Los que hacen patria

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&nbsp Pero un pozo negro para quie­nes no lo somos. Y en el de­porte -como en el ladrillo- es donde más se esponja. Y se esponja tanto para quienes practi­can el deporte “profesional” como para los in­fi­nitos chupones que viven a su alrededor.

&nbsp Por cierto ¿van a repartir estos chicos los millones que han ga­nado en el Mundial, con los de las camisetas, los de las banderas y los de los piti­dos? Porque con nosotros no. ¿No véis que por eso y por otras co­sas aborrecemos el éxito de las “armadas” españolas? No nos dan un euro de sus ganancias y en­cima sus fans nos ponen la ca­beza como un bombo. Y los me­dios, con su embaru­llada alegría pre­ñada de contabilidad, se hacen más insoporta­bles de lo que ya son.

&nbsp A este país no se le puede dejar a su “caer”. Pues su “caer” es el es­tré­pito, la zafiedad, la bravuconería, la baladronada, la chulería y el avasallamiento de unos sobre otros que se callan por no hablar y porque sólo aspiran a que les dejen vivir tranquilos. Y ese “caer” no sólo se nota en la calle y en los bares y en el vecindario. Donde más apabulla es en la prensa y en la televisión. Si cualquier nimiedad los medios (y principalmente las televisiones priva­das) y la prensa ofi­cialista en general la convierten en acontecimiento, y comprimen como una ca­beza de jíbaro los acon­tecimientos (como es la mani­festación por Cata­lunya del sábado, por ejemplo), ¿qué va a ser de este éxito en Sudáfrica convertido en Saturnales?

&nbsp Porque éste conlleva muchas consecuencias. Una, que no poda­mos encender el televisor, salvo La 2. Otra, que cada vez que ve­mos una escena futbolera nos recuerdan que de ese equipo que ha ganado, siete son jugadores catalanes. ¡Manda huevos!.. Y otra, que resulta repugnante tanta desmesura en un hecho cuyos princi­pales flecos están ligados a la publicidad comercial, que es la que go­bierna verdaderamente gran parte de la política y toda la psicolo­gía nacional. Ella, la publicidad y la propaganda lo justifican todo, y cualquier demasía es expli­cada a tra­vés de ellas y por su impe­rio. “Perdone que le corte su dis­curso cada vez que abre usted la boca, pero es que vamos a publici­dad…”. Esta es una de las mundial­mente famosas monsergas televisi­vas naciona­les en este país ca­pitalista campeón del capitalismo…

&nbsp ¿Habrá en la historia de los pueblos del mundo otro más maja­dero que éste donde los del dinero mientras quieren hacer patria a cuenta del deporte desmantelan todo conato de federalismo en cuanto tie­nen ocasión, como ha ocurrido con Catalunya y su Estatut?

&nbsp Estos españoles, los de siempre, son campeones en todo. En todo menos en prudencia, en delica­deza y en el respeto a los de­más. No se respetan entre sí y ni siquiera respetan a muchos de los suyos. Y si no res­petan ni a los suyos, ¿cómo creemos que respetarán a los sobera­nistas catalanes o a los vascos, por ejemplo? Por todo ello abominamos La Roja, la bandera rojigualda alrede­dor de la que se apiña sólo el dinero y tantas cosas relaciona­das con el dinero, con el fútbol y con el deporte profesional en general.

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