Los periodistas y la tríada de la imbecilidad

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Una de las cosas que considero más molesta y además bastante inútil para las personas pensantes, son las personas que se creen que son relativamente más importantes que el resto de la sociedad, en este caso me referiré directamente al periodista.

El periodista pregona para sí, la objetividad, la imparcialidad y la independencia, es casi como su tríada ética… actualmente algunos de ellos aceptan dejar de lado las dos primeras (objetividad e imparcialidad) y ofuscar el panorama bajo un mantel de “pluralidad de fuentes”, es decir, que pretenden alejarse de la vieja escuela anglosajona de la comunicación de la imparcialidad y transfigurar su realidad hacia la diversidad de fuentes.

Me explico, esta tríada expone la posibilidad de emitir un hecho noticioso desde la trinchera platónica del objetivo, del imparcial y del independiente, es decir, del sujeto que simplemente sirve de correa de transmisión de la información y que trata de emitirla de la manera más sustanciosa posible sin la pesada contaminación de la política y del Estado. Es normal escuchar o leer periodistas que se creen su propio cuento, que se creen que están más allá del bien y del mal y que su información carece de valoraciones políticas o que está intacta ante la belicosa ira de la axiología.

Pero vamos con un ejemplo para entender esta tramoya de cosas que trato de decirles… un ejemplo extremo que podría formalmente rebatir cualquiera de mis argumentaciones: Un accidente en una carretera donde mueren 4 personas. El hecho noticioso sería: “Cuatro personas fallecen en la carretera”, un hecho innegable que podría caer fácilmente en la óptica de aquel que se expone como imparcial. El periodista que se rescata como imparcial y objetivo (o como actualmente se hacen llamar “manejo plural de las fuentes”) diría que ellos concluyeron su labor el momento de emitir tal mensaje al público, y que con ello habría realizado su apología ética al periodismo y a la información…

Viendo las cosas formalmente parecería que mi argumentación estaría rebatida, pero si profundizamos un poquito, solamente un poquito, en la epistemología y en los modelos de comunicación que se aprenden en los primeros años de las facultades de comunicación y periodismo, el panorama se aclarará un poco más. Todo modelo de comunicación, absolutamente todos, desde el más crítico (Dialéctica crítica) hasta el más conservador y funcionalista (Shannon y Weaver) tienen como sus elementos teóricos la existencia del emisor y del perceptor (algunos lo llaman receptor), y que éstos van unidos totalmente, es decir, que no es posible la comunicación ni la emisión de cualquier tipo de información sin estos dos eslabones de la cadena, no es posible disociarlos, caso contrario caeríamos en la imposibilidad de la comunicación.

Este periodismo que se promueve imparcial y objetivo, además de independiente (¿Independiente de qué? ¿De la política? ¿De la economía? ¿De la historia?) Rompe esta cadena arbitrariamente, concibe al periodista como simple emisor de mensajes sin pensar en las respuestas del perceptor, es decir, disocia un axioma dentro de las teorías de la comunicación con el cual no puede existir la comunicación. En el ejemplo, supuestamente objetivo, visto más arriba donde se habla de: “cuatro personas fallecen en la carretera” el periodista (el emisor) no piensa en los efectos que esa información podría causar en el perceptor, emite un mensaje sin perceptor (por lo menos teóricamente), sin embargo, el perceptor recibe la noticia y la percibe como fatal o como algo fortuito o como algo disciplinador; el perceptor podría pensar al recibir esta noticia: “eso les pasa por acelerar mucho” o “eso ocurrió porque el gobierno no mantiene en buen estado las carreteras” o en su defecto, “eso les pasa no obedecer las reglas de tránsito”, etc., estos efectos –sean cuales sean- son también parte del periodismo, son también responsabilidad del periodista controlarlos o exacerbarlos, es parte de su labor ética el controlar el tipo de información que está emitiendo y a quién lo está dirigiendo. El periodista tiene que, inevitablemente, conversar con el perceptor del mensaje (aunque no lo haga físicamente); esto lo obliga a controlar el tipo de información que emita, lo que quiere decir que de alguna manera, al controlar la información que está emitiendo la está manipulando, aunque esto ocurra pre-reflexivamente.

