Los recortes fomentan el absentismo escolar

«Todos los días hay alguien que no sube. Uno, dos, o más, depende, pero siempre hay alguien que se queda sin ruta». A. tiene 12 años y la ropa que le protege del frío de primera hora de la mañana ante el Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) de Santa Eugenia le deja al descubierto sólo la cara. Antes de las 8h, él y los otros chicos que han llegado al centro con la ruta escolar que pasa por la Cañada Real Galiana esperan que comiencen las clases. Como todos los días desde el principio del curso, han padecido el overbooking del autocar que pasa a recogerlos. «El bus tiene 53 plazas más una para la monitora, y somos 64 los que estamos apuntados en la lista para subir», explica A. a DIAGONAL.

Con los otros chicos que cogen este medio de transporte para llegar al Instituto, han visto cómo desde septiembre son cada vez más los que deciden no acercarse a la parada de la ruta escolar. «Yo estuve varios días sin poder subir, pero conseguí colarme», explica orgulloso. «A cambio, otros, viendo que no hay sitio para ellos, dejan de venir», añade. La experiencia de A. es la de unos 50 niños que, en la primera etapa escolar, entre septiembre y diciembre, no pueden llegar al instituto. En el Distrito 22 las rutas escolares tienenoverbooking.

A pesar de que el transporte escolar es un derecho garantizado por ley, los habitantes de Cañada quedan excluidos. La Jefa de Estudios del IES Santa Eugenia, que elabora la lista, y la monitora encargada de gestionar el autocar que pasa por la Cañada Real confirman los números de los que habla A.: 53 plazas y, en diciembre, 64 niños. El número de escolares que usan la ruta a comienzos de curso supera los 60, pero va menguando al no poder subir al autobús en alguna ocasión. En diciembre la lista queda fijada en 64; y «al final del curso quedan plazas libres», apostilla A.

Los recortes en la Comunidad de Madrid a lo largo de los últimos años han causado la supresión de decenas de rutas escolares también en otros colegios de la región. Durante el curso 2010-2011, la Junta Municipal informaba a los colegios públicos Francisco Fatuo, Blas de Otero, El Quijote y Juan Gris de que los alumnados procedentes de Cañada Real, de Las Barranquillas y de las Chabolas de Cristo se habían quedado sin ruta escolar para este curso. La supresión de las rutas, según denunció la Federación de Educación de Comisiones Obreras, fue justificada por la no renovación de los contratos vigentes con las empresas que facilitan los autocares.

Agustín, párroco de la Iglesia Santo Domingo de la Calzada, cuenta cómo a comienzos de curso decenas de madres acudieron a la parada del autobús y llegaron a impedir su paso si no se dejaba subir a sus hijos. En varias ocasiones ha asistido a situaciones de tensión, que llevan a la monitora de ruta a tomar una decisión. María, vecina de la Cañada, es quien desde hace varios años gestiona la ruta proporcionada por la Comunidad de Madrid y tiene claro su criterio de selección: «Los gitanos cogen la ruta sólo para hacer pellas y los marroquíes no se integran», explica por teléfono a este periódico. «Los gitanos no van al colegio, hay otros niños que tienen más derecho que ellos a ir», añade.

Una profesora de los centros educativos implicados, que prefiere mantenerse en el anonimato, comenta que son cada vez más los niños que han dejado de ir a sus clases en este primer tramo del año. «A los niños que no acuden a clase por diversas situaciones se les aplica un expediente de absentismo», explica. Con el concepto deloverbooking, añade esta profesora, «se utiliza un concepto empresarial y se habla de los chavales como de números». Además, detalla, «se facilita llevar a los chavales de Educación Primaria y Secundaria porque es obligatorio, pero no a los de Bachiller, que tienen las mismas dificultades de acceso a los medios de transporte públicos en la Cañada Real Galiana».

Las consecuencias de este «absentismo forzado» son inmediatas. «Los niños que no van son tachados de absentistas, y como tales quedan excluidos de la lista, no tienen derecho a transporte escolar», explica Candela, trabajadora social de la Cañada. «Si los niños no van a la escuela por falta de transporte, además de para la educación del niño, las consecuencias son para las familias, quequedan en riesgo de perder las prestaciones económicas de apoyo escolar de las obras sociales, como la de La Caixa, y la Renta Mínima de Inserción (RMI)«, detalla Candela.

