Los Pactos del Coronavirus

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Ya no serán los del Gobierno del PSUP los únicos en defender tal opción. Que ya se escuchan las voces de intelectuales progres o se leen de sus plumas opiniones a favor. Y ya verás y oirás en los medios de costumbre la urgencia con la cual se declararán en pro.

Ante todo, advierto que vengo del anterior. Y, ahora mismo, se trata de prestar continuidad al diálogo allí iniciado y mantenido entre Enrique y Javier, pero en formato teatral,  bajo el pretexto, para ambos, de combatir de algún modo el “de estado de confinamiento”, en estos tiempos difíciles de coronavirus. Si lo recuerdas, lector, tocaba hablar a Javier, si no, puedes comprobarlo en el enlace: https://kaosenlared.net/sobre-lo-que-puede-dar-de-si-el-estado-de-confinamiento/.

Y bien, fuese comprobado o no, prosiga, pues, la función:

JAVIER: (Cambiando de tema al punto, como si la inspiración le llegase, para éste, de otra parte.) Los del PSUP (aparte: Partido Socialista + Unidas Podemos), así como los espacios políticos homologables en las diferentes Comunidades Autónomas tienen difícil aspirar a ser ciudadanía; tienen mucha mochila a cuestas. Así como una cultura política de confrontación en el ámbito de las formas (aparte: pues en la esencia son idénticos a sus adversarios políticos) que también los lastra.

ERIQUE: Vale, Javier, de ayer a hoy, compruebo que has progresado. Porque veo que, en verdad, ya no te vale Podemos –tu valoración de IU, sigue siendo la que ya conocía de antes; del PSOÉ qué decir…– Pero tú ya confluyes a los tres en tu potaje de siglas: PSUP. ¡Pues no está mal! Si, acaso, la idea es tuya, resérvate la patente.

JAVIER: (Reiterativo) Es que, además, tienen idealizado al Estado, en vez de creer en los espacios cooperativos; no solo en lo social, sino también  en el empresarial por el que no apuestan ni confían. Cómo únicamente se empoderará la gente es tomando en sus manos el aparato productivo y las decisiones relativas al mismo. Pero no se puede hacer a golpe de decreto y generando más confrontación. Ahora, en este siglo XXI en el que vivimos, se pueden apoyar iniciativas, desde diferentes ámbitos, para que ese tejido productivo cooperativo sea posible (Vísteme despacio que tengo prisa o vamos despacio porque vamos lejos).

ENRIQUE: Pero, vamos a ver, Javier… Cierto que los del PSUP idealizan al Estado y que el aparato productivo está en manos de quienes lo poseen. Sin embargo, no me entremezcles, aquí y ahora, las churras con las merinas. Mejor será que te me aclares un poco más.

JAVIER: (Complaciente) Mientas que las relaciones de producción no sean horizontales seguiremos alienados. Si la democracia sigue quedando en las puertas de las empresas nada habrá avanzado ni cambiado. Y para avanzar se necesita un ejemplo potente y ese podría ser un movimiento cultural/empresarial cooperativo que fuera horizontal, que tirara decisivamente de la economía y que sirviera de ejemplo, al tiempo, al sector empresarial privado como al público.

Ejemplo este que indico, obviamente, de otro modelo de relaciones de producción en el seno de las empresas y en la vida misma. Mientras lo piramidal y vertical siga siendo lo hegemónico, mal vamos. La superestructura, fundamentalmente la ideológica, es lo que ahora señala y apunta; esto es, que todo es piramidal y vertical, en especial los sistemas organizativos de aquellos que dicen desde los partidos e instituciones que van a hacer algo por los de abajo. Con sus formas y sistemas de organizarse, los del PSUP y otros equiparables espacios políticos a este, lo único que hacen por los de abajo es echarles tierra encima.

ENRIQUE: (Como un tanto contrariado, pero paciente) Pues no me vales, Javier, aunque, en principio, pueda aceptar la flojedad formal de tus dos primeras premisas, es decir, lo de la horizontalidad y lo de la “democracia a la puerta de las empresas.”

En lo que sigue, no es que te hayas pasado, sino que ni has llegado, todavía, porque:

1º. Bajo el Estado capitalista, sobre todo en estos nuestros, lo público y lo privado nunca serán compatibles, porque son esencialmente contradictorios, en cuanto a los intereses opuestos que ambas opciones están forzadas a defender, por naturaleza económica, propiamente.

2º. En cuanto a las relaciones de producción podemos considerar dos tipos: 1. Las que se dan entre el productor (individual o colectivo) y su función específica en el trabajo, de carácter profesional y 2. Las de producción entre empresario y asalariado, que son relaciones de explotación entre el mismísimo empleador y el empleado (explotador y explotado), según se han venido consolidando en el tiempo, por naturaleza socio-histórica. Estas últimas nos han conducido siempre y nos conducen, directa e inevitablemente, al enfrentamiento de clases.

