Lou Andreas-Salomé, la primera mujer moderna

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Por iñaki Urdanibia

« Desde su juventud había adquirido su independencia; había trabajado mucho[…]. Curiosa, activa, voluntariosa, amaba apasionadamente la vida…»

( Simone de Beauvoir, La vejez )

Habitualmente se presenta a Lou Andre-Salomé como una musa, mujer fatal, egeria, seguidora de ( Rilke, Freud, Freud) y mera reproductora de las obras de los citados, figura que encarnaba el eterno femenino, como si ella por sí misma fuera un ser irrelevante. En la consolidación del retrato colaboró la escandalosa Lilia Cavani en su película de 1977, Más allá de bien y del mal, en la que daba una visión morboso-escorada, comme d´habitude, de la mujer en sus relaciones con sus distinguidos partenaires, sacando a la mujer del limbo en el que permanecía sumida, mas dando de ella una desfigurada imagen.

La publicación del libro de Isabelle Mons: « Lou-Andreas-Salomé. Una mujer libre» ( Acantilado, 2019), deja de lado lo anterior y dedica sus páginas a un seguimiento pormenorizado de esta mujer que brilló en el ambiente cultural de su época, jugando un papel de primer orden en la cultura europea en los años de cambio de siglo. No escribe a la contra, Isabelle Mons, lo que quiere decir que no se dedica a desmontar la visión y los tópicos generalizados hacer de esa mujer nacida en san Petersburgo el 12 de febrero de 1861 y fallecida el 5 de febrero de 1937 en Gotinga. Desde luego nada que ver con el escorado retrato que se ofrecía en Lous Andreas-Salomé. Mi hermana, mi esposa de H.F. Peters, editada por Paidós en 1995, con el también escorado prefacio, arrimando el ascua a su sardina, de Anaïs Nin , obra que se centraba en la influencia que la mujer ejerció en los hombres con los que trató.

Podría decirse que la mujer se convirtió en verdadero reflejo del espíritu de la época. La relación mantenida con su profesor, el pastor holandés Hendrik Gillot, que le introdujo en los estudios filosóficos y literarios, incitándole a adoptar posturas librepensadoras y abriéndole el camino para atiborrase de lecturas de Descartes, Pascal, Kant, Rousseau, Voltaire y de algunos textos de historia de las religiones. Ya desde aquellos años comenzó una búsqueda del sentido, de lo absoluto, que se dejó ver en su primera obra de significativo título: En busca de Dios. Po aquellos mismos años sufrió una honda crisis de fe, y un cierto vértigo ante el vacío dejado por Dios tras su muerte que anunciase su amigo Nietzsche, desasosiego que no le abandonó a lo largo de su existencia. El personaje que señalo que le influyó, también le inició, de manera un tanto crujiente, en lo que hace a la educación sentimental, huella que perduró y que se dejó ver en sus relaciones, en las que siempre quedaban netamente separadas las esferas pasionales y las intelectuales. Más tarde vendría su matriculación en la universidad de Zúrich en donde cursó estudios de historia del arte, filosofía e historia de las religiones, tiempos en los que conoció a Paul Rée, autor de algunos estudios sobre las relaciones entre moral y psicología, coincidiendo que ese mismo año conoció a Nietzsche, igualmente en la ciudad eterna. Se había trasladado a Roma a casa de una célebre intelectual de tendencias liberales, Malwida von Meysenburg, y ya había dejado claro cuál iba a ser su modo de encarar la vida: « no soy capaz de vivir según modelos, ni nunca podré servir de modelo a nadie, en cambio , estoy segura de que modelaré mi vida a mi modo, sean cuales sean las consecuencias», declaración que proclamaba su apuesta por la independencia, por actuar siguiendo su justo criterio sin atenerse ni doblegarse ante maestros, moralistas, etc. Allí es precisamente donde conoció a Rée, con quien estableció una relación y una convivencia propia de hermanos, que se desarrollaba en medio de largas y profundas discusiones sobre el ateísmo y la religión como factor presente entre los humanos. La propuesta del amigo trataba de ampliar el círculo creando un trío, con un intelectual que vagabundeaba por la ciudad, Nietzsche. El escándalo que provocó tal relación en la familia fue de órdago al igual que se la oposición de Meysenburg resultó contundente, nada digamos de la hermana del filósofo, Elisabeth Nietzsche( de casada Förster-Nietzsche) que desde entonces no ocultó su odio hacia Lou por la nefasta influencia que tenía sobre su hermano [ resulta significativa la escasa atención que en su Friedrich Nietzsche et les femmes de son temps ( Michel de Maule, 2007)presta a la rusa , a la que no dedica capítulo aparte como a otras, a lo que se ha de sumar el tono con que a ell se refiere, incluyéndola en las experiencias desagradables]. Sea como sea la convivencia de los tres se puso en marcha, si bien no llegó a funcionar como previsto ya que el enamoramiento de Nietzsche fue potente, siempre vigilado por su hermana, y sus propuestas amorosas fueron rechazadas por Lou lo que provocó que ella se trasladase a vivir en Berlín con Rée. Las valoraciones de la mujer con respecto a Nietzsche y de ésta con respecto a Andreas-Salomé, eran mezcla de rechazo y atracción en la medida en que ambos aceptaban haber salido enriquecidos intelectualmente del contacto; precisamente en la obra sobre Dios antes nombrada no pocas de las ideas que expone la mujer están basadas en las discusiones mantenidas con sus dos amigos, inclinándose del lado del ateísmo místico de Nietzsche . Estas opiniones y un acercamiento a la filosofía del autor de « Más allá del bien y del mal» quedaron expuestas en su Friedrich Nietzsche en sus obras ( el texto fue publicado en castellano por ZYX), al tiempo que venía a profetizar que « no pasará mucho tiempo antes de que se presente como el nuncio de una nueva religión, que querrá héroes por discípulos. Las dificultades en la convivencia no tardaron en surgir y Lou siempre celosa por conservar su independencia y primar su carrera literaria, abandonó a su amigo y , por carambolas de la vida: el presenciar el intento de suicidio del caballero , acabó contrayendo matrimonio con Friedrich Carl Andreas, matrimonio que funcionó únicamente a niveles formales, durando nada menos que cuarenta y tres años, unión que no supuso cortapisa algunas para la vida libre de la mujer.

