Los particulares compartidos

Compartimos el odio, el coche, compartimos el sofá, compartimos los riesgos… el camino para compartir el trabajo está trazado. Nos dicen los que mandan que a ver si hacemos algo de verdad para que no haya tantos parados en nuestro país; bueno, trabajar menos para trabajar todos, ¿no? Porque la alternativa de someternos a terapia laboral no va con el capitalismo castizo por el que somos conocidos en el mundo entero. Decían los existencialistas que no había cielo ni infierno, sino trabajo a hacer. Y el autor del Eclesiastés que lo mejor del hombre sobre la tierra son sus días de trabajo bajo el solo. Que encima te pagaran sería la leche, claro. A Qohelet eso no le preocupaba.

    No te jubiles, no te retires, hombre, mejor no lo hacerlo, de la alegría de echar una mano no hay que desertar nunca, abandonar el juego es un deshonor, es mejor morirse al pie del cañón que hacer la pena fatigando caminos y pasmando pantallas, esperando el momento en el que esos desconocidos con los que vives tengan que llamar a los paliativistas. 

   No podemos extirpar de nuestro afán la indeleble aspiración a compartir nuestras propias evidencias. Nos cuesta un esfuerzo ímprobo no decir “es hermoso” cuando queremos decir “me gusta”. Hay que dejar de compartir evidencias desde el momento en que empezamos a sospechar que el sentido común nos la está jugando, hay que abandonar la costa de los paradigmas compartidos por todos para hacerse a alta mar revolucionaria si se pretende sobrevivir a la percepción falsa de la realidad basada en el sentido común. Antes de que la gran ola del poco tiempo para hacer y pocas luces para comprender nos alcance cerca de la costa, que es cuando más daño hace.

  Si la idea de Globalización sustituye a la idea de Comunismo, como proyecto de sociedad global universal es porque puede sustituirla, es decir porque comparte elementos comunes decisivos. En consecuencia, tanto la ideología de la Globalización, como la ideología del Comunismo, sin perjuicio de su oposición profunda comparten una actitud común frente al mismo enemigo: Contraria sunt circa eadem los contrarios se acercan al mismo sitio.

  Compartir el pasado común se hace cada vez más incómodo a medida que aumentan las diferencias. Lo común, que tiene que vertebrar la sociedad, ¿son los universales o los particulares compartidos? Los blancos varones con valores eurocéntricos apuestan por los primeros, creen en los cortes para marcar las distancias y en las fronteras que dejen claras las diferencias. Los particulares compartidos están defendidos por las mujeres y los negros, con valores africanos, primitivos, creen más en las puertas que en las brechas y entienden las fronteras como un asunto de delimitación de gradientes y direcciones de aproximación.

  Co-munidad significa compartir el munus (carga o débito que debe intercambiarse entre individuos) haciéndolo circular. Lo opuesto a la comunidad es la inmunidad, atributo de alguien que se sustrae a la la comunidad, interrumpe la donación recíproca y es, en consecuencia, “ingrato”. ¿Is the universe a friendly place? Esta pregunta era clave para Einstein. Si no lo fuera tendríamos que hacer por defendernos de él y nuestros valores girarían en torno al control, la seguridad y la lucha por el poder. Pero si lo fuera podríamos dedicarnos tranquilamente a compartir, conocer y disfrutar.

     En 1951 Arrow soltó lo del Teorema de la Imposibilidad. Empezó preguntándose: ¿Existe una regla tal que permita construir con un conjunto dado de voluntades particulares una voluntad general respetando un número finito de condiciones que sean tan evidentes a la razón como para que todos puedan compartirlas? Entre la humanidad, la frecuencia de virtudes idénticas en todos es tan maravillosa como la multiplicidad de defectos particulares a cada uno. Seguramente por ello no hay manera de suscribir un contrato social sobre la universalidad de la lógica. Si existiera una regla como la mencionada, toda totalidad social podría aparecer como un sujeto colectivo dotado de voluntad. Algo así como el Poble Català. Y eso es imposible.

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