3º. Es la base de estos dos condicionantes anteriores del sistema productivo, lo que objetivamente hace posible que  realmente se sostenga en pie todo “lo piramidal y vertical”, que tú mismo aludes –y no sólo la parte ideológica de la superestructura sino toda ella, entera–. Pues bien, Javier, cualquier aprendiz de constructor del tres al cuarto lo sabe: Nada nuevo es posible construir, de un edificio en ruinas, aprovechando enteramente lo viejo, y, si pudiera  aprovecharse algo, lo fundamental de la base, que sirva de sostén a la nueva estructura a construir, debe mantenerse  en pie. ¿No lo ves así, Javier?

JAVIER: (Un tanto sorprendido) ¿No querrás decir con eso que el edificio que nos alberga ya no nos vale? No creo que los del PSUP, ni por asomo, acepten esa propuesta.

ENRIQUE: En efecto, a nosotros no nos vale. Pero los gobernantes actuantes del “estado de confinamiento” no la aceptan, ni la aceptarán, Javier. Sus líderes necesitan, en primer lugar, todo el tiempo de sus vidas para ellos. Pedro Sánchez para colmar su ambición de seguir gobernando España; a Pablo Iglesias aún le queda la hipoteca del “casoplón” por pagar, además de la crianza de sus niños, e, Izquierda Unida ya hace mucho, (desde los tiempos de Anguita, quizá antes) que ha perdido los papeles y ya no puede ni sabe cómo orientarse, ni tampoco la reconocen ni la madre que le parió.

En segundo lugar, lo suyo, lo que han propuesto ya, en boca del presidente Sánchez en la TVE, y a pesar de decirse progresistas, es volver atrás, a los tiempos de los Pactos de la Moncloa, con la escusa de que, por efecto de la acción nefasta del “coronavirus” sobre la economía española, y el pretexto de mantener la unidad política para lo mismo, con el fin de remontar las consecuencias económicas del desastre con la profundización inexorable de la nueva crisis económica, de la que apenas se habla, pero que ya está vigente plenamente, se requerirá en continuidad la colaboración de todos españoles y sus partidos, como ha dicho el presidente; que así lo reclaman ya el sentido común y la paciente situación cívico-social que padecemos. Y ya no serán los del Gobierno del PSUP los únicos en defender tal opción. Que ya se escuchan las voces de intelectuales progres o se leen de sus plumas opiniones a favor. Y ya verás y oirás en los medios la urgencia con la cual se declararán en pro los artistas y cantantes. A favor también se han declarado los líderes del PP y Ciudadanos. Y ya ves, Javier. ¿O, acaso, también te mostrarás partidario de un gobierno de concentración, como lo eres –según acabas de decir– de otro modelo “de relaciones de producción en el seno de las empresas y en la vida misma.”?

JAVIER: (Nuevamente sorprendido) ¿Unos nuevos Pactos de la Moncloa, dices…?

ENRIQUE: (Categórico) Sí, pero que ni son nuevos ni serán los mismos. La rueda de la Historia gira, pero no se detiene. Y, aunque se busque repetirlos por la función económica y social que hubiesen tenido aquellos, no lo serán  por el tiempo, ni la ocasión circunstancial, ni por los personajes actuantes que los pactaron, ni, y mucho menos, sin eludir la cantidad y calidad de la correlación de fuerzas, entonces existente junto a sus naturalezas, por la finalidad política, que realmente buscaban, por necesidad. Aquel acuerdo de partidos, en 1977, convino como objetivo “procurar la estabilización del proceso de transición al sistema democrático, así como adoptar una política económica que contuviera la gran inflación que alcanzaba el 26,39 %”.​ Sin excusar la dimensión económica de aquella crisis, como tampoco a la de hoy, aquel pacto pretendió ser serio. Otro cuento, sin embargo, serían las consecuencias que hubiese acarreado para algunos de los partidos participantes así como también para la historia subsiguiente de todo el pueblo español, incluyendo, claro está, a Cataluña, en tanto que, ahora mismo, apenas si se habla nada del lío independentista en que se hubo metido recientemente. Cosas del coronavirus, que, para Pedro Sánchez y su Gobierno, les es igualmente útil para un roto que para un descosido; a Pedro todo le vale, con tal de seguir al mando. Ya lo hemos dicho, mas, si quieres seguir, seguimos. Pero mañana, porque ahora ya voy cansado. ¿No te parece, Javier?

Y se precipita el telón sobre frente del escenario.

TELÓN.

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