En este ejemplo extremo es posible que la mayoría de los perceptores se sientan acongojados con la noticia y que se solidaricen con las víctimas, pero también existe la posibilidad de que otras personas no lo hagan y piensen que ese hecho lamentable es responsabilidad de las personas que viajaban en el vehículo, entonces está en las manos de los periodistas el convertir ese hecho noticioso en una pugna ética por la reducción de velocidad en las carreteras o en la reparación y mantenimiento de las mismas para que ese tipo de hechos no vuelvan a ocurrir, caso contrario, evitando emitir juicios de valor (disociando el emisor del perceptor), se convertirían en cómplices de que hechos similares acaecieran en el futuro.

La creencia en la objetividad e imparcialidad o de la independencia, crea en el periodista un sujeto anónimo para la sociedad, por consecuencia, un apologeta de cualquier desgracia o de cualquier injusticia que se suscite en la misma.

Si llevamos este debate teórico a temas muchísimo más polémicos como que en ese vehículo viajaban 4 millonarios republicanos defensores de la invasión a Irán, entonces, el periodista, se ve en la necesidad (muchísimo más apremiante) de controlar los efectos en sus perceptores, porque aquí se dividen las aguas entre quienes explícitamente manifestarían su alegría y quienes creerían que eso podría haber sido un atentando (aunque el periodista no lo dijera de esa manera), ahí el rol del periodista es inevitable, tomar partida y por consecuencia lógica hacer política.

Hasta aquí traté de demostrar la inexistencia de esas dos palabras amenas al periodismo anglosajón y conservador: la imparcialidad y la objetividad, pero ¿y qué con la tercera, la independencia? Escuche alguna vez a periodistas de varios medios decir que ellos no son imparciales, que son parcializados, pero que son independientes porque el medio no les censuraba nada ni tampoco el gobierno… ¿Hasta qué punto puedes ser independiente en un mundo dividido entre clases sociales y entre castas sociales?

La independencia del ser humano, parte de la metafísica de creer que un sujeto es individuo pensante racional y lógico sin influencias externas o de la masa, o si existen éstas, no le afectan en demasía porque tiene la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo, o lo que le conviene y lo que no le conviene, pero, ¿Acaso los sujetos no tenemos traumas, memorias, intereses de clase, intereses de casta o intereses sociales de cualquier naturaleza? ¿Acaso los individuos no tenemos un pasado constituyente, tanto individual (digamos familiar) como social (digamos nacional)? ¿Acaso los individuos no somos atravesados por el lenguaje e interpretados por él y por todas sus deficiencias y aciertos? Ni siquiera el lenguaje que usamos es nuestro, fue impuesto… ¿Cómo creernos independientes de ello?

En fin, esta tríada ha causado mucho daño al periodismo y al periodista como lo conocemos actualmente, supongo que va mucho con la fetichización de la realidad mercantil y la traspolación del sujeto por el objeto y viceversa que decía Marx, pero no se puede convencer de ello a aquellos que se disfrazan de periodistas para hacer valer su palabra y mientras tanto defienden las grandes injusticias sociales y económicas que se realizan en todo el mundo.

Creo que será para otro artículo la hermenéutica del trabajo en los medios donde las relaciones de poder, la línea editorial, el orden de las publicaciones y la importancia de las mismas ejercen sobre el mismo periodista que se cree informante platónico exento de vicios.

Post Scriptum: debo descartar de esta tríada y de sus posibles consecuencias a aquel periodismo militante y comprometido con las luchas sociales que no sólo niegan la posibilidad de la objetividad, la imparcialidad y la independencia sino que la combaten desde la trinchera donde se encuentren.

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