Los santos güevos de Rajoy

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“Ordenar una especie de arresto domiciliario de la inmensa mayoría de los españoles, que es lo que realmente se ha hecho, no es limitar el derecho, sino suspenderlo, y esa conclusión resulta difícilmente rebatible desde un entendimiento jurídico correcto.”

Desde que leí en Kaos https://kaosenlared.net/autor/rafacid/ ,  sé que en todo lo sucesivo que dure el confinamiento yo ya no podré dormir tranquilo y ello tan sólo porque por este artículo pude enterarme de que: “Lo ha dicho sin tapujos ni adornos el ex magistrado del Tribunal Constitucional Manuel Aragón Reyes, en una tribuna de opinión que no tiene desperdicio publicada en el diario El País (y en contra de su línea editorial sanchopedrista) el pasado viernes 10 de abril”:

«…La declaración del estado de alarma no permite, a su amparo, decretar, como se ha hecho, la suspensión generalizada del derecho de libertad de circulación y residencia de los españoles, medida que solo puede adoptarse en el estado de excepción, como determina el artículo 55.1 de la Constitución […] Ordenar una especie de arresto domiciliario de la inmensa mayoría de los españoles, que es lo que realmente se ha hecho, no es limitar el derecho, sino suspenderlo, y esa conclusión resulta difícilmente rebatible desde un entendimiento jurídico correcto […] en España, las situaciones de excepción no permiten el establecimiento, para intentar resolverlas, de una dictadura constitucional […]»

Y es que ahora comprendo todo el sentido de un comentario, a mi lado, sobre el paseo del ex-presidente Rajoy, visto en la televisión, andando a la luz del día en torno a su residencia, sin guardar, en apariencia, el más mínimo respeto a las órdenes de confinamiento que, a causa de la pandemia del coronavirus, obligan a todos los españoles  por igual a permanecer en sus domicilios. “¡Ese sí qué tiene güevos!¡Tiene los güevos de un santo!” Y ya no podré olvidarlo, porque yo, comparado con Rajoy, indudablemente, soy un despreciable cobarde que teme salir de casa, a pesar de que comprendo muy bien que las leyes constitucionales me avalan o Rajoy no saldría de su casa, pues tonto no puede ser, ni ignorante, sobrándole quien le ilustre sobre lo que puede hacer con toda seguridad.

Por otra parte, tampoco me siento fuerte para exigir la dimisión del Gobierno en pleno, e incluso la del Rey. Del primero, por haber hurtado al pueblo su soberanía mediante un estado de excepción disimulado y del otro, por consentirlo sin más, siendo el jefe del Estado. Pero, ¡Bah!, seguro que no dimiten. Porque tienen mucha cara, de hecho les llega al suelo. ¿Y el pueblo…? El pueblo se callará y continuará pastando, y seguirá el pastoreo.

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