Los que no se fueron

 

Flora García Ivars ha escrito un interesantísimo estudio sobre la Inquisición en Granada, que deja ver una realidad indiscutible. Aquí la expulsión de los moriscos se hizo al terminar la Guerra de las Alpujarra, en 1581, y se remató aparentemente veinte años después, en 1610, con la expulsión general. En la segunda mitad del siglo XVI, la Inquisición armó 1168 causas contra moriscos y, en teoría, todo debió de terminar entonces. Pero a lo largo de todo el siglo XVII, hubo 260 causas contra moriscos. ¿No se habían ido? Y en el XVIII, 274. ¿Dos o tres por año? Pues en 1728 y 1729, hubo 226. ¿Cuántos no fueron encausados?

 

Otra pregunta: algunos eran esclavos berberiscos; ¿lo eran todos, o la mayoría? Caro Baroja da los apellidos de los cuarenta y seis moriscos acusados de islamizar, en el auto de fe del 9 de mayo de 1728: Díaz, Guevara, Enríquez, Lara, Mendoza, Esteban, Chaves, Marchina, Gómez del Castillo, Ximénez, De la Puerta, Bohórquez, Cuevas, Sierra, Álvarez, Fernández…Sus oficios, tintoreros, escribanos, un pasante de la facultad de Derecho, unas boticarias, un platero que era también imaginero, unos merceros, unas costureras, una especiera, unas sederas…

 

Las penas no fueron de muerte para la gran mayoría, por lo que hay que pensar que, pasado el clímax del horror, ellos y sus familias seguirían en Granada, donde a pesar de todo estaban instalados. Luego se mezclarían una y otra vez con cristianos viejos, según se iba olvidando todo en el siglo XIX y en el XX, por lo que tener uno de esos apellidos denota sólo que la línea de varón puede ser morisca, y no es seguro, mientras que muchas más personas podemos tenerlos por alguna de las líneas maternas. Pero en todo caso, miles de granadinos de hoy podemos tener algún morisco o morisca entre nuestros antepasados de hace seis o siete generaciones. Olvidados, pero moriscos.

 

Como cantaba Nicolás Guillén, refiriéndose al son del bongó, en Cuba:

 

Aquí, el que más fino sea,

responde si llamo yo”.

 

Según Bernard Vincent, también la Inquisición encontró a otras doscientas veinticuatro personas, de Granada, Beas, Gabia la Chica y Pulianas, de las que la más representativa era el caballero veinticuatro, es decir, alto dignatario del Ayuntamiento, Don Gabriel de Figueroa, que quizás fuera pariente mío: ahí cayeron escribanos, procuradores, mercaderes, un cura…Los expulsaron de Granada a casi todos y los Figueroas, que tendrían medios suficientes, y estarían hartos, se fueron a Estambul (aunque quedan diez familias de primer apellido Figueroa en 1997 en Granada, además de las que no los tenemos en primer lugar, que somos muchísimas más, no sé, cientos de familias y no exagero; lo puedo comentar con quien quiera hablar de esto)

 

Estos fueron a los que encontraron. ¿A cuántos no encontraron? ¡Granada, Granada, la de Bibarrambla y la Pescadería, la de la Chancillería y el Sagrario, recelosa y rancia, suspicaz, de larga memoria, amargando el sentimiento de la belleza del aire y el suelo!

 

Si esto ocurría en las poco numerosas clases medias y altas, siempre observadas, envidiadas, insolidarias, si podían encontrarse literalmente cientos de moriscos en la ciudad ¿qué ocurriría en los campos de toda España, en las cortijadas aisladas y secretas, bajo el favor y el amparo de los señores? ¿Y en los caminos, en las fondas, en los mercados y las ferias; cuántos buñoleros y otros feriantes, quincalleros más majos que la madre que los parió, serían moriscos de sangre, sobre todo arrieros, ya que el oficio de arriero, con su montón de voces arábigas, era acaso la profesión más propia de los antiguos moriscos desmoriscados? ¿Y el hampa, en la inmensa heredad de Rinconete y Cortadillo, cuando los testigos de la época decían que los pobres eran la mitad del año jornaleros y la otra mitad mendigos, o sea que iban de los portales de las iglesias a las plazas de los pueblos, siempre en movimiento y descontrolados?

 

¿No habían las leyes desenraizado a los moriscos? ¡Pues habrían aprendido a vivir desenraizados, con el estilo y los valores de los futuros ácratas de Andalucía; ni Dios (¿qué Dios?), ni rey (¿qué rey?), ni amo (¡sin amos!); la otra alma de España, la de los pobres y los andarríos, tan orgullosos!

 

De acuerdo con el criterio que voy siguiendo, tanto son de origen andalusí los judíos sefardíes como los moriscos. Como se sabe, fueron decenas de miles y quizá dos centenares de miles los que se quedaron como conversos después de la gran expulsión, que para ellos ocurrió en 1492, y éstos ya no fueron expulsados, aunque sí continuamente hostigados por la Inquisición.

 

Algunos hechos trágico de los estudiados por Flora García Ivars en Granada permiten comprender el ambiente espiritual que vivieron aquellos conversos que hoy son sangre de nuestra sangre, que sería en todo similar al que conocieron los moriscos:

 

A fines del siglo XVI, la anciana Inés Núñes de Nájera, tullida y en cama, fue “como la levadura de toda esta masa” de judíos clandestinos, a los que animó a perseverar en su fe, porque iban a visitarla para recibir ánimos. Procesada, murió de muerte natural al concluir su proceso.

 

Su hija Marina de Mercado, recibió tormento para que declarase los nombres de otros compañeros y lo aguantó sin declarar.

 

Otra anciana, Beatriz Hernández, también propagaba su fe, hasta que fue condenada a muerte. Su hija Constanza, procesada en un embarazo, “malparió y murió”.

 

También Mercado es un apellido que, por línea de varón, sigue presente en Granada.

 

De haber sido cristianas estas heroicas mujeres, llevarían el título de Santas.

 

http://www.ribatal-andalus.org/index.php/al-andalus/mitos/1003-los-que-no-se-fueron.html

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