Los sindicatos españoles, el fin y la dignidad

El propio Marx y las mejores cabezas del marxismo tuvieron siempre bajo sospecha la función de los sindicatos. La resistencia a analizar las causas que provocaban las desigualdades sociales o laborales, y conducir a los trabajadores a la búsqueda de soluciones provisionales en las crisis estructurales del capitalismo determinaron una división interna que, teóricamente, el leninismo finalizó sometiendo al Estado los sindicatos. En Occidente pasaron a ser el granero de votos de la socialdemocracia. En España mientras fueron oposición al franquismo se ganaron el respeto general, y la adhesión de muchos trabajadores.

Con la democracia, la deriva del sindicalismo, empezó a emitir señales de alarma. La proliferación de liberados, hoy ejercito, que controlaban férreamente la democracia interna, el sometimiento al PSOE o el PCE —con la consiguiente influencia en su interior— y la propia financiación sindical por el Estado, o del gobierno de turno, condujeron a una profesionalización completa de las estructuras sindicales.

Después la dinámica del capitalismo acabó en España con unos sindicatos representantes de los trabajadores de cuello blanco frente a parados de larga duración y después frente a los inmigrantes. Estos grupos sociales quedaron aislados. La clases trabajadoras no empleadas quedaron en orfandad, lo cual es terrible en la dinámica de los sistemas.

Los últimos años, bajo Zapatero, han culminado la más triste y corrupta evolución que, ademas de la tristeza, lo único que nos queda del pasado algo mas glorioso, provoca la hilaridad, superada la sorpresa y olvidada la dignidad heredada de tantos años.

Ser pobre o parado bajo Zapatero es una expresión de dignidad. Es como una marca de Zapatero. Tiene posibilidades de enfrentarse a la derecha. La desviación de la culpa es un arma tan genial como distorsionadora, propia de nuestra mejor visión judeo—cristiana.

En las últimas crisis más sonoras e indignantes, la solución ha sido fácil: cerrar las fabricas, incorporar a los lideres de CC.OO. al empleo de las administraciones socialistas, torear a los trabajadores y dejar que el tiempo haga su trabajo…

Todo acaba aquí. Los restos humeantes del desastre acaban convirtiendo en molestos símbolos y en familias destruidas cuya mayor solución es afiliarse al PSOE.

De la UGT no tengo comentarios, están para servir y ser servidos. De CC.OO. la indignidad se corresponde con las tenues expectativas de parte de la engañada opinión pública.

Seria conveniente hacer una investigación sobre el personal político que habita bajo el poder socialdemócrata, en las ocultas labores de expertos, consejeros, asesores… aunque técnicamente es casi imposible. Podrán comprobar cómo las direcciones de CC.OO., nacionales o provinciales, están incrustados en los beneficios de la corruptela generalizada del dinero público. Es tragicómico los cargos que se les inventan, las artificiales funciones que brillantemente realizan. Es una vergüenza, si la hubiere. Pero, a vivir que son dos días… El ámbito administrativo más ilustre de este más alto sindicalista son las Diputaciones Provinciales socialidemócratas. Mire, busque, allí están los héroes de la transición obrera emboscados en cajas, sociedades… ¡genial!

Los líderes sindicales de España están como yo, fuera de España. No están implicados, es más, ya han señalado furiosos y desafiantes que no piensan hacer nada, que la crisis es una creación artificial, que su sumisión al régimen de Zapatero es su propia supervivencia. Que en el campo estrictamente liberal o neocon, que sálvese quien pueda o cada uno a la suyo, lo cual no lo dice, en lo político, nadie salvo los héroes de la clase obrera.

Lo mas dramático, es que viviendo como viven los líderes sindicales, obliguen a los pobres y parados a considerarse unos privilegiados de la historia, encardinar los parados del pasado, unos dignos héroes del marxismo… Ser pobre con Zapatero es reverdecer los mustios prados de la revolución.

Perdidas las referencias mas bíblicas de la izquierda :sea un parado bajo Zapatero, la Historia… se reirá de usted.

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