En Berlín frecuentó los círculos bohemios de la intelectualidad, socialista y reformadora, que tenía como centro la ciudad alemana; de aquella época es su incursión en las Figuras femeninas en la obra de Hendrik Ibsen, además de la dedicación a la crítica teatral y literaria. Sus relaciones de amistad se amplían al por mayor: August Strindberg, Arthur Schnitzler, Hugo von Hofmansthal, y…Rainer Maria Rilke, relación con el poeta que fue su experiencia amorosa más importante y dilatada en el tiempo, como deja ver las cartas que intercambiaron , relación epistolar que duró veinticinco años, hasta la muerte del poeta. La complementariedad de sus puntos de vista entre Rilke y Andreas-Salomé se cifraba en la búsqueda, de Dios, entendida- por ella- como búsqueda de las raíces más profundas de la feminidad y el intento de lograr la plenitud de la vida, ente entendido no como un ser sino como la totalidad de la vida, y por él como intuición de la siempre cambiante esencia de las cosas. Con Rilke viajó a Rusia en busca de sus orígenes conociendo allí a Tolstói. Pesaba más su deseo de preservar su independencia que cualquier otras cuestión, lo que hizo que abandonase la vida con el poeta, en la medida en que consideró que se habían agotado los sentimientos intelectuales y emotivos.

Si Rilke continuó en su fidelidad con respecto al oficio de poeta, Andreas-Salomé se inclinó a la búsqueda de respuestas a los interrogantes que le asaltaban desde su juventud, problemática que se plasmó en algunos cuentos de tonalidades psicológicas , y que le condujo a establecer una intensa relación con Freud. Esta relación y aprendizaje le empujó a dedicarse a la práctica terapeútica y a la publicación de El erotismo ( en castellano se publicó en ma mallorquina Olaeta, 1983), entre otros textos, en los que se centraba en el fenómeno del narcisismo , considerando que el eros funcionaba como fuerza vital y energía creadora, como estructurante y principio creador que se expresaba en el arte y que anidaba de manera especial en las mujeres, negando de este modo la segregación a que estas estaban sometidas y atribuyendo unas virtualidades que reclamaban la presencia de las féminas, deriva en la que las relaciones entre el matrimonio y el amor, quedando lo primero como domesticación de lo segundo, posturas que provocaron en su tiempo una encendida polémica…creaciones en las que la preocupación por lo femenino ocupaba el centro de gravedad de los esfuerzos de búsqueda. De su trato con Freud también dejó constancia en su Aprendiendo con Freud ( editado en su momento en castellano por Laertes, 1978; editorial que también publicó en 1982: Documentos de un encuentro -Nietzsche, Lou v. Salomé y Paul Ree )…Finalmente escribió un texto autobiográfico: Mirada retrospectiva: compendio de algunos recuerdos de la vida ( Alianza Tres, 1980) que vio la luz póstumamente yen el que asoma más que sus avatares existenciales sus postulados filosóficos, centrados en un concepto fundamental , la unidad del ser, que le lleva a inclinarse hacia el pensamiento de Spinoza, y una firme apuesta por la vida: « la vida humana -decía- , la vida, simplemente[…]la vida es poesía. Y somos nosotros quienes la vivimos día a día, fragmento a fragmento, en su inviolable integridad, inconscientes de nosotros mismos y es la vida la que nos vive, nos conduce».

Isabelle Mons nos habla de todas estas cosas y muchas más haciéndonos penetrar en una visión cercana de la mujer y los vericuetos de su pensamiento, un pensamiento que se atrevía a penetrar en el conocimiento de sí misma, explorando diferentes terrenos que confluyen en la feminidad, esbozando, y poniendo en práctica, una forma de vida abierta a múltiples posibilidades que ella no se cortó a la hora de experimentar…en una tenaz y permanente lucha por su independencia, alimentada por sus viajes, sus debates, el combate contra los prejuicios, siempre anteponiendo su autonomía a cualquier forma de heteronomía.

Un acercamiento riguroso y documentado a esta mujer fascinante que dejó ver su inconformismo y su espíritu cultivado y creativo abriéndose paso con su trabajo y su lucidez en un mundo dominado , en exclusiva, por hombres, hallando su espacio entre algunos de los más destacados hombres de la cultura de entre siglos…La autora. Isabelle Mons, nos acerca a las relaciones de la mujer y nos acerca de manera especial a ella misma, en su vida, en su pensamiento,…en su intempestiva singularidad.

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