fueres haz lo que vieres, dice un viejo refrán glosando las virtudes de la emboscadura, de hacerse indistinguible contra el fondo a base de mimetizarlo. Siguiendo los movimientos de una naturaleza que se revuelve, que se irrita y protesta contra su instrumentalización. Esa resistencia tiene un nombre: mímesis. Este nombre provoca asociaciones que son intencionales: introyección afectiva e imitación. Como esa relación entre personas en la que el autoextrañamiento por el que uno se identifica con el modelo de otro, acomodándose suavemente a él, no exige el abandono de la propia identidad, sino que permite que coexistan la dependencia y la autonomía.&nbsp &nbsp

&nbsp Vuelvo a mis autores siempre, vivo en la que fui cuando era con ellos. Cuando leo cosas que escribí de joven tropiezo con pasajes que son tan buenos que no puedo por menos que preguntarme de dónde los saqué. Vuelvo por el camino de Borges que siempre llamó suyos a los libros que leyó con provecho, y no pudo olvidar nunca. Y no pudo decir nunca&nbsp lo mismo de ninguno que ¿él? hubiera escrito.

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