Los neonazis españoles y el ideólogo de Putin

 

Todo ello, en unos momentos en que el Kremlin esgrime el concepto geoestratégico de “euroasia”, elaborado por Duguin, para justificar la anexión violenta de Crimea a la Federación Rusa. Una ocupación militar que repite lo ocurrido hace poco en Osetia del Sur y Abjacia, dos regiones rusoparlantes tomadas por la fuerza de las armas, en lo que representa la versión putiniana de la doctrina de las cañoneras con que el imperialismo yanqui perpetraba las intervenciones en “su patio trasero”.

La guerra de propaganda desatada por las autoridades de Moscú en el conflicto ucraniano ha resultado de una eficacia escalofriante, digna de un Goebels redivivo. Con la excusa de la innegable presencia de grupos de iconografía neonazi entre los miles de activistas de la revuelta del Maidán, los mentideros del Krenlim lograron predisponer a buena parte de la opinión pública internacional contra una insurrección de inspiración netamente popular. De esta forma, se consiguió criminalizar una protesta que iba dirigida contra la casta de oligarcas y políticos corruptos, aliados en que saquear el país, dándose el hecho insólito de catalogar como “golpe de Estado” la rebelión democrática de la ciudadanía contra los déspotas.

Logrado el primer asalto gracias a la campaña de desinformación hábilmente orquestada por los medios disciplinados a los intereses del Kremlin, y neutralizada la Unión Europea por su paralizante dependencia energética de Rusia, pudo Putin pasar a mayores ocupando Crimea e impulsando la desestabilización de las zonas ucranianas de su influencia. Sorprende la escrupulosidad de algunos informadores y analistas políticos a la hora de denunciar justamente la presencia de activistas de neofascistas en la revuelta de Kiev y, por el contrario, la absoluta comprensión con que esos mismos sectores acogieron la violación de Crimea por las maniobras del ejército ruso con el clásico argumento del más rancio totalitarismo de proteger a ciudadanos de su propia etnia.

La incursión de Putin en Ucrania, tras los casos ya citados de Osetia del Sur y Abjacia, sigue un patrón de corte neonazi, cuyo mentor intelectual es Alexander Duguin, el principal asesor del estadista ruso. Duguin es el promotor y el alma del Movimiento Eurasia, una filosofía política que pretende la reconstrucción imperialista de la “Rusia eterna” sobre las bases de su tradición cristiana y antiliberal. Para esa empresa, el autor de la Cuarta Teoría Política cuenta con el ayuda incondicional de la mayor parte de los partidos y formaciones neonazis y xenófobos del continente europeo, grupos que hicieron acto de presencia con observadores internacionales en Crimea con ocasión del forzado referéndum de anexión a la Rusa, entre otros el catalán Enric Ravelló, último responsable de relaciones exteriores de la formación racista Plataforma per Catalunya.

Y es que la influencia del mentor de la “escuela euroasiática”, lejos de limitarse a su país de origen, hace tiempo que ha echado raíces entre lo más granado de la ahora emergente extrema derecha europea institucional. Desde el partido griego Amanecer Dorado (AD) hasta el húngaro Jobbit, pasando por los neonazis españoles de última generación, el magma ultranacionalista continental rinde tributo como nuevo guía espiritual al consejero áulico de Vladimir Putin. El pensador que predicó la necesidad de un nuevo holocausto en la revista lituana Radikaliai al afirmar que “el Occidente actual debe ser aniquilado y la humanidad reconstruida en un terreno diferente”. El mismo Duguin que, según recogió el portal griego Defensenet, aprovechó la detención del secretario general del partido neonazi griego, Nikos Michaloliakos, por el asesinato de un rapero antifascista, para enviar una carta de apoyo “con la orientación geopolítica del movimiento nacionalista”.

Pero quizás ha sido en España donde Alexander Duguin ha tenido más éxito entre la plana mayor de la galaxia nazi-fascista. Aquí se han traducido y publicado sus libros, siempre en editoriales afines ideológicamente. Aquí ha dado conferencias públicas, como la celebrada el 13 de noviembre del pasado año, invitado por el Movimiento Social Republicano (MSR), para presentar La Cuarta teoría Política. Y en el temprano, 1992, al año de la desintegración de la Unión Soviética, en la Colección Paraísos Perdidos, de la editorial Grupo Libro 88, se editó “Rusia. El misterio de Eurasia”, obra que en clave esotérica avanza un programa de acción imperialista, cristiano, tradicionalista y étnico para la antigua URSS ahora volcada al capitalismo más voraz.

La versión española del libro “Rusia. El misterio de Eurasia” tuvo como patrocinador ideológico y literario a Isidro Juan-Palacios, antiguo dirigente de la organización neonazi CEDADE, profesor de retórica, ex redactor-jefe de la revista Más Allá de la Ciencia y director en 1994 de la Primera Universidad de Verano de estudios Místicos de Ávila. “Rusia. El misterio de Eurasia”, el libro con que los neonazis españoles dieron a conocer a Alexander Duguin y su cruzada nacional-bolchevique unificadora de todas las corrientes antiliberales de Europa, comienza con esta declaración de principios:<Siempre que un país se ve en la desembocadura de sus propia crisis, como en este caso lo está Rusia, no tiene otro dilema que seguir adelante y languidecer como un espectro, o bien renacer en sus orígenes, yendo al encuentro de sus raíces>. Le edición de “Rusia. El misterio de Eurasia” fue sufragada por Forum Filatélico, la empresa de estafa piramidal que expolió los ahorros de decenas de miles de inversores creyentes.

 

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