Si se estuviera hablando de una zona cualquiera, el transporte público sería la alternativa para quienes se quedan sin ruta. «Si después de caminar entre tres y cinco kilómetros para llegar a la parada de las rutas –que en los días de lluvia significa cruzar el barrizal en el que se convierte la Cañada– no les dejan subir, seguro que no irán al Instituto», explica el párroco de Santo Domingo.

Y es que la Cañada no está en el medio del campo, sino en una zona sándwich, entre los Planes de Actuación Urbanística de Vallecas y los complejos de viviendas de Rivas Vaciamadrid. En este sándwich los transportes públicos no paran. Sus rutas fueron trazadas alrededor de la Cañada por los planes de Urbanismo de la Comunidad de Madrid y los ayuntamientos de Madrid, Rivas Vaciamadrid, Vicálvaro, junto con la Comunidad, se culpan de este vacío. Hasta el punto que desde el Área de Gobierno de Urbanismo e Infraestructura del Ayuntamiento de la capital, la misma que ordena los frecuentes derribos de viviendas en la Cañada, aseguran a este periódico que«no es asunto de competencia municipal» el desarrollo de esa zona.

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Cañada Real / Foto: Olmo Calvo.

Cuestión de competencias

Las numerosas ONG, fundaciones y colectivos de intervención social que trabajan a lo largo de los 16 kilómetros que forman la Cañada Real acceden con coches particulares o a través de la financiación de unidades móviles de las obras sociales. Sin embargo, entrevistados sobre el asunto, desde la obra social de Bankia –que mantiene un proyecto con la Fundación Secretariado Gitano– no contemplan la posibilidad de colaborar en poner autocares para las rutas escolares en Valdemingómez. Aseguran que es una competencia de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid o de las Juntas Municipales de Villa de Vallecas y Vicálvaro.

Ante la falta de servicios y el recorte de las rutas, los alumnos de la Cañada no tienen alternativas para alcanzar los centros escolares.«Es la vuelta a un modelo segregacionista que se estaba intentando erradicar», comenta a DIAGONAL Pedro Martínez, profesor de matemáticas en el IES de Santa Eugenia. «En la Comunidad de Madrid la crisis no es el problema de la escuela pública, sino lo que se hace en nombre de ella». Los estudiantes que tienen más dificultades, quedan recluidos: «En las clases compensatorias llego a tener hasta 40 alumnos, cuando el máximo es de 25». Mirando con «los ojos del mercado» a la educación «fomentaremos aún más las desigualdades y eliminaremos su carácter integrador e inclusivo», argumenta Martínez. «¿Será por eso que un lema tan inocente como ’Escuela pública de tod@s y para tod@s’ está siendo tan perseguido?», se pregunta este profesor de secundaria.

- La ley educativa establece que los menores tienen derecho al bus. Según la Comunidad de Madrid, «el transporte escolar es un servicio complementario de la enseñanza de carácter excepcional, destinado a hacer posible la escolarización de los alumnos que, cursando estudios del nivel obligatorio en centros públicos, residen en localidades que carecen de puestos escolares adecuados y, por tanto, han de trasladarse a las más próximas para su correcta escolarización».

- ¿Qué es la Cañada Real?. De los 93 kilómetros que forman la Cañada Real Galiana, 16 atraviesan la Comunidad de Madrid, en los municipios de Coslada, Rivas-Vaciamadrid, Madrid (distritos de Vicálvaro y Villa de Vallecas) y Getafe. Es la zona de asentamientos irregulares más grande de la región: hay viviendas, naves industriales, almacenes de chatarra y huertos. Las ONG y los colectivos que trabajan en la zona destacan la complejidad sociocultural y socioeconómica que la caracteriza, así como la diversidad de problemáticas que la atraviesan.

- Las problemáticas sociales y materiales de la Cañada Real. Un informe sobre la Cañada Real Galiana elaborado por ACCEM y la Fundación Secretariado Gitano habla de «espacio urbano de grandes contrastes». Entre las principales problemáticas destacan los graves problemas de vivienda, la precariedad en servicios básicos (agua, electricidad, basura y transporte), la deficiente o nula existencia de infraestructuras, los problemas derivados del tráfico de drogas y la insalubridad.

- Un megaproyecto amenaza este asentamiento de la zona este de Madrid. La supresión de la Cañada Real y de «otros asentamientos ilegales» ha sido una de las peticiones del magnate estadounidense Sheldon Adelson para construir en Madrid su Euro Vegas. La capital es donde las negociaciones para la construcción de un parque temático del juego están más avanzadas. Esperanza Aguirre y su mano derecha, Ignacio González, han asegurado estar dispuestos a cumplir modificaciones legislativas para hacer hueco al proyecto.

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