Los recuerdos no olvidados

Muros que se caen, piedras que se levantan.
La complejidad de un tiempo que cambia.
Sí, los tiempos cambian, pero también vuelven,
regresan del pasado en las tardes de lluvia,
cuando reina la oscuridad y el silencio se prolonga.
Recuerdos que vuelven, otros nunca se fueron,
permanecieron ocultos entre el dolor y la nostalgia,
esperando ser llamados por el presente.
La memoria secuestrada en una realidad incomoda,
incapaz de hacer justicia.
Atados al momento en el que vivimos, presos
del pasado, expectantes del futuro, vivimos esperanzados
por un dolor reconocido, por un adiós definitivo.
Sueños construidos sostenidos por el tesón de ser alcanzados.
Y vivir soñando, y soñar con que la tierra devuelva lo que
la cobardía enterró en hoyos anónimos, apartados, escondidos.
Vida, dolor y olvido traen los recuerdos.
Sueños, ilusión y paz trae la esperanza.

 

La paz interior llegará,
cuando los muertos por
el genocidio regresen
con sus familiares al lugar
donde siempre quisieron
y no les dejaron estar.
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